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Un escenario para el panfleto político

El montaje se realizó anoche en el Teatro San Martín de Caracas | FOTO William Dumont / Archivo

El montaje se realizó anoche en el Teatro San Martín de Caracas | FOTO William Dumont / Archivo

El Grupo de Teatro Penitenciario Fénix de Yare III presentó Historia y revolución, en la que exaltó los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro 

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En la sala sin aire acondicionado –todo era humedad y sudor– dos efectivos de la Guarda Nacional Bolivariana custodiaban el borde de la tarima. El más gordo, quizás también el más joven, se reía: mandaba mensajes de texto a una enamorada. Mientras se desarrollaba el montaje, de la oscuridad surgía el ruido que hacía al presionar las teclas de su celular Nokia. Apretado contra su pecho llevaba el arma larga, que dirigía con total descuido hacia quienes estaban más próximos a él cada vez que se giraba para mirar por detrás de unas cortinas.

Los uniformados estaba allí para vigilar a los actores de la obra: los integrantes del Grupo de Teatro Penitenciario Fénix de Yare III, que integran la programación de la 3º edición del Festival de Teatro de Caracas con Historia y revolución. El año pasado también participaron en la actividad, pero con una pieza teatral: Esperando a Godot de Samuel Beckett.

El escenario fue el Teatro San Martín de Caracas. A las 8:00 pm arrancó el montaje de creación colectiva dirigido por Fabián Villegas. Al comienzo sonó un tema de Alí Primera que luego se convirtió en joropo. Un viejo encorvado se sentó en una esquina del escenario cuando apareció un adolescente (perinola en el bolsillo). Le dice al hombre que no entiende muy bien la historia del país; y éste accede a echarle el cuento. “Nosotros hemos pasado mucho trabajo para tener la libertad e independencia que tenemos ahora”, señala.

Comienza con “los españoles que trajeron la sífilis y la viruela” al continente y que llevaron a cabo un “genocidio de indígenas”. Habló de Guaicaipuro y del Negro Miguel; de Manuel Gual, Francisco de Miranda y Simón Bolívar. Narró la Campaña Admirable, exaltó al “blanco de orilla con guáramo” que fue Zamora, y frunció las cejas con el “complot” de Páez, la oligarquía conservadora y los “cuarenta años de democracia corrupta”.

Entre esta especie de primer acto y lo demás, como elemento de transición se proyectó un video que con el logo del gobierno sobre los 200 años de independencia. Luego los protagonistas no fueron el anciano ni el joven.

La escena se había convertido en un estudio de televisión en el que un animador entrevistó –con sus imprecisiones históricas– a los políticos que pasaron por la presidencia democrática o dictatorial del país.

Los actores –11 en total– representaron como en un acto de colegio a Marcos Pérez Jiménez, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi, pero no Nicolás Maduro.

Tras hablar del Caracazo y defender los golpes de Estado durante la segunda presidencia de Pérez, el entrevistador fue “a comerciales”. Se proyectó el segundo video de la noche: uno sobre Hugo Chávez. Con “La patria es el hombre” de Alí Primera apareció escena quien representó –con verruga y boina roja– al presidente fallecido.

Llegó agitando los puños, se persignó y gritó que olía a azufre. Para entonces ya no había entrevistador. Se convirtió todo en una cadena en la que defendió a Maduro y cantó “Patria querida”. “¡Que viva la revolución! –dijo– ¡Patria, socialismo… viviremos y venceremos!”.

“Él es nuestra esperanza”, dijo el anciano que había regresado a escena junto con el joven –que tenía 15 años y se llamaba Revolución–. “¡Chávez vive!”, gritaron los actores. “¡La lucha sigue!”, respondió la audiencia.