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La figura materna: piadosa y terrible

Autores como Brecht, Strindberg y García Lorca trabajaron pesonajes autoritarios

Autores como Brecht, Strindberg y García Lorca trabajaron pesonajes autoritarios

Desde los griegos hasta lo contemporáneo, la maternidad ha sido trabajada desde la tragedia y la crueldad. Autores como Brecht, Strindberg y García Lorca trabajaron discursos incisivos sobre el personaje femenino. Directores venezolanos opinan sobre las piezas

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La maternidad está signada por la dualidad. Está cargada de alegrías, de un amor que todo lo perdona; pero al mismo tiempo de dolor y oscuridades.

Desde los inicios la figura materna ha inspirado el arte. Y en el devenir del teatro muchas han sido las tragedias que la han acompañado.

“Son símbolos. Se juega con la relación de poder. Son madres, pero no son maternales; sino que son reinas, líderes de casa, son las que mandan”, afirma la directora Xiomara Moreno.

Hoy, Día de la Madre, se ofrece un repaso por el tratamiento que se le ha dado en la dramaturgia a este ser fundamental.

De origen trágico. Cuenta el director Costa Palamides sobre la génesis de las madres terribles en el teatro. Dice, medio en broma medio en serio, que la culpa es de los griegos: “Era un mundo extremo, de guerras y dioses, por lo tanto la maternidad no estaba vista como algo piadoso, sino como algo movilizado por otro tipo de pasiones”.

Dos grandes ejemplos son Medea y Clitemnestra. La primera, en la tragedia de Eurípides, asesina a sus hijos para vengarse de su marido. En el segundo caso, el personaje lucha para que su esposo, Agamenón, no sacrifique a su hija Ifigenia y como consecuencia protagoniza una venganza de 10 años que la hace capaz de desterrar a sus otros hijos.

Oswaldo Maccio completa: “En esa visión, el hombre era muy pequeño frente a los dioses y siempre su destino era algo que él debía abrazar para poder alcanzar algún tipo de sabiduría. Allí los padres pecan, alteran el orden. Y al hacer esto tienen que ser castigados para volver al equilibrio”.


Crueldades modernas. Las piezas que vinieron después mostraron a otras madres. A causa de las guerras cambiaron los conflictos sociales. Los nuevos autores quisieron retar a sus propias civilizaciones.

Una importante: Anna Fierling de Madre coraje, obra que Bertolt Brecht escribió en el exilio en los años treinta, con el ascenso del fascismo y el poderío nazi. Es una vendedora ambulante que para sobrevivir se aprovecha del dolor humano, situación que paga con la vida de sus hijos.

Antón Chéjov escribió sobre mujeres autoritarias, repletas de errores como Arkadina en La gaviota y Liuba en El jardín de los cerezos.

Federico García Lorca también dio múltiples rostros a la maternidad: el despotismo y la ruina en La casa de Bernarda Alba, el dolor en Bodas de sangre y la impotencia en Yerma.

“Es célebre la pugna de madres entre Henrik Ibsen y August Strindberg. El primero trata de mantenerlas en pie, con dignidad; mientras el otro las derrumba por un cruel despeñadero. El concepto de lo maternal los separa como un insondable precipicio”, señala Palamides. Basta con tan solo ver, agrega, la distancia que hay entre la Nora de Casa de muñecas y las madres hienas de El pelícano.

El teatro estadounidense tiene también sus críticas. Un ejemplo es El precio de Arthur Miller.

Otros dolores. La visión materna no solo es atroz. Existen otros tratamientos menos trágicos. Diana Volpe recuerdaBuenas noches, mamá, obra de Marsha Norman y ganadora de un Premio Pulitzer. “Esa mujer hace de todo para que la hija no se suicide, pero a la vez está preocupada por sí misma. Cree que es una madre abnegada, aunque nunca se preocupó por algo más allá de lo cotidiano”, dice. Y recuerda también El loco y la camisa del argentino Nelson Valente: “Es una madre sufrida, pero incapaz de liberar a sus hijos y a sí misma de la violencia del padre, de una vida sin futuro”.

Existen también los homenajes como es el caso de Una vez más, por favor, del canadiense Michel Tremblay. En ella el protagonista evoca a su madre en seis momentos decisivos para explicar cómo influyó en su vida, sus conocimientos y el amor.

Y en la dramaturgia venezolana el mural trágico vuelve, pero se orienta al sacrificio, al amor con heroicidad. Un representante es César Rengifo con obras como Lo que dejó la tempestad y Joaquina Sánchez.

En piezas más contemporáneas, el drama está asociado a la crisis social. Tal es el caso de Jazmines en el Lídice de Karin Valecillos, que cuenta el dolor de un grupo de madres que perdieron a sus hijos por culpa de la violencia. YCruz de Mayo de Lupe Gehrenbeck, que estrenará con la dirección Oswaldo Maccio y que trata sobre cómo la madre está presente en la vida de sus hijos.