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Flavia Gleske: “No entiendo por qué la censura y el silencio”

Flavia Gleske

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A la artista aún le cuesta aceptar la muerte de su mejor amiga, Mónica Spear. Tras su separación del actor Jerónimo Gil, dice que ha sido difícil encontrar el amor

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Después de una pausa de dos años en su carrera, Flavia Gleske asumió su segundo papel de villana en Corazón esmeralda. En la telenovela interpreta a una mujer gris e insegura, a la que define como víctima de las circunstancias.

Lleva dos días sin tomar café porque el producto desapareció de los anaqueles. Asegura que sufre por la situación del país y que ser racionales es lo único que permitirá que las cosas mejoren.

Dos meses después del asesinato de Mónica Spear, su mejor amiga y con quien compartió en Mi prima ciela y La mujer perfecta, Gleske confiesa que no se acostumbra a que no le atienda el teléfono y que aún la llora. Espera que su muerte no haya sido en vano.

Hace más de dos años se divorció del actor Jerónimo Gil, con quien tuvo dos hijos. Afirma que le ha costado rehacer su vida por ser madre soltera.

—Fernanda es su primera villana en mucho tiempo. ¿Cómo es ese personaje?

—No es tan villana, ella es muy gris, con la autoestima muy baja. Está enamorada de un hombre que no la ama y sigue cada uno de los pasos de su mamá. Para ella su madre es todo y por eso la imita, aunque es algo que le queda muy mal. No tiene personalidad. A lo largo de la telenovela van a descubrir por qué es una víctima.

—¿La censura ha afectado su trabajo como actriz?

—Al televidente le encanta ver cosas y mientras más ácida sea la situación le gusta más. Digamos que como actriz no me afecta porque mientras más suave es la escena, más fácil es el trabajo. Pero siento que sí puede incidir en la aceptación de la telenovela porque a la gente le gusta ver maldades. Es muy triste porque son buenas historias. No entiendo por qué la censura y el silencio.

—¿Y como persona?

—Todo es sensible de censura y de autocensura. Ahora hay que cuidar hasta lo que dices. Las personas están muy susceptibles y a veces no te atreves a dar una opinión por temor. Todo es tomado a pecho y sin querer haces daño. Eso también es fastidioso porque tratas de no herir a nadie, pero terminas hiriendo a todos y eso muchas veces te lleva a censurarte. Y la gente se va acostumbrando.

—¿Cómo ha llevado el duelo por el asesinato de Mónica Spear?

—Ha sido muy difícil. Todos los días siento un vacío, cada cosa que veo me trae un recuerdo. Su muerte fue muy dura y a destiempo. Siempre pienso que ojalá su partida haya servido de algo. La recuerdo como era ella: una mujer feliz, llena de consejos, con las palabras perfectas para cada momento. Extraño llamarla y saber que va a estar. Dios tenía un objetivo para ella y lo cumplió. Sé que su muerte no será en vano.

—¿Qué cree que hace falta en el país para evitar las muertes violentas?

—¡Razón! Eso es lo que hace falta. Ya ni sé cómo explicarlo. Hay que ser frío y preguntarse qué estamos viviendo. La situación es cada vez peor y eso lo vivimos todos: chavistas, opositores e indiferentes. Hay crisis de desabastecimiento, de inseguridad, de intolerancia. Eso es lo que hay que ver, más allá de los fanatismos. Hay que abrir los ojos y decir: “¡Ya basta!”. Todos nos merecemos una buena vida. Es cierto que cada quien se traza el camino que quiere, pero para eso debemos contar con lo básico y eso es justo lo que falta.

—¿Le ha costado rehacer su vida luego de su separación?

—Es muy complicado ser madre soltera. No tengo tiempo ni siquiera para una cita. Me invitan a salir y es un trabajo grandísimo porque hay que buscar niñera, molestar a otras personas. Cualquier hombre, a menos que ya tenga hijos, no se cala eso. Me he mantenido soltera por eso y tampoco es que haya muchas opciones.

 

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