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La escena se deconstruye para retar los discursos del hombre

La seducción permanente domina al Vizconde Valmont y a la Marquesa Merteuil | foto: WILLIAMS MARRERO

La seducción permanente domina al Vizconde Valmont y a la Marquesa Merteuil | foto: WILLIAMS MARRERO

Oswaldo Maccio dirige a Escena de Caracas en la pieza El arte dramático de las bestias, una propuesta en la que el texto se convierte en un objeto más. El montaje es una versión de Cuarteto, obra del dramaturgo alemán Heiner Müller

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Oswaldo Maccio tenía tiempo pensando en qué es lo que sostiene la tensión escénica durante una obra teatral. ¿La historia? ¿La progresión de la trama? ¿Entender a los personajes y a los actores que les dan piel? Decidió –junto con el grupo Escena de Caracas– indagar en la posibilidad de hacer del texto un objeto más en la sala, como la luz, como la utilería, como los actores mismos.

Se plantearon, entonces, un juego. Los intérpretes tienen un punto de partida y uno de llegada, pero en el trayecto improvisan, leen el libreto, trabajan el ritmo o toman la voz del otro. La obra se convierte en una pregunta: ¿Esta locura se resiste?

Sí. Sobre todo porque el texto es poderoso: Cuarteto de Heiner Müller. Esas relaciones peligrosas son ejecutadas por cinco actores que deben seguir varias normas: nunca la acción se corresponde con lo que está leyendo, en un momento no pueden pestañear y en otro reciben un golpe si hablan. Es retar al espectador, descolocar la atención, deconstruir unos cánones para volver a armar un discurso.

Esta investigación originó El arte dramático de las bestias. La versión de la pieza del dramaturgo alemán se presenta en la Sala Rajatabla dirigida por Maccio y protagonizada por Delbis Cardona, Nadeschda Makagonow, Gabriel Agüero, Margarita Morales y Fernando Garantón.

“¿Qué pasa con el actor cuando se relaciona con la palabra? Cuando tiene que cometer una acción. ¿Qué pasa cuando no me planteo la memorización ni la encarnación, ni todo lo que uno construye cuando hace una obra normalmente? ¿Qué pasa si nos imaginamos un trabajo que se ensaya poco? Eso tiene otras exigencias, el encuentro de todos los días, ver qué va a pasar. ¿Qué sucede si solo eres fiel al impulso que sientes cuando ya estás en escena? Es como una especie de guerrilla”, dice el director.

 

Imágenes físicas. El arte dramático de las bestias ocurre en un lugar lleno de objetos. Sobre una tela blanca, entre marcos de cuadros, conos de tránsito, bolsas, la cabeza de una piñata a medio romper. Hay color, ruido. Es una propuesta plástica, es teatro físico, en el que el Vizconde Valmont y la Marquesa Merteuil se seducen y se engañan, entre cartas y otras conquistas. Los actores los interpretan y no; se dirigen al público. No es que rompan la cuarta pared, es que no hay pared alguna. No hay mayor ley que el instinto. Y entre acción y acción, las frases poderosas de Müller cachetean al espectador: “Soy capaz de reírme del dolor ajeno como todo animal que tiene el don de la razón” o “¿Qué sería de la vida sin la muerte cotidiana?”.

Concluye Maccio: “¿Qué pasa cuando la gente busca la deconstrucción y esta al final termina dándote muchísimo miedo? También te das cuenta de por qué el teatro es como es. Este trabajo pone una mejilla que normalmente no se pone. Existe también una necesidad de hablar de nosotros: somos muy convencionales. Me pregunto: ¿por qué no podemos asistir al teatro como quien va a una galería? Es poder relacionarte de otra manera, cómo poder interactuar. Creo que por ahí va el riesgo que toma el trabajo”.

 

El arte dramático de las bestias

Sala Rajatabla, Bellas Artes

Funciones: de jueves a sábado, 7:00 pm; domingo, 6:00 pm

Entrada: 300 bolívares