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El desnudo genera encanto, pudor y taquilla

Sombras del sexo | Williams Marrero

Sombras del sexo | Williams Marrero

El recurso artístico cobró auge en los años sesenta. Directores como Luis Fernández en Despertar de primavera o Dairo Piñeres en Sombras del sexo lo utilizan para denotar naturalidad, vulnerabilidad o erotismo

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Desvestirse en privado es costumbre, pero hacerlo en público es un arte. Los actores de teatro lo saben. Ellos conocen muy bien las diversas reacciones que causa su desnudez en el público: algunas personas abren los ojos de asombro, hay quien se tapa la cara por pudor, los que ríen tímidamente en complicidad con su pareja y también están los que siquiera parpadean porque están concentrados en la obra.

Escandaloso o natural, la fascinación del hombre por su anatomía está presente en todo tipo de manifestaciones artísticas.

¡Oh Calcuta! de Kenneth Tynan y Camisetas de Patrick Sheridan fueron algunas de las piezas que abrieron camino a la estética que plantearon en la década de los años sesenta directores como Carlos Giménez en Tu país está feliz. Hoy en día la exploran creadores como Dairo Piñeres en Sombras del sexo y Luis Fernández en Despertar de primavera.

Cada uno está interesado en darle una connotación al desnudo, con el que se puede expresar naturalidad, vulnerabilidad o erotismo. En las obras de Fernández su uso es recurrente. “Los temas que me interesan como espectador, director y actor suelen ser complejos y perturbadores. Me interesan las historias humanas que dejan algo al debate y al pensamiento crítico. Con frecuencia, estas historias tienen momentos muy íntimos de los personajes que a veces incluyen un desnudo circunstancial, una escena de sexo o una masturbación, que es lo que hacemos en nuestras vidas continuamente. Si la historia tiene eso, pues lo tiene”, señala.

Piñeres siempre ha estado interesado en la anatomía humana. Considera que en la ejecución del desnudo desempeña un papel fundamental la conjunción de otros elementos. “Es importante cuidar la plástica, la luz, la música. El espectador está siendo estimulado y hay que saber crear una atmósfera para que el desnudo mantenga un sentido y no sea abrupto”.

Ambos coinciden en que el guión de la obra da ciertas directrices, pero es su visión la que predomina. “La obra o el guión plantea una historia. El director decide cómo contarla. Si vas a hablar del despertar sexual, como en Despertar de primavera, o de una ‘reafirmación de género’ como en el caso de la película Tamara, sería cobarde y pacato por parte del director y de los actores no mostrar ese despertar sexual o ese ‘género’ alrededor del cual gira toda la historia. Eso es decepcionante. Me formé en los años noventa con grupos como el Theja y Rajatabla. El desnudo era normal si la historia lo exigía. No era un tema de discusión. No entiendo que lo sea en 2015”.

Para Piñeres, el hecho de que un intérprete se niegue a hacer un desnudo no le resta mérito como profesional. “Pero busco otro actor, porque no obligo a nadie. Si el personaje va a tener un desnudo es lo primero que le digo, porque es parte de la planificación artística”.

Vestirse de piel

Haydeé Balza es recordada como una de las actrices que llamó la atención con sus desnudos en las tablas venezolanas desde los años sesenta. La Celestina, en 1967, fue uno de los primeros en su carrera. “La visión del director priva en estos casos porque son ellos los que estudian el montaje global. El desnudo es una herramienta de trabajo para el actor”, dice.

Balza también se desvistió en ¡Oh, Calcuta! y Baño de damas. En el cine, apareció sin ropa en El pez que fuma. “Como intérprete debes estar dispuesto a entregarte en función del arte”, expresa.

En eso coincide Pablo Andrade, ganador del Premio ACE 2015 como Mejor Actor Dramático por Noche tan linda. En 2011 participó en el montaje Queen and Queers de Tennessee Williams, que reúne cuatro cuentos homosexuales. “El desnudo fue una metáfora de la vulnerabilidad de los personajes. Estuvimos desvestidos la hora y media que dura el montaje. Como actor uno debe estar dispuesto a todo. No hay mayor desnudez que a la que te sometes cuando enfrentas tus miedos delante del público”, indica.

Sin embargo, hay quienes prefieren no hacerlo. Es el caso de Erikka Farías, una de las actrices de Despertar de primavera. “Mi relación de respeto con el director Luis Fernández es mutua, tanto que aceptó mi decisión de no hacer el desnudo. Simplemente dije que no, pues yo consideraba que no se justificaba dentro de mi personaje”.

Público receptivo

El crítico teatral Edgar Moreno Uribe afirma que no hay desnudos sin sentido. “En el espectáculo teatral nada es gratuito ni improvisado. Puede ser un gancho para atrapar público, lo que termina generando taquilla”. No obstante, piensa que lo que termina pagando la entrada es el contenido de la pieza junto con las actuaciones. “El morboso no va al teatro, se queda en su casa viendo pornografía”, afirma.

Moreno Uribe señala la pieza Al natural de José Vicente Díaz como otro de los referentes importantes. El autor dice que le interesaba mostrar el estilo de vida de los nudistas para romper con los estereotipos que manejaba la gente. “El público fue muy receptivo. Me comentaron que el Opus Dei se pronunció, pero no trascendió”.

La pieza estrenada en el año 2009 tuvo temporadas en Teatrex y en Escena 8. Productores de Colombia, México, Chile y Argentina adquirieron los derechos del montaje. En el extranjero, incluso, exigían al público quitarse la ropa para entrar a la sala. En Venezuela no pudo realizarse el experimento. “El teatro no contaba con lockers para que la gente guardara su ropa, aparte de que no lo veían con muy buenos ojos”.

Moreno Uribe concluye: “Los actores siempre están desnudos y se cubren con las ropas de sus personajes, hacen travestismo teatral siempre”.