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Hasta el más efímero de los seis James Bond ha tenido un encanto

Todos están vivos (aunque algunos achacosos), la mayoría tuvo un origen poco aristocrático y el azar quiso que provinieran de cada una de las 4 regiones representativas de las islas británicas, así como de una nación continental que también acepta como autoridad a Isabel II (la única reina a la que todos han servido en la ficción): el escocés Sean Connery (6 películas), los ingleses Roger Moore y Daniel Craig (7 y 3 filmes, respectivamente), el galés Timothy Dalton (2 cintas), el irlandés Pierce Brosnan (4) y el australiano George Lazenby (1), para un total de 23 producciones de la franquicia más antigua del cine occidental y la segunda más taquillera de todos los tiempos (5.131 millones de dólares), sólo detrás de Harry Potter. Aliado de la tecnología de punta, turista de excepción e inseparable de las mujeres más bellas del mundo, el agente 007 con licencia para matar nació con la crisis de los misiles cubanos y se proyectó hasta la era de Al Qaeda y el terrorismo cibernético

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El escocés que jamás serviría a su majestad
Es el primer James Bond y el más importante por varios motivos. Ha sido el más querido por el público y el más sexy, el que elevó al personaje a una dimensión universal y puso el listón demasiado alto a todos los demás y, al mismo tiempo, el más independiente: no se concibe la franquicia del agente 007 sin Sean Connery, pero sí al ganador del Oscar por Los intocables sin 007. De hecho, si se habla de posiciones políticas, Connery (nacido en Edimburgo hace 82 años) jamás estaría al servicio de su majestad: es un separatista escocés. Hijo de una lavandera, lo forjó la vida misma: fue lechero, salvavidas, modelo de desnudos para pintores, chofer, futbolista y hasta se alistó en la marina de guerra. El creador de la saga literaria de Bond, Ian Fleming, lo consideraba poco refinado y muy musculoso para el papel, pero cuando lo vio en personaje incluso agregó antepasados escoceses al espía en libros postreros. Protagonizó seis películas: Doctor No (1962), De Rusia con amor (1963), Goldfinger (1964), Operación Trueno (1965), Sólo vives dos veces (1967) y Los diamantes son eternos (1971), más otra que no pertenece al canon oficial, Nunca digas nunca jamás (1983).

El espía al que se amó por su simpatía
Es el que más ha durado en el trabajo (12 años y 7 películas) y algo debió tener: de hecho, ha ganado algunas de las votaciones que se han celebrado entre expertos cinematográficos para elegir al mejor de los 6 Bond oficiales. Es el más afín a la comedia de todos (si apartamos al Conde del Guácharo de Er Conde Bond). El inglés sir Roger Moore (nacido hace 85 años en Stockwell, Londres) es el que viene generalmente a la mente cuando se piensa en el agente 007 como un mujeriego gracioso y algo viejo verde que siempre derrota a los villanos gracias a un invento tecnológico milagroso. En una época difícil para la saga, no dejó desfallecer al espía del Estado británico gracias a Vive y deja morir (1973), El hombre con la pistola dorada (1974), La espía que me amó (1977), Moonraker (1979), Sólo para sus ojos (1981), Operación Octopussy (1983) y En la mira de los asesinos (1985), cuando tenía 58 años de edad. Hijo de un policía inglés y estrella de la serie de televisión El Santo, de los años sesenta, nunca se destacó demasiado como actor fuera de la franquicia: Bond aún le llena los 3 platos.     

Daniel Craig redefinió la saga con un talante más adulto
Compitió contra Clive Owen, Hugh Jackman y Gerard Butler. Es el Bond del siglo XXI y, por lo tanto, el de los medios de comunicación omnipresentes, lo que creó una fuerte corriente de resistencia en su contra: algunos se resistían a un 007 de cabello rubio, no demasiado carismático ni apuesto y con un físico compacto, como de toro, en vez de esbelto y elegante. Con su irrupción en Casino Royale (2006), el inglés Daniel Craig (nativo de Chester de 44 años de edad) cerró unas cuantas bocas: había aparecido un prototipo que actualizó al agente, ahora apto para un público más maduro: endurecido, taciturno, muy expuesto física y psicológicamente (perdió parte de un dedo en el rodaje de Quantum of Solace, en 2008) y, a su manera, animalmente sexy. Sean Connery dijo del esposo de la actriz Rachel Weisz: “Tiene el factor peligro”. Proveniente de una familia de dueños de locales nocturnos y ex atleta de rugby, el protagonista de Skyfall (firmado para otras dos películas de Bond) se esfuerza por no encasillarse y ha participado en filmes como La chica del dragón tatuado.     

La transición al siglo XXI
Es el más bohemio y hippie de todos los que han interpretado a James Bond (en la adolescencia fue un tragafuego circense como alguno de los que se ven en Caracas cuando el semáforo se pone en rojo), además de que tiene la peculiaridad de ser irlandés, lo que lo coloca bajo sospecha para los aficionados más conservadores del agente monárquico británico. Mientras muchos hombres vieron en Roger Moore a un cómplice para la montadera de cachos, entre las mujeres quizás sólo Sean Connery ha superado a Pierce Brosnan en magnetismo. Se puede hablar incluso del Bond más apuesto y, como actor, de uno de los más completos. A nadie le desagradó demasiado. El protagonista de la serie Remington Steele sobrellevó la franquicia en una época difícil, pues había terminado la Guerra Fría y desaparecía la Unión Soviética como enemigo: estuvo en Golden Eye (1995), El mañana nunca muere (1997) y El mundo no basta (1999) y Muere otro día (2002). Después el activista ecológico ha hecho cosas como Mamma Mia! (2008), aunque su carrera ha entrado en una etapa de semirretiro dorado, con proyectos más bien pequeños.   


Timothy Dalton se apegó al espíritu de Fleming
Es el Bond shakesperiano, el de los ojos verdes de mirada profunda y sensible: actor de muy sólida formación académica y especialista en papeles históricos en cine, teatro y televisión, aceptó hacer al agente bajo la condición del respeto fiel al espíritu del personaje de Ian Fleming, de cuyas novelas se convirtió en lector obsesivo. Por eso el galés Timothy Dalton (hoy de 68 años de edad) construyó un Bond poco humorístico y más serio, sufrido, oscuro y anímicamente fatigado, algunas veces abiertamente en contra de las misiones que se le encomiendan por la causa del Estado británico. Sólo estuvo en dos películas: Su nombre es peligro (1987) y Licencia para matar (1989), un fracaso de taquilla por varias razones, entre ellas una mala estrategia de mercadeo. De manera similar a Connery, pero de más bajo perfil, se empeñó en desarrollar una carrera que no dependiera del mito 007.

Canguro de un solo día pero no del todo desechable
Único Bond nacido fuera de las islas británicas (en Australia, hace 73 años), es el más azaroso, efímero y prescindible, aunque los que observan hoy, 43 años después, En el servicio secreto de su majestad (1969), no dejan de apreciar su algo tosco magnetismo (viril a la vieja usanza) en una película bastante sólida en el contexto de la saga 007. Cuando fue descubierto en una barbería de Londres por el productor Albert Broccoli, George Lazenby (hijo de un obrero ferroviario de Nueva Gales del Sur) carecía de experiencia como actor: era modelo de una marca de chocolate en la televisión. En las pruebas de talento, impresionó a Broccoli por su habilidad en las escenas de peleas y, de hecho, el género de acción fue el nicho en el que se especializó (más bien mediocremente) después de su “ventiúnica” cinta como el agente con licencia para matar. Renunció a la franquicia cinematográfica debido a sus conflictos con el director Peter Hunt y los productores, aunque, más que eso, gravitó que nunca hizo olvidar a Connery.