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La escasez obliga a improvisar a los creadores visuales

En marzo, las monturas de los cuadros para una exposición costaban 6.000 bolívares. Actualmente las presupuestan en 22.000 bolívares | Foto Manuel Sardá

En marzo, las monturas de los cuadros para una exposición costaban 6.000 bolívares. Actualmente las presupuestan en 22.000 bolívares | Foto Manuel Sardá

Pintores, escultores y galeristas se han visto afectados por la falta de materiales. La lista incluye lienzos, cristales, molduras, acrílicos, tintas, papel fotográfico y hasta bastidores

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Jason Galarraga suele anotarse en una lista virtual para adquirir lienzos. “Los pintores tenemos que hacer nuestra cola por Internet para comprar telas. Las casas de producción les venden a sus clientes primero y luego nos pasan uno o dos rollos. La escasez abarca a todo el mundo”.

Los cristales para enmarcar obras de arte están desaparecidos desde hace tres meses. No hay vidrio. Es raro encontrar molduras de alta calidad, esas que son capaces de imprimirle cierto carácter a las piezas en una exposición. Maderas, cinta de embalaje, rollos de papel kraft, pinturas acrílicas y papeles fotográficos se suman a esta lista casi interminable de materiales esfumados del stock de los proveedores en Venezuela. La crisis ha obligado a los artistas a reinventarse.

“Todo está complicado. Los catálogos de las muestras han desaparecido, porque es prácticamente imposible para cualquier institución asumir los costos de uno impreso a todo color”, afirma Lorena González, curadora. “Los archivos documentales de las obras se han limitado al mundo digital. De abril a julio, una publicación de 20 páginas, engrapada, sencilla, pasó de 20.000 a 90.000 bolívares. Una rotulación que fue presupuestada en febrero en 100.000 bolívares, el mes pasado costaba 270.000 bolívares”. Es decir, 170% de aumento en 6 meses.

Las propuestas audiovisuales han adquirido mayor auge. La experimentación de materiales se ha vuelto habitual. Es también una interpretación del contexto de escasez en la que están envueltos los jóvenes creadores.

“En cierto modo se han trazado otros contenidos. Lo comparo con el arte povera que surgió a mediados del siglo XX. De allí se medirá la experticia de los autores, su capacidad de revelar nuevas metáforas”, indica González. La corriente artística a la cual hace referencia la curadora fue la que surgió en la época de la posguerra italiana, en los años sesenta, basada en materiales modestos, sencillos. Arte pobre.

Acto de resistencia. “El vidrio es lo más grave. Ahora se está trabajando con el stock de principios de año. El cristal de dos milímetros que se usa para que las obras no pesen tanto no se consigue desde marzo”, señala Marioxy Fraino, especialista en marquetería para exposiciones de arte.

Los proveedores del cartonaje para la conservación de las obras no están importando. “Trabajo en función de garantizar calidad. El cartón 100% algodón, libre de ácido, esenciales para montar los cuadros, no se consigue. Los precios de las cañuelas cambian todos los meses porque a los proveedores no les aprueban dólares. En años pasados teníamos línea de crédito de hasta 30 días, pero ahora, si el material aparece, hay que cancelarlo por adelantado”, indica Fraino.

Hace tres años el artista Juan Toro decidió invertir junto con un grupo de amigos en un plotter para imprimir fotos. En ese entonces llenar las 11 tintas con la que trabaja la máquina costaba 17.000 bolívares. Ahora el precio supera el millón de bolívares.

“Para la exposición de marzo en la galería D’Museo la bobina de papel tenía un precio de 10.000 bolívares. La última me la cotizaron en 145.000 bolívares y no era de la misma marca, sino una inferior. En cuanto a las monturas, hace 5 meses cada obra me costó 6.000 bolívares. Para el Salón de Jóvenes con FIA, la misma me salió en 22.000 bolívares. Exponer ahorita se convierte en un tema cuesta arriba”, afirma Toro.

Son pocos los artistas plásticos que viven de sus obras. Sin embargo, en manos de los creadores está la responsabilidad de traducir las metáforas de lo social. En un contexto de frustración económica, el arte del presente se encargará de dejar su testimonio para la posteridad.

“Todos estamos inventando. Me ha tocado comprar la pintura que encuentre, te vas tristemente adaptando a lo que consigues para trabajar. Los acrílicos, las pastas para modelar, los bastidores. Todo está desaparecido. Lo que veo es una limitante para los que quieren hacer arte, que se ven obligados a crear con otros materiales”, señala el pintor Carlos Zerpa.

La cultura del reciclaje se ha vuelto común. “En mi caso las restricciones pueden ser nutritivas par reelaborar conceptos”, dice Isabel Cisnero, artista visual de diversos formatos. “En esta circunstancia de guerra se fomenta la solidaridad. Comparto los materiales, herramientas. El acto creativo es consecuencia de la situación en la que vives”.