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La desesperación del país tiene su registro en la música

Famasloop en 2012 hizo una versión de “Por estas calles” de Yordano | Archivo

Famasloop en 2012 hizo una versión de “Por estas calles” de Yordano | Archivo

Desde hace años se ha debatido sobre el deber del compositor e intérprete con su entorno. Hay quienes afirman que existen momentos en los que no se puede ser neutral 

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A diferencia de otras manifestaciones artísticas, la música suele ser más propensa a cuestionamientos por el alcance que tiene, bien sea por el ritmo o por la letra. Hay géneros que en su momento fueron considerados obscenos por la forma en que invitaban a moverse, así como otros fueron tildados de transgresores por sus mensajes.

El tango, por ejemplo, fue una música que representó sentimientos de una ciudad, sus pesares y también angustias. Si bien en los años sesenta se popularizó la de protesta, que acompañaba a los movimientos revolucionarios de entonces, muchos años antes se escuchó la calle en los temas de Carlos Gardel. Algunos, incluso, llegaron a ser considerados crónicas de una urbe aquejada como “Vida amarga”, “Pordioseros” o “Silencio”. 

En Venezuela, en la música llanera y la gaita, ha habido casos similares con piezas como “Lamento bolivariano” de Reynaldo Armas o “La grey zuliana” de Ricardo Aguirre. 

“Hubo una época en la que los cantantes hicieron muchos temas, pero después disminuyó. Fui una de las primeras en cuestionar lo que estaba pasando en el país en 2002. Claro, eso me trajo consecuencias graves, disminuyeron mis ingresos porque dejaron de llamarme para actos del Estado. Por ejemplo, tengo más de 14 años sin ir a las fiestas de Elorza”, cuenta Rummy Olivo. 

La intérprete de “El gabán fracasado” indica que, a pesar de las contrariedades, se siente tranquila porque considera que hizo lo correcto. “Quedé ante la historia como una persona que expuso su opinión. Muchos me criticaron por lo que hice, pero en el transcurso de los años algunos me han dicho que tenía razón; otros prefirieron callar por conveniencia. Son personas que han formado parte de Corazón llanero, una gira de conciertos en la que se invirtió mucho dinero en tarimas, traslados y pagos de músicos mientras el país se desmoronaba. Se supone que el artista debe ser neutral, pero cuando uno ve las cosas que pasan tiene que manifestar, pues ante todo uno es un ciudadano”, afirma Olivo. 

Gabriela Montero es responsable de una pieza que también se considera pertinente, “Ex patria”, que define como un tapiz de anécdotas sobre la violencia, la corrupción, la muerte, la esperanza, el hurto y el exilio. “Es una obra avasallante que busca que el oyente experimente la ansiedad, la tristeza y el conflicto en Venezuela. Es sumamente emotiva y la escribí muy consciente de que sería muy difícil, pero a la vez muy verdadera. Es nuestra historia desde hace 17 años, una fotografía fiel de nuestra sociedad actual. Pero sin importar en cuál país la toque, el público entiende, se abre la conversación y Venezuela pasa a ser un tema central. Se acaba el silencio. Desaparece la apatía.”, dijo la pianista el año pasado.

El violinista Alexis Cárdenas piensa que la música es por lo general un reflejo de su entorno o una metáfora de la sociedad. “La historia nos ha demostrado que en todas las represiones políticas el arte se despierta con toda su vitalidad para responder a este problema”, indica.
Cuando se le pregunta por alguna obra que considere un ejemplo de relación entre autor y contexto responde: Réquiem para un idiota de Carlos Duarte. 
Otro género sobre el que se ha debatido es el rock. Hay quienes consideran que la situación del país ha sido ignorada por las bandas, mientras que otros aseguran que sí ha sido tomada en cuenta por los compositores. 

Aun cuando Alain Gómez, vocalista de Famasloop, ha aclarado que en sus discos la sátira social tiene un pequeño porcentaje, la agrupación se ha caracterizado por hacer bastante ruido al promocionar temas como “Choro Dance”, “Vaca lechera” o “No pasa nada”.
“Siempre lo hemos hecho con humor, la cara civilizada de la desesperación. No creo en soluciones violentas, como las de aquellos que en una protesta golpean a un policía. No esperamos que fuera cool hablar de los desastres de este gobierno. Lo hacemos desde que comenzamos, cuando muchos de los que ahora son opositores radicales estaban callados para figurar en conciertos del gobierno. ¡Ojo, no reclamo que mis colegas hayan usado recursos del Estado para hacer música! Muchos olvidan que ese dinero es de nosotros. Y prefiero que se invierta en eso antes que en balas o bombas lacrimógenas”, señala el compositor desde México, donde está actualmente residenciado. 

En los años recientes la diáspora ha sido un tema constante en algunos compositores. Luis Irán lo trata en “Maiquetía” y Desorden Público en “Los que se quedan, los que se van”. En el caso de este último grupo hay un tema que se ha convertido en una referencia obligada: “Políticos paralíticos”. En su disco Los contrarios (2011) también trataron la polarización, la crispación y la pesadilla cambiaria en canciones como “Llora por un dólar”. 
Rawayana estrenó ayer “Tucacas”. Alberto Montenegro, el cantante, describe el tema como una autocrítica. “Hacemos una analogía de nuestra idiosincrasia, de nuestro comportamiento y por qué hemos tenido a las personas que nos han gobernado”.

Hace cuatro años Onechot presentó “Rotten Town”, con un contundente video de Hernán Jabes. La producción se convirtió en referencia en lo que se refiere a música y su contexto. En el hip hop también hay ejemplos, como “Petare barrio de Pakistán” y “Caracas loca” del cantante El Prieto y, más recientemente, “Perdónalos” y “Sr. Presidente” de NK Profeta.