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La fatalidad de un país petrolero se narra Bajo tierra

Verónica Arellano, Zair Mora, Luis Domingo González, Jesús Carreño y Anthony Castillo forman parte del elenco | FOTO Williams Marrero

Verónica Arellano, Zair Mora, Luis Domingo González, Jesús Carreño y Anthony Castillo forman parte del elenco | FOTO Williams Marrero

La obra, adaptada por Karin Valecillos y dirigida por Francisco Denis, habla de la miseria social

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En el centro de la escena, un grupo de personajes canta: “¡Por fin llegó el petróleo! ¡Esta tierra se ha salvado!”. Desde un rincón, en una habitación matrimonial, la radio anuncia las aventuras de El Llanero Solitario –“¡Hi-yo, Silver!”– y una pareja hace el amor. Todos los lugares remiten a la Venezuela de comienzos del siglo XX: casas viejas –o muertas, como escribió Miguel Otero Silva–, tierra, madera, ollas y una foto de Juan Vicente Gómez en la que, sentado, sonríe.

En esa escenografía cuatro historias se entremezclan. Cuatro conflictos que tienen un nudo común: el petróleo. Bajo tierra es la pieza que se estrena hoy en Río Teatro Caribe de San Bernardino, dirigida por Francisco Denis. Está basada en cuatro obras de César Rengifo, Las mariposas de la oscuridad, El vendaval amarillo, El raudal de los muertos cansados y Las torres y el viento, que fueron adaptadas por Karin Valecillos y recrean una mirada fatalista del país.

“Todas las historias tienen que ver con quienes abandonan el campo para trabajar con el petróleo. Situación de la que surgió una cantidad de conflictos de los que somos hijos. Todo venezolano sabe que somos un país petrolero, pero realmente no conocemos muy bien ese origen”, señala el director.

Así cruzaron los personajes, reescribieron unas escenas y agregaron otras. Una de las historias es la del pulpero Crisanto y su pueblo, que debe movilizarse cada vez que descubren petróleo; también es la de un hijo asesinado y una hija prostituta. Otra muestra a un ingeniero que se convierte en mercenario para escalar posiciones en su empresa. Se cuenta también el relato de una pareja en los Andes. Allí la tierra no da más y el joven decide buscar otras fuentes de trabajo. Sus padres creen que les echaron una brujería y culpan a la novia.

La otra escena presenta a dos indígenas –en realidad dos maracuchos– que entran en contacto con el extranjero. Esa sirve de enlace para todas las demás situaciones. Finalmente, en una esquina del escenario, dos mujeres, en la actualidad, ven la televisión. Confunden la telenovela con la realidad, creen que Amuay es una tragedia ficticia. “Brecht utilizaba ese recurso, lo llamaba distanciamiento: un comentario sobre lo que estamos viendo, como si fuera el público”, explica Denis.

 

Buscar conciencia. Bajo tierra es protagonizado por seis actores: Gladys Prince, Verónica Arellano, Zair Mora, Luis Domingo González, Jesús Carreño y Anthony Castillo, quienes interpretan a 20 personajes. Ellos, relata el director, encontraron una manera de actuar que no es realismo ni farsa, pero sí drama y humor. “Este es un teatro muy cercano al que planteaba Brecht, en el que el actor tiene que estar en capacidad de cambiar de un personaje a otro como cambia de traje. No es un asunto psicológico, sino inmediato. Es un estilo que funciona como máscaras”.

El montaje habla no sólo del petróleo, sino de los conflictos humanos que han surgido a partir de él. “Cómo es que tenemos tanta riqueza y somos tan miserables como país. ¿Por qué seguimos creando ese cinturón de pobreza? –se pregunta Denis–. Es una tragedia que no hemos podido resolver. No terminamos de tomar conciencia de lo terrible que puede ser cuando ese chorro de oro negro se acabe”.

Agrega que el arte se debe asumir como el espacio para hablar del lado duro de la vida: “Nos arriesgamos a hacer el teatro que queremos, no el que el público esté buscando. Creo que es importante para el país en estos momentos hacer un teatro en el que nos podamos ver como cultura”.


Bajo tierra

Río Teatro Caribe, San Bernardino

Estreno hoy

Funciones: sábado, 7:00 pm; y domingo, 6:00 pm

Entrada: 80 bolívares, general; 40 bolívares, estudiantes