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El final feliz no siempre sube la montaña

La película se presentó la semana pasada en la Mostra de Venecia | Foto Cortesía

La película se presentó la semana pasada en la Mostra de Venecia | Foto Cortesía

El filme, dirigido por Baltasar Kormákur, se grabó en locaciones cercanas al campamento real en el que estuvieron los alpinistas de la tragedia de 1996

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El rodaje de Everest no fue fácil. El director lo reconoce. “Los hice sufrir, pero no resultaron heridos”, dijo durante la rueda de prensa del Festival Internacional de Cine de Venecia, donde se estrenó la semana pasada.

Pareciera regodearse en la exigencia al elenco y al equipo de producción de un largometraje inspirado en la tragedia ocurrida en 1996, cuando 15 personas fallecieron por una tormenta que los sorprendió cuando bajaban de la cima del Everest, una zona en la que la noticia trágica no es ajena a la constancia. A principios de este año varios alpinistas murieron en la misma montaña por una avalancha.

La película es dirigida por Baltasar Kormákur, de quien se pudo ver en la cartelera nacional hace dos años 2 Guns, con Denzel Washington y Mark Wahlberg.

Esta vez el cineasta islandés se vale de un hecho real que desarrollan los guionistas William Nicholson y Simon Beaufoy, este último ganador del Oscar al Mejor Guión Adaptado por Slumdog Millionaire y responsable además del texto de otro filme de supervivencia: 127 horas, por el que también optó a la estatuilla de la Academia.

No se escatimó tampoco en los nombres del elenco, integrado por Jake Gyllenhaal, Jason Clarke, Josh Brolin, John Hawkes, Vanessa Kirby, Sam Worthington y Robin Wright. Varios de ellos incluso tuvieron que viajar hasta Katmandú para grabar cerca del campamento base del Everest.

El comienzo destaca la expectativa y adrenalina antes de la aventura. Dos compañías que se encargan de hacer llegar a la cima a alpinistas amateurs se sienten seguras. Sin embargo, una tormenta los sorprende en el descenso. No todos están físicamente aptos para afrontar la hostilidad del duro frío.

Los líderes de ambas compañías son Rob Hall (Clarke) y Scott Fischer (Gyllenhaal), un personaje que desaprovecha la capacidad histriónica del protagonista de cintas como Nightcrawler y El secreto de la montaña.

El negocio es sencillo: cumplir el sueño, a cambio de una buena cantidad de miles de dólares, de llegar al punto más alto de la Tierra sin importar si los entusiastas tienen la condición óptima para lograrlo.

Si bien la primera mitad puede resultar reiterativa por los momentos de preparación del equipo de escaladores, la segunda –cuando emprenden el camino a la cima– se caracteriza por el suspenso, que se apoya en la fotografía de Salvatore Totino.

“Partes iguales de espectáculo y de cuento de supervivencia desgarradora. Everest también sirve como una especie de oferta para la supervivencia de la experiencia cinematográfica, en peligro cada vez más”, indicó Eric Kohn en Indiewire.

Durante su estreno en Venecia fueron pocos los que aplaudieron tras la proyección, reseñó la prensa. “Es una apropiada dramatización agotadora de la fallida expedición en la que murieron ocho escaladores. Sirve, además, para mostrar cómo la madre naturaleza hace alarde de su indiferencia ante la supervivencia humana”, escribió Justin Chang en Variety.

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