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La danza desafía la gravedad de la crisis en el país

Ballet Teresa Carreño | Cortesía: Teatro Teresa Carreño

Ballet Teresa Carreño | Cortesía: Teatro Teresa Carreño

Directores y coreógrafos coinciden en que no se ha dejado de producir. Sin embargo, afirman que los montajes son menos profundos porque han mermado las condiciones de trabajo debido a la falta de apoyo

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La danza empeñó el oro de su época dorada para mantenerse en pie. El apoyo financiero con el que contaban los laboratorios hace más de 30 años fue mermando, al igual que los lugares para crear y mostrar su talento. A pesar de eso, abril fue un mes muy activo para los exponentes del género, quienes celebraron el jueves el Día Internacional de la Danza bailando a contracorriente.

“En más de tres décadas nunca hemos dejado de producir, sea en espacios grandes o pequeños”, afirma Luz Urdaneta, una de la precursoras del movimiento dancístico en Venezuela. “En años anteriores fuimos referencia en Latinoamérica. Ahora se está trabajando en condiciones muy difíciles. El arte debe inundar el país, hay compañeros que han llevado la danza a las comunidades. Aplaudo esas iniciativas con alegría, porque mantenemos nuestro oficio vivo. Pero también deben existir políticas de Estado que apoyen económicamente al sector”.

Los laboratorios independientes reciben del gobierno 30.000 bolívares al año para gestionar todos sus proyectos. Con ese monto deben cubrir los salarios de los bailarines y los costos de producción. La Compañía Nacional de Danza y la Universidad de las Artes son las instituciones que cuentan con más recursos. Así lo señala la coreógrafa británica Julie Barnsley. “Se han cerrado los laboratorios independientes de danza, o no son permanentes, porque no cuentan con el mismo apoyo que las instituciones del Estado. Es muy grave que se haya debilitado este movimiento porque, históricamente, los avances más importantes han venido de ese sector”.

Barnsley considera que el talento en el país no se debe desperdiciar. “Basada en mi experiencia de trabajo en Latinoamérica puedo decir que la gente en Venezuela y Brasil nace bailando. Todos tienen oportunidad de formarse acá como licenciados en Danza”.

El título se puede obtener después de cinco años de estudios solo en Unearte. La carrera ofrece las menciones de Intérprete de Danza Contemporánea, Clásica, Tradicional Venezolana y Gestión y Producción Cultural en Danza. También existe la posibilidad de graduarse como técnico superior universitario.

Sin embargo, hay muy pocas plazas para ejercer y vivir del oficio. “La Compañía Nacional de Danza es una de las opciones, tiene todas las condiciones”, cuenta el director de Sieteocho, Armando Díaz.

Un bailarín de esa institución percibe entre 13.000 y 20.000 bolívares mensuales, mientras que en los laboratorios independientes solo se le paga por proyecto. “Yo puedo decir que sí vivo de mi carrera, pero conozco muchos compañeros que tienen que dar clases de pilates, yoga y matar tigres para poder completar el sueldo”, cuenta Díaz.

Esa imposibilidad de dedicarse a la danza por completo ha hecho que los procesos de creación hayan cambiado con el tiempo. “No ha mermado la cantidad de montajes, pero sí la profundidad de lo que se presenta. Es muy difícil mantener un cuerpo estable de baile, moldear a los bailarines que se desean. Todos no pueden dedicarle el tiempo necesario a la búsqueda del lenguaje, es por eso que los procesos se acortan. Ya no hay tanto tiempo para la investigación y todo se redimensiona”, afirma la coreógrafa Inés Rojas.

Otro de los problemas que aqueja a los creadores es la polarización. Al menos eso piensa Rommel Nieves, director de 100% Impro. “La política es nuestro mayor obstáculo”, dice sin pensarlo dos veces. “El gobierno tiene los recursos, pero la creatividad es de nosotros. Todos los que están en cargos institucionales son unos cabeza de chorlito que están pendientes de si eres de un bando o de otro. Estuve trabajando con Pdvsa La Estancia y me arrepiento. Te llaman para meterte de relleno y lo que más duele es ver cómo despilfarran el dinero”.

No obstante, a pesar de la crisis se siguen abriendo espacios. La directora de Cultura Chacao, Claudia Urdaneta, anunció recientemente que desde ahora la institución dedicará el mes de abril al proyecto Danza entre Manos. “¿Cómo hace un coreógrafo para llevar adelante su trabajo? La danza tiene unas condiciones peculiares, necesita un espacio adecuado. El teatro se puede ensayar en la sala de la casa de alguien, pero con la danza es diferente”.