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Un encuentro infantil se convierte en poesía

El Teatro La Bacante regaló metáforas con la pieza La Luna y el niño juegan un juego que nadie ve

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Estamos inmóviles mientras se mueve el mundo. Así le dice un niño a la Luna que le ha robado la sombra. Ambos se divierten contando historias en algún lugar etéreo, que puede ser cualquier rincón del universo. Se preguntan el significado de las cosas, cantan y bailan con coloridos disfraces, se convierten en gigantes o en un cangrejo violinista enamorado de una piedra. El poder maravilloso de la palabra les da para todo.

La Luna y el niño juegan un juego que nadie ve es una ingeniosa pieza infantil –como pocas en la cartelera actual– que se nutre de poemas, cuentos y canciones con la intención de enseñar a los pequeños sobre la metáfora y la imaginación. El grupo de teatro La Bacante la presentó ayer en el Teatro César Rengifo de Petare en una única función como parte del FITC 2013.

La selección musical y la puesta en escena son de Oswaldo Maccio, coautor de la obra y también protagonista junto con Sain-ma Rada. La obra está compuesta por versos de Mariano Brull, Federico García Lorca, Jairo Aníbal Niño y Eduardo Polo; y se pasea por los cuentos Edmundo, el primer vagabundo del mundo, El zarcillo colgante de la elegante mujer gigante y El cortejo del cangrejo Alejo.

La escenografía es un gran cuadrado fucsia. En las esquinas aguardan los elementos que transformarán a la Luna y al niño en múltiples protagonistas. Entre temas como “Tonada de la luna llena” y “Walk On The Wild Side” de Lou Reed, los personajes se divierten y conversan sobre la otra definición del río, del mar y de los pájaros, que en realidad son flautas con alas.

“Las palabras se inventan solas y se encuentran”, dice uno, mientras el otro alega que quiere estar en lo profundo para escuchar cómo late el corazón del mundo. Así pasan de la historia del vagabundo Edmundo a la de la generosidad de una mujer gigante que ofrecerá un baile, pero que ha perdido uno de sus zarcillos. Éste fue a parar al cofre de joyas que es el universo. Finalmente llegan a la aventura de un joven pescador y de un crustáceo de lentes redondos que le canta sus sentimientos a un ser inanimado: “¿No es el amor una confusión? Lo importante es entregarse por completo”.

Así, los dos actores regalaron una tarde de poesía a los pequeños y a sus padres. Tal como dice la estrofa de Brull: “La Luna y el niño juegan/ un juego que nadie ve/ se ven sin mirarse, hablan/ lengua de pura mudez”.