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El despojo que salva al mundo

José Coronado | Foto: Archivo

José Coronado | Foto: Archivo

José Coronado, protagonista de No habrá paz para los malvados, tuvo el diablo adentro

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Fue un joven apuesto que no tuvo que lucharse el pan. Nacido en una familia de Madrid con cierto bienestar, José Coronado se dio el lujo de estudiar carreras sin terminarlas: Derecho, Medicina. “De los 20 a los 30 viví de noche e hice todo lo prohibido que tenía que hacer”, confesó al periodista español Juan José Monge. Luego, quien había incursionado primero en el modelaje publicitario descubrió que actuar le llenaba a plenitud, y su físico de galán le abrió el cerrojo de la industria. Con paciencia, se preparó y pulió. A los 55 años alcanzó la consagración en el otro extremo de la escala lumínica: ganó el premio Goya el pasado febrero por Santos Trinidad, policía bigotudo y desaseado, desagüe de alcohol y pastillas, héroe por simple instinto en No habrá paz para los malvados.

Durante el rodaje de la película francesa En Solitaire (“de niño viví cinco años en Bélgica, ese idioma lo tengo instalado desde pequeñito”, cuenta), consigue tiempo para contestar la llamada desde Caracas. También se le verá en pantalla en los próximos meses en What About Love, una coproducción estadounidense-española donde comparte con Sharon Stone y Andy García, y el thriller apocalíptico ibérico Los últimos días, entre otros filmes.

—Trabajo no le falta.
—Mis próximas películas las hice antes de que me diesen el Goya. Pero ¡vamos!, sí tengo que reconocer que ahora mismo tengo la suerte y soy uno de los pocos privilegiados que, en la situación en que está el cine en España, está teniendo bastantes ofertas. Y estoy convencido de que No habrá paz para los malvados ha contribuido a ello.

—Algunas de sus próximas películas, como Hijo de Caín, se rodaron en Cataluña. ¿Hablaremos en un futuro de esta provincia como un país independiente?
—Para mí, me da igual lo que sea. Amo a Cataluña. Llámalo un país, o como quieras, en el que he pasado mucha vida y al que le tengo mucho cariño. Te tengo que decir, de todas formas, que toda esta crispación que se transmite en la prensa viene más propiciada y provocada por los políticos que por el ciudadano catalán de a pie. En Cataluña, una tierra a la que adoro y admiro, me siento absolutamente en casa.

—José Coronado tiene trabajo garantizado, ¿pero cómo se la llevan sus compañeros con la depresión económica?
—Llevo 26 años en esta profesión, y desde que empecé el cine español siempre estaba en la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos). Siempre ha habido problemas, y sigue habiéndolos, y aún así hemos sabido salir siempre a flote. Ahora nos lo están poniendo más difícil que nunca, con todos los recortes, y entiendo que también nuestro sector tiene que apretarse el cinturón. Pero en cualquier caso tenemos el modelo francés o el modelo alemán. Sobre todo el francés, en el que cuidan la cultura de una forma tremenda y encima con resultados económicos positivos. A mí muchas veces me da rabia que no sepamos copiar lo bueno de otros. Pero saldremos adelante. Yo creo que en estas épocas de crisis lo que implican es el hacer un mayor esfuerzo, ponerte más las pilas, para intentar aportar más calidad. Tengo una fe absoluta en el talento humano que tenemos en España, no solo de actores, sino directores y guionistas, y en que estamos en el mejor momento de nuestra historia cinematográfica. Lo que pasa es que las instituciones nos lo ponen difícil, pero no van a poder con nosotros.

—Santos Trinidad abre No habrá paz para los malvados con un acto indefendible. ¿Le costó justificarlo éticamente?
—Sí. Santos Trinidad es un despojo de la sociedad, un antihéroe, un hombre que tiene el diablo dentro, que está perdido. No tiene ni busca ningún tipo de salvación. Avanza en línea recta hacia la perdición. En su tiempo fue un buen policía, pero los azares del destino y de la vida le han llevado a ser lo que es. Se mueve en el infierno. Y una noche cualquiera, en cualquier sitio, Santos pierde el control y a partir de ahí se instala el caos. Las consecuencias son imprevisibles. Empieza la película —y no develo nada— borracho como cualquier noche, en un motel, un puticlub de carretera, se carga a tres personas, y a partir de ahí comienza una caza humana que, como te digo, va a cobrar unas consecuencias absolutamente imprevisibles, y lo que se pensaba que era simplemente un caso de narcotráfico se va a convertir en algo mucho mayor, que es una red de radicalismo islámico que está preparando un atentado. Y la película lo que está contando, sobre todo, es sobre la inseguridad y el miedo  que se vive en Europa y Norteamérica desde el 11-S y el 11-M en Madrid, y pone además de manifiesto los pecados de funcionarios que no hacen bien su trabajo.

—Al menos físicamente, ¿Santos Trinidad no se le parece a Pablo Escobar Gaviria?
—¡Hombre! Él es un buen policía, lo que pasa es que su vida personal le ha llevado a ser el despojo que es. De hecho, desde que comienza esta caza humana él hace una investigación de matrícula de honor. Él sabe hacer su trabajo y es lo único que le queda. Vamos, no es un asesino, simplemente un hombre perdido. No tiene razones para vivir, y seguramente lo que encuentra es una buena razón para morir, pero no por heroicidad. Él todo lo hace por salvar su culo. Uno de los miedos que le transmití al director Enrique Urbizu era que hombre, Santos Trinidad, es el protagonista, el que empieza la película y la acaba, lleva todo el peso de la historia sobre sus espaldas… Y yo tenía miedo de que no se formase una mínima empatía con el espectador. Y curiosamente el espectador le coge, no te digo cariño, pero sí apuesta por Santos Trinidad, porque se da cuenta de que solo él puede llegar a sitios donde la policía ortodoxa no puede llegar. Este despojo es el único que puede salvar al mundo. Un extraño fenómeno, pero una delicia: haber conseguido que una alimaña como este hombre sea vitoreado, de alguna forma, por el espectador. Físicamente lo que intentábamos era mostrar la dejadez. No le importa la vida, está perdido, lo sabe. Está absolutamente dejado. Engordé para este personaje, a base de ponerme ciego a comer y beber, para meter el personaje dentro de mí. Pasé muchas noches en moteles de carretera, viendo a toda esta gente, todos estos alcohólicos que tienen hasta su forma especial de acodarse en las barras. Es su día a día.

—Grandes actores han engordado para sus papeles, como Robert de Niro en Toro salvaje, así que se unió a una tradición.
—¡Hombre! Pienso que es obligación del actor no aburrir. Intentar, sobre todo, sorprender. El aspecto físico de tus personajes, el envoltorio, siempre que no sea gratuito, ayuda mucho a componer al personaje y hacer más creíble tu trabajo como actor. Has nombrado a De Niro...Me encantaba cuando veía al boxeador Jack La Motta o al sicópata de Taxi Driver, yo no veía a De Niro, veía a sus personajes. Ahora que ya está más viejo te aburres más, no es tan admirable. Pero me quedé con eso y durante toda mi carrera intenté que las caracterizaciones estén dentro de mis personajes, siempre que no sean gratuitas.

—No habrá paz para los malvados muestra un lado oscuro de la inmigración musulmana y latinoamericana en España. ¿Aprecia un aporte cultural positivo en quienes han llegado a su país?
—España es un país de inmigrantes. Y me parece que, por lo que estamos viviendo ahora mismo, volverá a serlo. Veo un aporte extraordinario. El universo tiene que tender a mezclarse, a que haya Babeles. Eso enriquece la cultura. Cada uno aporta lo suyo, pero la mezcla siempre incorpora cosas que hacen que evolucionemos. El país que se queda aferrado y anclado en su cultura no llega a participar en el juego universal.

—¿Al director Enrique Urbizu le preocupaba estimular estereotipos negativos de los musulmanes?
—Sin duda alguna. De hecho, los más malotes en la película son de países del Este. Son los que empiezan todo. Enrique es un vasco de estos pudorosos, muy comprometido, y tuvo especial cuidado. He hecho otra película con él, La caja 507, en la que Enrique ponía de manifiesto el famoso caso de corrupción Malaya tres años antes de que ocurriera. Enrique es un tío tremendamente documentado, con un criterio absolutamente imparcial y objetivo, que en ningún caso deja al albur el tratamiento de culturas diferentes a la nuestra.

—Urbizu es un director fundamental en la carrera de José Coronado. ¿Tiene nuevos proyectos con él?
—Hay cositas. No habrá paz para los malvados es nuestra tercera película juntos. Le quiero como amigo y le admiro como director. Creo que es el mejor director de cine que existe en España y creo que en Europa. Con Enrique, cuando él quiera, lo que él quiera. Si me necesita para un camarero que pasa por detrás, se lo haré, porque a Enrique le debo muchísimo, no tanto en lo profesional como en lo personal. Me ha contagiado el volverme a enamorar de mi profesión.

—¿Qué le parece que Silvestre Stallone sea el intérprete de Santos Trinidad en la futura versión estadounidense?
—¡Hombre, pues desde luego que tiene el aspecto a favor! ¡Je, je!

—¿Conoce Sudamérica?
——Menos de lo que me gustaría. En Venezuela por desgracia no he estado. En Argentina mucho más, he rodado. Conozco Brasil, Perú, Centroamérica.

—¿Pero sí tiene amigos venezolanos?
—Bueno, venezolanos en España, aquí tenemos a un gran showman, que es Boris Izaguirre, y a una estupenda presentadora, Ivonne Reyes. Y ambos son muy amigos míos, sí.

No habrá paz para los malvados
Suspenso. España, 2011
Director: Enrique Urbizu
Desde el pasado viernes en cines