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El desertor se entregó a las montañas de Jajó

La ópera prima de Raúl Chamorro se estrenó el 12 de marzo, con una proyección especial a los habitantes del pueblo trujillano en el que filmaron. Es protagonizada por Leonidas Urbina y Magdiel González

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Para llegar hasta Jajó hay que rodar 20 minutos por una carretera empinada rodeada de montañas de un color verde intenso. Un pueblo de 4.000 personas que está ubicado entre los límites de Trujillo y Mérida con un paisaje abrumador.  

Se conoce que los primeros habitantes del lugar eran parientes de los cuicas, una etnia luchadora que resistió a los españoles desde sus asentamientos en las alturas: los jakones. Con la llegada de las misiones católicas, la letra “k” fue dominada al igual que los indígenas y se fundó en 1611 un caserío que llevaría por nombre Jajó. 
Este mágico pueblo ha sido testigo de múltiples historias, la mayoría relegadas a los recuerdos. Hasta el año pasado, cuando Raúl Chamorro quedó flechado con sus calles empedradas y tradicionales casas. El tiempo parece haberse detenido en Jajó, la atmósfera perfecta para la filmación de la ópera prima del director, una película ambientada en la década de los sesenta en la que el contexto es tan protagonista como sus actores. 
El desertor narra una historia de amor imposible entre dos jóvenes, que insistentemente son separados por las circunstancias del destino. La cinta es también un retrato de abusos de poder en un país en el que la impunidad tiene larga data. 

El argumento. El subteniente Montilla (Leonidas Urbina) utiliza su posición dentro del Ejército para maltratar a sus subalternos. Durante una redada en el pueblo se encapricha con Julián (Magdiel González), un campesino que se llevan a la fuerza para que forme parte del cuerpo de reclutas.
Montilla es el típico maltratador con experiencia. En el cuartel, sus atropellos son la ley. Pero Julián logra escaparse de sus manos gracias a la insistencia de su abuela Juliana (Glenda Mendoza), quien pide su libertad por ser el único pariente que tiene en el pueblo. 
El destino, sin embargo, volverá a jugar en contra de este ingenuo muchacho luego de que su novia Sagrario (Eliane Chipia) aparece en escena. La joven despertará una obsesión incontenible en el subteniente, que terminará por desencadenar una tragedia persecutoria cuando Julián se convierte en desertor.  
  
La producción. La preparación de los protagonistas masculinos no fue sencilla. Los actores Leonidas Urbina y Magdiel González se internaron durante dos meses antes del rodaje en la Brigada de Infantería del estado Mérida. El primer cambio que asumieron fue físico, con el régimen de entrenamientos de los soldados. La idea era darles veracidad a los personajes. En esa búsqueda se toparon con el verdadero aprendizaje que tenía este ejercicio: conocer las dinámicas de poder que existe entre los militares, que trasladaron luego al set de filmación.
El desertor cuenta con un elenco totalmente andino, que destaca por su autenticidad en la pantalla grande. En general, las actuaciones logran impulsar el argumento de la historia, a excepción quizás de la abuela de Julián, el papel más flojo de la película. La dirección de Raúl Chamorro, así como la fotografía de Gerard Uzcátegui y la edición de Miguel Ángel García, son los puntos fuertes de esta producción.
“La filmación impactó al pueblo. Todos se mostraron abiertos a participar como elenco y a brindar su apoyo al equipo de producción. Espero que la película guste, sobre todo en la provincia”, expresa Chamorro. 
La historia de El desertor también permitió mostrar las tradiciones del pueblo andino, que pocas veces han sido retratadas en el cine. 
“En Venezuela se están haciendo buenas historias, que reflejan nuestras realidades. La invitación es a que vengan a reconocerse en la pantalla, que se sientan identificados con los personajes. Luego conquistaremos al público internacional, pero siempre desde lo local”, indica Magdiel González.
 
El escenario. Esta no es la primera vez que Jajó sirve de escenario para una película. El año pasado, cuando comenzaron a llegar las cámaras para el rodaje, se dispararon los recuerdos en la memoria colectiva del pueblo.
Mimí Lazo y Antonio Banderas protagonizaron Terranova, la ópera prima de Calogero Salvo que fue estrenada en 1991, que ciertamente tuvo como escenario las casas de este pueblo, donde al igual que en El desertor se desencadena un drama amoroso. Este privilegiado lugar rodeado de montañas tiene buena atmósfera para los temas románticos.
 
Punto de partida

La película se proyectó por primera vez el pasado 12 de marzo. El director Raúl Chamorro decidió estrenar El desertor ante el público de Jajó como un homenaje a la comunidad que le abrió los brazos a todo el equipo de producción. 

La función comenzó a las 8:00 pm, en una pantalla grande instalada frente a la iglesia del pueblo. En la calle principal que colinda con la plaza Bolívar se colocaron 150 sillas. No fueron suficientes. Más de 800 personas se reunieron esa noche para presenciar ese momento que quedará para el recuerdo de Jajó, cuando sus habitantes se convirtieron en protagonistas de cine.