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La extranjería se hizo un tema esencial de la literatura venezolana

Gustavo Guerrero: "Sin dejar de ser venezolano, me siento tan cerca de Francia como un recluta de la Legión Extranjera" | Foto Alexandra Blanco / Archivo

Gustavo Guerrero: "Sin dejar de ser venezolano, me siento tan cerca de Francia como un recluta de la Legión Extranjera" | Foto Alexandra Blanco / Archivo

Las imágenes del viaje, la nostalgia y la hibridez son aportes de la emigración a la obra de autores nacionales

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Desde finales del siglo XX la emigración se convirtió en una realidad del país que hasta entonces había recibido con los brazos abiertos a la diáspora europea sobreviviente de las guerras y las dictaduras, así como a los latinoamericanos que venían de naciones aquejadas por la violencia y la pobreza. Aproximadamente 40% de los venezolanos sueña hoy con establecerse en otro destino y cerca de medio millón lo cumplió en el último año, así que la separación de los afectos se ha convertido en un trauma nacional y, cómo no, también en la materia literaria de muchos escritores, especialmente de aquellos que se han residenciado en otros parajes.

Prueba de la centralidad que adquiere en las letras nacionales entender el fenómeno es la publicación en 2012 del poemario Exilios: poesía latinoamericana del siglo XX, editado por Marina Gasparini. En el libro el desarraigo, así como la nostalgia y la diáspora, construyen las metáforas de autores contemporáneos. Otra muestra es la mesa que representó al país en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2012, titulada Venezuela: Narrativas Migratorias y en la que se conversó sobre la migración como elemento de la escritura. Una prueba definitiva es la salida reciente al mercado de Pasaje de ida: 15 escritores venezolanos en el exterior, una selección de textos compilados por Silda Cordoliani en el que la narradora –aún residenciada en Caracas– cuestiona a varios autores sobre cómo se siente Venezuela desde el extranjero.


Cachicamos literarios. La mudanza de los autores nacionales se nota en sus obras a través del uso de la metáfora del viaje, la descripción del extrañamiento en ciertos personajes y el empleo de la nostalgia como atmósfera emocional de los textos. También el lenguaje cambia, porque a lo autóctono se suma lo escuchado en la nueva cotidianidad. Sin embargo, en el fondo se mantiene Venezuela como una marca de fábrica.

“En la mayoría de los escritores que se han ido, el centro de su imaginario literario sigue siendo Venezuela. Autores como Israel Centeno, Gustavo Valle, Camilo Pino, Juan Carlos Méndez Guédez, Juan Carlos Chirinos y Eduardo Sánchez Rugeles son cachicamos que se han llevado su país a cuestas”, señala la crítica literaria Violeta Rojo.

El editor Luis Yslas, para quien la sensación de extranjería –“ese sentirse fuera de un lugar que otorgue sentido de pertenencia”– es inherente al creador, ahonda en la idea de Rojo: “A la mudanza de un registro a otro –el ejercicio literario– se suma la mudanza de territorio. Esa segunda mudanza, por razones privadas o públicas, puede que se instale (o no) en la temática de sus obras, aunque no necesariamente ello ocurra en todos los casos”.

Aunque reconoce que los escritores venezolanos en el extranjero pertenecen a generaciones y realidades diferentes, señala: “La experiencia migratoria los ha dotado de una mirada que, sin abandonar las referencias de la patria nativa, ensancha, enriquece, multiplica la noción de pertenencia”.


Proyección de lo nacional. Muchos críticos ven en el cambio de residencia de los autores nacionales oportunidades para la proyección de la literatura venezolana, como ocurrió con la argentina a raíz de la diáspora que originó la Guerra Sucia o con la colombiana a consecuencia del conflicto con el narcotráfico. Pero no todos piensan igual: “No estoy segura de que la salida de escritores del país ayude a la internacionalización de nuestra tradición. Creo que ese proceso va por otro lado, me da la impresión de que los españoles se publican a ellos y tienen una cuota de minorías”, señala Rojo.

Para el poeta y ensayista Gustavo Guerrero, residenciado en París, recomendar libros de venezolanos y participar en la difusión de las letras de su país son maneras de asumir su identidad en su trabajo como consejero literario de la Casa Gallimard. “He contribuido a montar dossiers, a organizar mesas redondas y a editar obras que permitan incidir en la unidad dentro de la universidad”, explica. Como Guerrero en Francia, Méndez Guédez y Chirinos son promotores activos de la literatura nacional en España, donde viven.

En un mundo cada vez más globalizado, la oportunidad no deja de ser buena para estrechar los vínculos entre los autores venezolanos dentro y fuera del país y así terminar de cristalizar una tradición literaria sólida.