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Un domingo escénico entre títeres y acrobacias

Como parte del Festival de Teatro de Caracas se presentaron la obra Leyendas de un titiritero antiguo y una versión circense de Carmen

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La compañía Tiripitipis proviene del estado Carabobo, pero su director, el titiritero Alejandro Jara, es originario de Tacubaya, un barrio de México. Así que sus muñecos, por ejemplo, hablaban de “elote” en lugar de “jojoto”. La agrupación, que forma parte del III Festival de Teatro de Caracas, actuó ayer a las 11:00 am en el bautizado Eje Infantil, un espacio en Bellas Artes cuya programación incluye presentaciones en la Plaza de los Museos y el Parque Los Caobos.

En el ambiente, bajo el sol punzante, llamó la atención la presencia de militares y representantes de la Milicia. Era 13 de abril y el gobierno había convocado a una marcha para recordar los hechos que se registraron ese día del año 2002.

Padres y abuelos llevaron a sus niños –que saborearon algodón de azúcar y obleas– a la presentación de la obra Leyendas de un titiritero antiguo, que narró dos historias cortas. Inició con dos payasos que se buscaban uno al otro por la plaza Bolívar, el aeropuerto de La Carlota, por la Luna y por Marte. No se podían encontrar. Eran Bobote y Tiliches, dos personajes de pelo naranja y curiosos diálogos. Uno de los hombres sentado en primera fila reía incluso más que los pequeños.

El titiritero relató primero una historia de amor y guerras para explicar la leyenda de los volcanes Popocatépetl (la montaña humeante) e Iztaccíhuatl (la mujer dormida) del valle de México. Luego contó la del mono de cera, en la que el burro Bartolito sembraba vegetales que finalmente le robaba un conejo amarillo. El mensaje final era la importancia de los estudios como camino al éxito.

Circo político. “Si preguntas por el circo/ que dónde es la función/ el circo está en la calle/ con la revolución”, cantaron los soldados al tiempo que sacaban una bandera de Venezuela. Espectadores rieron y aplaudieron complacidos. Ese fue el único episodio ideológico de Carmen, la versión de la ópera de Georges Bizet que presentó la Compañía Nacional de Circo ayer en la tarde en el Teatro Municipal. La dirección artística y técnica estuvo a cargo de Niky García y Jericó Montilla.

El montaje contó con la participación de la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, dirigida por el maestro Rodolfo Saglimbeni, así como la de los cantantes líricos Giovanna Sportelli (soprano), Katiuska Rodríguez (mezzosoprano) y Blas Hernández (barítono), quienes no tuvieron mucha presencia escénica.

Hubo impresionantes demostraciones acrobáticas, de malabares y trapecio, además de episodios de hula-hula, gimnasia, telas y aros ejecutados por un grupo de casi 20 artistas.

Al primer acto le faltó sincronización con la música. Y la orquesta, más que acompañar, quedaba en la lejanía. Pero luego del intermedio –que varios asistentes aprovecharon para tomarse fotos con el alcalde Jorge Rodríguez– el espectáculo tomó mayor fuerza en la taberna de los gitanos. Asombrosos actos de acrobacia y riesgo precedieron un final dramático, en el que Carmen se tornó más teatral con la cercanía de la muerte. Un montaje, que incluyó un aria de El lago de los cisnes de Tchaikovsky, aplaudido de pie por un teatro casi lleno.