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El decorado de la insidia

Anna Karenina | Archivo

Anna Karenina | Archivo

El cineasta británico Joe Wright y su habitual musa Keira Knightley hacen una poco convencional y claustrofóbica adaptación de la Anna Karenina de Tolstoi

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Si Anna Karenina hubiera cometido un delito, sería juzgada con menos dureza que por lo que hizo: romper las convenciones de una sociedad que examina su vida íntima como si ella estuviera en una pecera. Casada con un funcionario del Estado ruso mayor que ella y madre de un hijo, sintió pasión sexual por un hombre joven y atractivo.

El director inglés Joe Wright, de nuevo cómplice de Keira Knightley como en Orgullo y prejuicio (2005) y Expiación (2007), pretende que el espectador vea con distancia el drama de la heroína creada por León Tolstoi y no se encandile por una superproducción de época. Pero no falta la belleza en su nada convencional adaptación; de hecho, el único Oscar que se llevó el pasado febrero fue por el diseño de vestuario de Jacqueline Durran.

A cada virtud de la Anna Karenina de Wright se le puede oponer un pero, y viceversa. Es una película fría y distante, pero hace pensar a la gente. El director puede ser atacado por pretencioso y afectado, pero no buscó la solución más fácil para su película. La sutil Keira Knightley, siempre ideal para viajar en una máquina del tiempo con todo y clóset, se ha convertido en una musa ideal para las adaptaciones literarias, aunque hay una parte de la audiencia que no la tolera por repetitiva.

En vez de irse a San Petersburgo para reproducir de manera realista la atmósfera de la Rusia imperial de finales del siglo XIX, Wright se inventó algo que no es exactamente teatro filmado, sino una sociedad claustrofóbica y prejuiciosa retratada como el escenario de un espectáculo. La dirección artística, que también hubiera merecido un Oscar por su ingenio, muestra un decorado que se arma y desarma, como una casa de muñecas (¿un guiño a la dramaturgia del sueco Henrik Ibsen, contemporáneo de Tolstoi?) o un huevo Fabergé. Por supuesto, no falta una gran escena de baile. Otra secuencia bastante atípica recrea una carrera hípica.

Wright se balancea riesgosamente sobre un desfiladero entre la creatividad y el narcisismo, aunque saca a Anna Karenina de un contexto romántico para hacerla atemporal en su cautiverio de la habladuría. Es una mujer que parece más torturada que liberada por sus decisiones.

El reparto parece más interesante a medida que se aleja de los grandes papeles. De Knightley ya se ha dicho que se le adora o se le detesta. Aaron Taylor-Johnson no parece la mejor opción como el conde Vronsky, el desencadenador de los acontecimientos adúlteros. Jude Law muestra una contención admirable como el traicionado marido Karenin. Matthew Macfadyen se divierte como Oblonsky, el hermano de Karenina. Emily Watson y Olivia Williams le roban relieve por momentos a Knightley. Domhnall Gleeson muestra la contrafaz de la chismosa sociedad urbana como el honesto hombre de campo Levin, y de hecho su personaje se presta para romper la minimalista puesta en escena.

Anna Karenina

Drama. Reino Unido, 2012

Director: Joe Wright

Reparto: Keira Knightley, Jude Law, Aaron Taylor-Johnson, Matthew Macfadyen, Emily Watson

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