• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

“El diálogo empodera y la diseminación de información genera simetría”

Carlos Delgado Flores / Leonardo Guzmán

Carlos Delgado Flores / Leonardo Guzmán

Carlos Delgado Flores señala que Internet tiene influencia en lo que pasa en Venezuela. Para el académico, las redes sociales promueven intercambios de datos que permiten el surgimiento de un elector racional, uno que aspira a un espacio de gobernabilidad público

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Carlos Delgado Flores es magister, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, coordinador académico del posgrado en Comunicación Social de esa casa de estudios y miembro del Consejo de Redacción de la revista Comunicación. El año pasado formó parte de las mesas de diálogo –en el área de Política Comunicacional– cuyos resultados permitieron redactar los Lineamientos del Programa de Gobierno de Unidad Nacional, presentados por la Mesa de la Unidad Democrática en enero de 2012. Pero su trabajo más importante es silencioso: durante la última década se ha dedicado a interpretar las estrategias culturales del Gobierno y a entender cómo las nuevas tecnologías están reconfigurando la participación política y social de los venezolanos. Sus conclusiones están en las revistas editadas por el Centro Gumilla y representan perspectivas reveladoras del panorama real de las relaciones de poder en el país, de los perfiles electorales y de la entrada de Venezuela a la era de la información.

El impresionante desarrollo de las redes sociales en el país le hace pensar que las tecnologías pueden aprovecharse para conciliar la brecha cultural entre los venezolanos –hoy, ocho millones no pasan del séptimo grado– y que esas redes deben establecerse como los lugares del diálogo para la formación de ciudadanos.

De acuerdo con sus investigaciones, 65% de los usuarios de Internet en Venezuela pertenece a los niveles D y E, se ubica entre 18 y 32 años de edad y se conecta diariamente varias veces, desde los hogares o teléfonos móviles, con fines  de socialización y búsqueda de información.

“Los 10 tabulados básicos del censo más reciente incluyen conexión a Internet y a televisión por cable. Según los datos que he revisado, encuentro, preliminarmente, que la correlación entre una y otra es alta, más de 0,80. Es decir: que quien tiene televisión por cable tiene acceso a Internet. La penetración de la televisión por cable en Amazonas, por dar un ejemplo, es de 96%. Ya no podemos decir que Internet no tenga influencia en lo que pasa en Venezuela”.

–¿Esas estadísticas reestructuran la hegemonía comunicacional del Estado?

–Abren la posibilidad de que se filtren otros mensajes, más allá de su aparato comunicacional, que es funcional y poderoso. Mientras la gente tiene más acceso a la televisión por cable, a Internet y a la información generada por medios independientes, se exponen a las informaciones de los buenos conversadores en la web, aquellos que proveen informaciones de fuentes confiables. Estos son los que en Twitter hacen retuiteo, comentan, usan fuentes confiables, las contrastan y aceptan el comentario en una atmósfera del respeto.

–¿Pero, la dependencia de la conexión no hace vulnerables esos procesos? Por ejemplo, el domingo de las elecciones, cuando se cayó Internet por unas horas.

–Somos vulnerables por otras razones: tenemos pocos proveedores para acceder a Internet y no podemos elegir, el servicio de conectividad es malo y el ancho de banda, risible. Estamos muy por debajo de los estándares internacionales y del promedio latinoamericano.

–¿Cómo evidencia la más reciente campaña el fortalecimiento de las redes sociales frente a la hegemonía comunicacional del Gobierno?

–Más allá de la polarización política, hay varios perfiles: 18% de usuarios de Internet son conectados y politizados: deliberan, hacen cyberpolítica, se forman criterios y no acceden a los medios de comunicación. Los medios de comunicación aquí son malos conversadores; los periodistas no, pero los medios sí, porque tienen poco nivel de interactividad. En nuestra coyuntura, eso implica perder audiencia a altos costos, tanto monetarios como políticos. Hace 5 años, la cuota de mercado de Internet era de 11% y la de televisión de señal abierta, de 35%. Hoy están a mitades, si no es que Internet ya está por encima. Según datos oficiales, 40% de la población venezolana es usuario de Internet y de allí, 8 millones de venezolanos tienen un perfil en Facebook, es decir, 8 de cada 10 habitantes del país, y 4 de cada 10 tienen una cuenta en Twitter. Es una diseminación mucho mayor que la de los periódicos. El problema es que nuestros medios (ni los radioeléctricos ni los digitales) no tienen oferta positiva, porque en una polarización como la nuestra no se proponen ideas. Pero el caso es interesante porque parte de esa población conectada y politizada –como la hemos llamado en ensayos sobre el tema en Comunicación– dejó de votar por Chávez porque está muerto y lo hicieron por Capriles, convencidos por el diálogo que han mantenido permanentemente con gente opositora o en redes; pero esa oferta hay que mejorarla.

–Por eso sostiene en sus investigaciones que el elector venezolano no es emotivo sino racional.

–El clientelismo, que lo asumimos como un vicio de la política, es también una elección racional. No es socializadora, pues privatiza el espacio público y desinstitucionaliza, pero obedece a nuestra lógica cultural: el venezolano es contigencialista y para él la voluntad personal tiene más peso que el proyecto colectivo.

–¿Qué prácticas sociales promueven las tecnologías?

–El diálogo entre iguales con interlocución; es decir, que tú escuches lo que te están diciendo y que quien habla luego te escuche con una norma que es consensuada. Esa es una actitud socializadora y permite el surgimiento de un elector racional que aspira a generar un espacio de gobernabilidad público y se interesa en crear una república a través del intercambio de conocimiento. El diálogo empodera y la diseminación de información genera simetría.

–¿Están las redes rompiendo la hegemonía comunicacional del chavismo?

– El martes, Aporrea.com era un ejemplo del nivel de autocrítica que se está articulando en el chavismo. Allí vemos cómo Internet no sólo es arenga y movilización. Cuando revisas los trending topics nacionales de Twitter, notas que ellos están afrontando problemas en la unificación de tráfico porque te consigues con cinco hashtags asociados al mismo tema y son cinco etiquetas distintas. Antes era una sola porque había una voz mandante, pero ahora hay enredo y división. La burocracia gubernamental del proceso no entiende de dialogicidad y su diseño de redes es eficaz en el sentido de que homologaron la red de distribución de datos con la logística: usan las redes para movilización en los eventos clave y no deliberan. El problema, sin embargo, es que la oposición tampoco lo hace ni tiene mayores estrategias en redes.

–¿Hacia dónde deberían apuntar esas estrategias?

–A apoyar las prácticas de las redes, empodérandolas. ¿Por qué las propuestas programáticas de la MUD no salen a deliberación en línea? ¿Por qué no han difundido en redes el programa unitario? Si hay un buen espacio público, si hay una sociedad con sentido común, las políticas no tienen por qué ser interventivas ni costosas. Poner las ideas y los sentidos en común supone generar actitudes articuladas, puntos de encuentro y proyectos. Ese espacio hay que restablecerlo porque lo perdimos. Si bien la estrategia comunicacional del chavismo es de hegemonía, y por la vía de la propaganda, la simbología y el tono religioso repite en múltiples formatos un solo mensaje, del otro lado tampoco se ha construido un sentido común desde la horizontalidad de las redes. Quisiera que hubiera más acercamiento entre la academia y la MUD, pues no sólo debemos empoderar proyectos culturales con base en su incidencia, sino estudiar bien las políticas culturales y abrir la política a un debate enriquecedor; la cultura no se trata sólo de promoción de arte. En este momento sólo está dedicada a estetizar la política y eso debemos erradicarlo.