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El exilio y la trágica búsqueda de libertad

Foto Leonardo Guzmán

Foto Leonardo Guzmán

Nuestra Señora de las Nubes, escrita por el argentino Arístides Vargas, vuelve a las tablas dirigida por Luis Bernal. A través del absurdo y la poesía, la pieza reflexiona sobre el dolor de sentirse extraño

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Oscar y Bruna inventan su pueblo cada vez que lo recuerdan. Ellos no tienen casa. Duermen en el aire: “Como la flor que vive en las ramas de los árboles secos. En los cables de la luz, de los postes… siempre arrimada a otros, como diciéndoles déjenme estar aquí un rato”, declaran. Oscar y Bruna, extranjeros, son quienes conducen Nuestra Señora de las Nubes, la pieza de Arístides Vargas en la que tiempos y discursos se quiebran en un juego de salvación.

Luego de haberla presentado en la Sala Cabrujas de Los Palos Grandes, el actor y director Luis Bernal lleva la obra del dramaturgo argentino al Teatro Principal, que está ubicado en la plaza Bolívar del centro de Caracas. Las funciones serán esta noche y el 1° y 2 de noviembre.

Luego de la primera temporada, Bernal asegura que ha intentado mejorar el montaje. Por ejemplo, acortó las transiciones entre los personajes que aparecen en escena, que son interpretados por él y la actriz Daifra Blanco. “Quise hacerla más activa, para que no se caiga el ritmo”, dice. En el proceso de montaje participaron también Indira Jiménez en la producción, José Pérez en la iluminación y Efrén Rojas en el diseño de vestuario.

Con el mismo dinamismo con el que quiso impulsar el montaje ha aumentado su interés por la obra, ganadora de varios premios internacionales. “Puede ser entendida en cualquier país y por eso me llama la atención. Seduce desde el principio por sus historias, su realismo mágico, su toque de absurdo y de humor. Divierte, pero conmueve y golpea las entrañas del espectador. Arístides Vargas tiene una manera muy poética de reflejar la realidad de nuestros atormentados países. Es una pieza importante para mostrar en estos tiempos, para que tengamos la capacidad de ser oídos y de romper con todos los silencios”.

 

Discursos rotos. “Los exiliados somos gente triste, propensos a imaginar cosas que nunca pasan… y un día nos sorprende la muerte en un país extranjero”, es una de las frases que se dicen en la obra. Nuestra Señora de las Nubes cuenta la historia de dos seres que van armando un país que se les perdió –del que huyeron, del que fueron expulsados, en el que murieron–. En ese proceso aparecen otros personajes, que existen en momentos y lugares distintos. “No se preocupe, el olvido tomará posesión de nosotros porque tenemos alma”, remata el ingenio de Vargas.

La dramaturgia del autor de piezas como Instrucciones para abrazar el aire, La razón blindada y La edad de la ciruela está marcada por el exilio, situación que vivió cuando salió de Argentina en 1975, tras el golpe militar, y por el nomadismo.

En Nuestra Señora de las Nubes la ruptura de tiempos y discursos sirve como catarsis del dolor –y, quizás, la culpa– que produce el exilio. Es una suerte de ceremonia con la que exorciza demonios y rescata una existencia perdida en el sentimiento de no pertenecer a ningún lugar. Entre diálogos que se valen del absurdo, los personajes se construyen y deconstruyen con el fin último de la libertad.

Es una temática con mucha vigencia en un país que cada vez acumula más despedidas. Sobre ello, el director aclara que quiso manejar la pieza de una manera neutral. “No quiero hacerla panfletaria, es una obra universal. Hago mis planteamientos sin irme para un lado ni para el otro, dejo que el público haga su lectura. Yo pongo la mesa y que cada quien deguste”, afirma quien tiene planificado volver a la dirección en 2014 para presentar El túnel de Ernesto Sábato y La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne.


Nuestra Señora de las Nubes

Teatro Principal, plaza Bolívar, parroquia Catedral

Funciones: hoy, viernes 1° y sábado 2 de noviembre, 7:00 pm

Entrada: 20 bolívares