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La feria fue un éxito de público

Los pasillos del salón Naiguatá estuvieron llenos de amantes del arte | Foto Leonardo Guzmán

Los pasillos del salón Naiguatá estuvieron llenos de amantes del arte | Foto Leonardo Guzmán

La FIA movilizó a 13.500 personas durante 4 días, 35% más de lo que esperaban los organizadores. Las galerías aseguraron haber obtenido buenos resultados comerciales y esperan regresar el año que viene

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Hay tres variables para medir el éxito de una feria de arte: la cantidad de visitantes que reúne, el volumen de ventas y la valoración de la crítica. La vigésimo segunda edición de la FIA pasó la prueba en todas esas áreas, a pesar de que este año contó con un día menos de actividad expositiva y de que las galerías colombianas que participaron no recibieron sus obras a tiempo para la inauguración, a causa de un inconveniente con la empresa de transporte que contrataron.

El número de personas que visitó el recinto ferial del salón Naiguatá del hotel Tamanaco fue de 13.500, 35% más de lo que esperaban los promotores de la FIA. “El balance ha sido extraordinario. Esperábamos 10.000 visitantes, pero entraron más. Todas las galerías han vendido y hemos podido ver piezas importantes, como las del maestro Ángel Hurtado y las de Edgar Negret. El dibujo de Picasso de la española Imaginart es de cortarse las venas”, dice Zoraida Irazábal, integrante del comité organizador.

Magdalena Arria, miembro del comité organizador y propietaria de la galería Graphicarts, está satisfecha. “La feria fue un éxito de público. Esta edición le ha dado mucha fuerza a la FIA como la fiesta del arte”.

La crítico María Luz Cárdenas asegura que uno de los atractivos de este año fue la combinación de piezas históricas con obras de vanguardia en los diversos stands, como una fotografía de Henri Cartier-Bresson y la escultura de Anish Kapoor.

En ello coincide Adriana Meneses, de G Siete. “Todas las galerías hicieron un esfuerzo enorme para traer obras que usualmente no se ven en el país, como Anish Kapoor o Damian Hirst, así como piezas únicas de Hurtado, que no se habían exhibido en mucho tiempo”.

Beatriz Gil, de la galería Artepuy, dice haber cumplido sus metas comerciales. “Vendí una pieza grande de Carlos Cruz-Diez y casi todas las esculturas de J. J. Moros, y las pinturas de Marcos Temoche”.

Aunque las galerías colombianas tuvieron buenos resultados, no pudieron aprovechar la feria al cien por ciento a causa de un problema burocrático entre la aduana venezolana y la empresa transportista que contrataron para traer sus obras por carretera al país. “Hay un documento que la aduana comenzó a pedir recientemente y nuestro transportista no tenía conocimiento. Mientras lo gestionó se retrasó el despacho de las piezas, que llegaron el sábado a mediodía, después del segundo día de feria. Aun así nos fue bien. Se han vendido un par”, indica Guillermo Moreno, de LGMG Arte Internacional.

Luis Fernando Pradilla, de las galerías El Museo y Fernando Pradilla, no se va cien por ciento satisfecho con el resultado. “No nos fue mal, pero fue una feria bastante más difícil que las de años anteriores porque nos llegaron las obras dos días después y la feria este año era más corta. Haber perdido la inauguración nos afectó. Afortunadamente, el público está interesado en invertir en arte”.

Aunque las piezas de Fernado Botero, Gustavo Vélez, Álvaro Barrios  y otros creadores estaban aún en Cúcuta la noche inaugural, los stands de esas galerías no permanecieron vacíos. “Un colega de México me prestó unas obras de Claudio Gallina, que es el artista homenajeado, y nos defendimos”, cuenta Moreno. Pradilla resolvió el contratiempo con una individual del venezolano Starsky Brines.


LA CIFRA

2 días permanecieron las obras de las galerías colombianas represadas en la aduana de Cúcuta. Las piezas no llegaron a tiempo para la inauguración