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Una década sin Vytas Brenner

El hombre nacido en Alemania, hijo de una operista y un lituano, fue pionero del rock venezolano. El músico, que murió un día como hoy pero en 2004, editó en los años setenta algunas de las obras más osadas de la discografía nacional

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Nada es más difícil para un músico que buscar un sonido auténtico. No existe un reto mayor para cualquier artista que se considere creativo. También es un desafío mirar un país, con su geografía, su idiosincrasia y su dinamismo, y tratar de retratarlo a través de melodías y armonías. Vytas Brenner lo intentó hace más de cuatro décadas, cuando a la mayoría le parecía una locura.

El músico, que nació en 1946 en Tübingen (Alemania), llegó a Venezuela a los 3 años de edad. Creció artísticamente en un contexto en el que las bandas, en su mayoría, reproducían en castellano los hits anglosajones. Existía un abismo. De un lado estaba el folklore, lo tradicional y la manifestación del campo y la montaña; del otro, lo urbano y el influjo que representó el rock n’ roll y sus ramas en la juventud de la época. Ni siquiera se asomaba eso del neofolklore, un término que sonó con insistencia mucho más tarde, en los tiempos en los que fue aprobada la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión (2003).

A Gregorio Montiel Cupello, uno de los grandes difusores de su obra, le contó que conoció al guitarrista Pablo Manavello y, a través de él, llegó al baterista Frank Rojas y al bajista colombiano Carlos Acosta. La primera canción, que representó un abreboca de lo que venía, surgió cuando la Fundación del Niño, presidida por Alicia de Caldera, le encargó a Brenner la grabación de la banda sonora para un documental que se realizaría en Mérida. Así nació “Frailejón”, el aperitivo de La ofrenda de Vytas.

Mientras los hermanos Spiteri estaban en una búsqueda similar en Londres, el multiinstrumentista presentó su joya discográfica. A esa le siguieron Hermanos (1974), más inclinado hacia la electrónica –que estudió en Tennessee, Estados Unidos–, y Javeche (1975), más impregnado de jazz rock y funk. En Vivo (1977), álbum que cerró el ciclo, fue el registro de sus giras con la banda La Ofrenda, con la que vivió sus años dorados.

Como lo señaló Montiel Cupello en su nota de despedida, publicada en El Nacional el 22 de marzo de 2004, el compositor fue innovador en varios aspectos: “Hizo el primer disco de rock sinfónico hecho en el país, si tomamos en cuenta sus orquestaciones y elementos académicos, los experimentos electrónicos, los sucesivos cambios que caracterizaban a las piezas y los diferentes ingredientes musicales que la nutrían (...) el disco en vivo fue el primer álbum en concierto (y además doble) de la historia del rock”.

Vytas Brenner, figura que inspiró a los jóvenes con deseos de formar agrupaciones, fue antes que nada un valiente explorador. Enemigo de los clichés y el encasillamiento, buscó con perseverancia el sonido genuino a través de piezas como “Morrocoy”, “La Restinga”, “Gavilán” y “San Agustín”, que fue versionada por Los Amigos Invisibles en su disco Super pop Venezuela (2005).

El artista, formado en sus inicios en el Colegio Emil Friedman, también le inyectó profesionalismo a la movida. La Ofrenda, su banda, fue quizá la primera agrupación rentable con esas características. Contaba Brenner que en las giras llegaron a viajar 20 personas, entre músicos, técnicos y ayudantes. Usaba la mejor tecnología del momento e incluía elementos de escenografía.

En la década de los ochenta y principios de los noventa siguió editando trabajos de menor trascendencia. Murió en Salzburgo un día como hoy, pero de 2004, cuando curiosamente planeaba volver al estudio y reactivar su proyecto musical. Su legado puede resumirse al responder una interrogante. ¿A qué sonaría la Venezuela moderna? Seguramente sería una gran fusión, algo muy heterogéneo, pero es probable que fuera algo muy parecido a lo que propuso Vytas Brenner.