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La crisis económica golpea el bolsillo de los cineastas venezolanos

Tres bellezas de Carlos Caridad y Liz en septiembre de Fina Torres quedaron para 2014 | CORTESÍA CARLOS CARIDAD / ARCHIVO

Tres bellezas de Carlos Caridad y Liz en septiembre de Fina Torres quedaron para 2014 | CORTESÍA CARLOS CARIDAD / ARCHIVO

Laboratorios y el CNAC no se ponen de acuerdo para establecer precios de las copias de 35 mm

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Cuando hace 15 días se conoció que la nueva mujer más hermosa del universo tiene cédula venezolana, el país entero celebró una vez más el culto a la belleza femenina.

Un culto que Carlos Caridad satirizó en la película Tres bellezas, su ópera prima y uno de los 28 estrenos prometidos por el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía para 2013, casualmente para este mes de noviembre, pero ¿por qué no se vio en la fecha fijada?                                                

Sobre este particular, Caridad responde: “Mi película tiene muchos efectos especiales y la mayoría de los editores se encuentran fuera del país, por lo que tendría que pagarles en dólares que no tengo”. Su solución fue contratar a un venezolano que vive en Chile, pero que le cobra en bolívares.

Otro asunto es que, a principio de año, las copias en 35 mm no costaban más de 10.000 bolívares y ahora sobrepasan la cantidad de 60.000 bolívares. Tomando en cuenta que para tener una presencia más o menos importante en las salas de cine venezolanas cada filme dispone de 15 copias, el panorama es sombrío. Aun cuando el CNAC las financia, los realizadores deben reembolsar luego 25% de ese monto con lo recaudado en taquilla. Un presupuesto que Caridad ahora no tiene.

Cuestiones de producción o estrategias de mercadeo (como fechas clave o participación en festivales) fueron razones para que, por ejemplo, Hasta que la muerte nos separe de Abraham Pulido, Liz en septiembre de Fina Torres o La distancia más larga de Claudia Pinto Emperador retrasaran su presentación en sociedad para el próximo año.


La crisis. Un filme que sí se pudo estrenar este mes y que casualmente tiene el tema de la belleza como trama principal es El hijo de mi marido de José Simón Escalona, quien debió terminarla en apenas seis meses para no tener que pagar el aumento de costos que mes a mes han sufrido diversos rubros en el país.

“Cuando vas a hacer cine con tu propio financiamiento no puedes tardar dos o tres años en terminarla. Nosotros hicimos 15 copias en 35 mm y nos salieron muy costosas, aunque las pagamos con meses de antelación”, dice Escalona.

En Venezuela solo existen dos laboratorios: Bolívar Films y Futuro Films. Ambos tienen una deuda importante con Kodak, su proveedor internacional. Sin embargo, para el cine no existe dólar preferencial y la falta de divisas obliga a los realizadores a detener su producción.

Según una fuente conocedora del conflicto, que prefirió el anonimato por temor a represalias, ambas empresas con tradición en el país tenían una especie de pacto de caballeros hasta que Futuro Films decidió, unilateralmente, acceder a la petición del CNAC de reanudar funciones con precios por debajo de los reales para la materia prima, aun a costa de tener pérdidas.

Se contactó a voceros de ambos laboratorios, pero no negaron ni confirmaron esa información.


El plan b. El lunes pasado, el presidente del CNAC, Juan Carlos Lossada, anunció a directores y productores que ya había una salida para la crisis. Aunque no explicó cuál sería ni desde cuándo comenzarían a verse los resultados, en la industria del cine se presume que se trata de la negociación con Futuro Films, además de un “plan b” que consistiría en realizar copias en países como Argentina, Brasil o México.

En esa misma reunión Lossada informó, y luego publicó en su cuenta oficial en Twitter, que para 2014 planea el estreno de 53 películas. Es decir, más producciones que semanas (sin contar, además, las primeras tres de enero).

El realizador Sergio Monsalve, crítico de cine del diario El Nacional, piensa que lo más conveniente para todos los actores involucrados es aumentar el número de salas que operan con copias digitales, llamadas DCP, que se pueden guardar en un disco duro y luego descargar en el lugar donde se vayan a proyectar. “Pero de momento la inversión hecha es por la explotación del cine 3D”, reflexiona.

Cree que medio centenar de cintas nacionales pudiese canibalizar el producto en el mercado, pero no descarta que ocurra lo contrario.

Al respecto Rodrigo Llamozas, de Cameo Marketing, no duda de que el cine hecho en el país goza de muy buena salud, como nunca antes, pero igual se pregunta retóricamente: “¿Hay o habrá suficiente de todo en Venezuela para hacerlo?”.