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"Nunca he domado dos caballos de la misma forma"

Ochotecho revela que esa tranquilidad es algo que ha aprendido de los equinos

Ochotecho revela que esa tranquilidad es algo que ha aprendido de los equinos

En la segunda temporada, el hombre que escucha a los animales viajó por México, Colombia, Estados Unidos y Argentina. Propuso grabar un capítulo en Venezuela el próximo año

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Al igual que en Domador de caballos, el programa que protagoniza en Nat Geo, Martín Ochoteco tiene un hablar pausado cuando atiende el teléfono en Argentina. No pierde la serenidad ni siquiera ante las interferencias en la comunicación, pero tampoco la pasión que muestra en la pantalla.

Ochotecho revela que esa tranquilidad es algo que ha aprendido de los equinos. "El caballo te lleva a buscar el balance. Si quieres hacer bien tu trabajo tienes que estar equilibrado. Si hay algo mal debes arreglarlo y transmitírselo. Él te muestra que hay que ser paciente, trabajador, constante, humilde. El domador que es soberbio o impaciente comete errores y el caballo se lo hace saber", expresa.

Aunque ya había alcanzado reconocimiento por su técnica de doma de equinos sin violencia, con la primera temporada del programa se dio a conocer en toda América Latina. En esta edición, el especialista pone a prueba sus habilidades en cuatro países de la región: Colombia, México, Argentina y Estados Unidos. Hace dos meses vino a Venezuela a dictar un curso y propuso al equipo de producción grabar en el territorio nacional un episodio de la tercera temporada.

Creció entre caballos y asegura haber visto fotos en las cuales aparecía sobre uno con apenas seis meses de nacido. Como domador ya acumula veinte años de experiencia y una cantidad incontable de animales que han cambiado bajo su tutela.

No tiene un método preciso, de hecho no le gusta usar esa palabra. "Se me hace como si fuera una receta", dice.

Señala que su técnica es flexible. "Sigo perfeccionándola.

Nunca he domado dos caballos de la misma forma. Siempre aprendo de cada uno de ellos, así como de cada persona que está en los lugares a los que voy. Nunca dejaré de hacerlo", añade. Su arte es la suma de las cosas que muchos otros han hecho antes que él, pero con una regla propia: nada de violencia contra el animal.

Ochoteco suele trabajar de noche, pero tuvo que adaptarse a la televisión. Confiesa que las cámaras complicaron las domas en la primera temporada.

"Ahora no suman, pero tampoco restan. Sin embargo, siempre sería más fácil estar solo. Las cámaras, el movimiento para agarrar las tomas, las luces... Nada de eso es natural para un caballo. Él solo ve a una persona apuntándole con algo y luego ve un palo en el aire (el micrófono). Eso al principio no le gusta nada", afirma y añade que para esta edición el equipo de producción ya tiene práctica.

Ochoteco escucha a los caballos, los entiende, les habla, los huele y se deja oler. Se vuelve su confidente y con los sentidos muy agudos identifica qué les genera molestia, inseguridad o nervios.

Luego los trabaja. Los dueños son un caso aparte. Asegura que le tomó años para que confiaran en su trabajo.

"Me he encontrado de todo, antes era muy difícil hacer entender a las personas porque la idea no era muy aceptada.

Pero desde que empecé hasta ahora ha habido un gran cambio y por suerte la gente piensa diferente, la mayoría no acepta la violencia. Cada vez lucho menos con los dueños", afirma.