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Una fiesta de trompetas amenizada por Gábor Tarkövi

Gábor Tarkövi comenzó su carrera en la Orquesta Filarmónica de Wurttemberg y la Sinfónica de Berlín | Crédito Gabriela García

Gábor Tarkövi comenzó su carrera en la Orquesta Filarmónica de Wurttemberg y la Sinfónica de Berlín | Crédito Gabriela García

El intérprete húngaro es el invitado especial de una semana dedicada a su instrumento

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La prensa intenta edulcorar la historia de Gábor Tarkövi, pero el trompetista húngaro vuelve a los hechos, con humor y gracia, para decir que él se topó con el instrumento por casualidad y que lo escogió a pesar de la negativa de su familia, que pretendía convertirlo en clarinetista para completar una banda con su padre, sus hermanos y sus tíos. No conforme con eso, el artista le agua la fiesta a los románticos y dice que jamás soñó con ser la primera trompeta de la Filarmónica de Berlín. Pero lo es, y por eso está de visita en el país.

Tarkövi, figura principal de una celebración a la que el Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela llamó la Semana de la Trompeta, recibió a reporteros de medios impresos en la sala de conferencias que está ubicada en el piso 5 del Centro de Acción Social por la Música.

El artista, que comenzó su carrera en la Orquesta Filarmónica de Wurttemberg y la Sinfónica de Berlín, es parte de una familia con más de 150 años de historia musical. Es nieto de un hombre que en la década de los cincuenta era maestro de solfeo y violín en un pueblo de 300 habitantes. “Él nació en 1912 y aprendió todo por sí mismo. Mi padre sí estudió trompeta. Quiso inscribirme en la escuela infantil y no tenían el instrumento, así que empecé a aprender piano, pero sólo con la mano derecha en un acordeón (risas). Oficialmente empecé con mi instrumento a los 10 años de edad”.

Tarkövi, quien sólo sabe del tachirense Francisco “Pacho” Flores porque se lo ha mencionado el contrabajista Edicson Ruiz –con quien le envió un ejemplar de su disco tradicional La trompeta venezolana–, dice que su vida cambió cuando, siendo quinceañero, vio un concierto de Zubin Mehta con la Filarmónica de Los Ángeles, que interpretó la 8° Sinfonía de Antonín Dvorak. “Cuando la toco todavía –confiesa– se me ponen los pelos de punta”.

En la sala están presentes Gaudy Sánchez y Andrés González, director y profesor de la Academia Latinoamericana de Trompeta –organizadora del ciclo de recitales y conferencias– e integrantes de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, con la que tocará el Concierto para Trompeta y Orquesta en La Bemol Mayor del compositor armenio Alexander Grigori Arutiunian, en el que llevará la batuta Diego Matheuz.   

“Estoy muy contento de que me hayan invitado a tocar este concierto. Estoy muy emocionado porque compartiré con la orquesta de Gustavo Dudamel. Ya los vi presentarse en Berlín. Esta obra de Arutiunian es trágica: él la escribió para alguien que murió en la Segunda Guerra Mundial. La primera vez que se tocó fue en 1950. Es un paso muy importante para todo trompetista y creo que es una de las piezas más bonitas que se han escrito para el instrumento”.

Tarkövi, quien considera que la institución creada por José Antonio Abreu hace 38 años es el “mejor sistema de enseñanza musical del mundo”, no sólo vino a tocar. También imparte clases magistrales a 100 jóvenes colegas: “Estoy tratando de mostrarles todas las cosas que me han llevado a donde estoy. Naturalmente, les doy una guía técnica de cómo trabajar, pero trato de que no sólo toquen las notas, sino que hagan música. No solamente la trompeta debe producir sonidos de metal. Debe ir más allá. Eso es lo más importante para mí”.


Gábor Tarkövi, Diego Matheuz y la Sinfónica Simón Bolívar

Sábado 11 de mayo

11:00 am

Sala Simón Bolívar, Centro de Acción Social por la Música, Quebrada Honda

Entrada libre