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"La cultura no salva pueblos pero una que otra mente sí"

Daniel Centeno

Daniel Centeno

Daniel Centeno, director de la revista cultural Coroto, habla de la experiencia de lanzar una revista en donde se ha publicado premios Nobel, Cervantes, Pultizer, Rómulo Gallegos y aún no muere en el intento. Ya son cuatro números

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La revista Coroto es un sueño, literalmente de cuatro locos en El Paso (Texas), esa ciudad fronteriza que es testigo, de primera mano, de la desgracia del otro lado de la frontera. Y no sólo de ahora, con la llamada guerra al narcotráfico, sino desde la revolución mexicana iniciando el siglo pasado: "En Sunset Heights, una porción de El Paso pegada a Ciudad Juárez, se podían escuchar los fragores de una lucha intestina tan absurda como real. Fue en esa época en la cual se hizo uno de los primeros emprendimientos turísticos que se conozca: en las colinas del lado gringo se vendían y rentaban parcelas a precios atractivos. El fin era tan innoble como el dinero: desde las lomas era posible ver el espectáculo de la bala y la carne, del aullido y el silencio, de la causa y la pérdida. La distracción duró poco. Un norteamericano entusiasta se acercó mucho a su distracción, y un proyectil le dio de lleno en el alma", escribió alguna vez, Daniel Centeno, director de esta revista cultural.

Es así, como desde esa ciudad, ahora sale un vistazo a lo más amable de Latinoamérica: su cultura, en sus diversas vertientes y con un nombre particular para enmarcar sus páginas: Coroto. Los fundadores, Daniel Centeno, Daniel Ríos Lopera y Diego J. Bustos, hacen un juego con el origen de la palabra: desde aquella, muy venezolana que mezcla al pintor Camille Corot con José Tadeo Monagas y Antonio Guzmán Blanco, cada uno con sus “corotos”. Pero también con la raíz indígena de la palabra; en fin una palabra, “inasible en su nacimiento y acepción. Y como pasa con todo lo que vale la pena en esta vida, alguno de sus usos son afortunados y otros no tanto”, señalan los creadores de la revista.

Cuatro números ya publicados, la revista muestra algunos cambios: Diego Bustos ya no está y la editora Lourdes Cárdenas tampoco, con lo que ahora el staff se conforma así: Centeno es el director, Ríos subdirector y Alejandra Silva es la editora. Y una buena ocasión para hablar de cultura y los esfuerzos de llevar un emprendimiento de este tipo.

- Con cuatro números listos, ¿cuál es la experiencia recogida en este tiempo?
- La experiencia no ha sido fácil. En primer lugar aprendimos a ser frasquiteros pero con medida. Siempre hemos dicho lo demencial que fue armar una revista de la nada y con el nivel que pretendimos lograr. Con todo y eso, salimos ilesos del trance. Contentamos a los autores, a los lectores y a nosotros mismos como editores. Nos quedó un trabajo de calidad y que ha sido muy comentado. Por otro lado, no es extraño conseguirnos con ofrecimientos de grandes firmas sólo por el hecho de salir en lo que ellos perciben como un fetiche cuatrimestral. Pero creo que, aunque nos duela reconocerlo, todo proyecto de esta índole no se sostiene con tan sólo una mirada artística. Hay otros nichos que se deben llenar para que las cosas sean autosustentables, y es en lo que estamos trabajando ahora mismo.
El camino ha estado lleno de cadillos y cardones, pero al mismo tiempo repleto de satisfacciones. Lo digo porque demostramos que sí es posible hacer una buena labor editorial independiente, con ganas y dosis de guáramo. En el corto tiempo que tenemos ya hemos publicado a premios Nobel, Pulitzer, Cervantes, Reina Sofía, Rómulo Gallegos, etc. Hicimos un número temático japonés del que aprendimos más que en la universidad. Armamos el de Carlos Fuentes... Además, sabemos que otras revistas internacionales con más fama e historia están preguntando por esos locos de El Paso que sacan ese all star en cada número, sin que seamos conocidos, vayamos de intensos o formemos parte de alguna camarilla literaria. En fin, es posible. Somos la prueba de eso.

-Sin capital hicieron esta revista y ahora piden dinero para seguir caminando... ¿cómo se logra convencer a una institución o algún mecena para seguir creciendo con Coroto?
-La hicimos sin capital porque las condiciones estuvieron dadas para eso. Sin embargo, la proyección era hacer unos tres números así. Ahora mismo estamos en el cuarto. Te preguntarás por qué pensamos de esta manera, y te respondo: porque muchas becas, ayudas, etc. necesitan una muestra del trabajo realizado. En algunos casos es una condición llegar con parte del proyecto publicado. Pues bien, ya eso lo cubrimos. El tema es que nosotros también necesitamos comer y no podemos mantener una revista para siempre con nuestro dinero y mil favores más. A veces, pensamos que tenemos la labia para convencer a premios Cervantes, Pulitzer, etc. para que no nos cobren por su trabajo. Incluso a imprentas. Pero la que sirve para lograr lo mismo con mecenas o instituciones requiere de otras vivezas (y de llenar un papelero loco). Ahora mismo estamos en eso, y reconozco que es raro ver cómo todo el mundo se emociona con la revista, nos dicen que no debemos dejarla de hacer, que la esperan con alegría, y luego al momento de cobrarla o pedir la donación todo cambia. Se me ocurren algunos caciques, estrategas culturales o simples asomados venezolanos que nos podrían dar una inducción de cómo sacar esa plata. A diferencia de muchos de ellos, los coroteros cumplimos con un gran trabajo sin macollas ni nada por el estilo.

-¿Por qué una revista cultural en tiempo de vivencias "líquidas" como dice Zygmunt Bauman?
-¿Y por qué no? En estos tiempos también hay espacio para las vivencias "sólidas". Y, si nos ponemos más golpeados en la respuesta, podemos decir que la sacamos porque somos tercos, por llevar la contraria y todo eso. Y, para asombro de la gente, las redes sociales han demostrado que también hay más tercos por ahí: nuestros seguidores, la mayoría diseminados por todas partes. Algunos, incluso, meten sus revistas en las maletas para distribuirlas en librerías de sus países. ¿A quién se le ocurre ponerle a una revista tan culta el nombre de Coroto?

- La distribución, hasta los momentos ha sido complicada, sobre todo en Venezuela, por aquello del control de cambio, ¿cuál es el reto para llegar a más gente, sobre todo en el país?
-La revista la regalamos. Es decir, si vives en la Isla de Pascua, y tienes Internet, te aseguro que podrás leerla de cabo a rabo. Es la única forma que tenemos de combatir el asunto de las dificultades con la distribución en físico. Los ejemplares que salen en papel ya son para los seguidores más hardcore de este proyecto: los que quieren su muchacho en las manos, porque es bonito, se hizo con cariño y es un objeto de buena factura (buenas tapas, papel, etc.). También estos corotos reales son para nuestros colaboradores, que entregan sus trabajos sin pedir nada a cambio, confiados, totalmente gratis, aunque se trate de inéditos de Antonio Gamoneda, Carlos Fuentes o Ernesto Cardenal, entre un largo etcétera. El cuarto, número, que ya salió, es toda una locura gráfica de las que nos cuesta reponernos. Tenemos al maestro mexicano José Luis Cuevas con unas ilustraciones que valen oro y unas fotos históricas de los Beatles, que aún nos tienen alucinando. Y, puestos a hablar de ese grupo musical, sin Miriam Luque en el diseño de la revista, nos sentimos como los Beatles sin George Martin: ella es la única que sabe cómo grabar la música que tenemos en la cabeza.

- ¿La revista tendrá en un futuro, alguna actividad más allá de su publicación en papel y en la red?
-Eso está por verse. Tenemos decenas de ideas: premios, encuentros, publicación de libros, un perfume, una cadena de hamburguesas, otra de hoteles, un bar poético, un grupo como Velvet Underground en la época de The Factory, una línea aérea, un parque temática, una película, etc. Lo que hay es que buscar al mecenas o pegarse el Kino.

- Al final, la cultura, ¿salva pueblos?
-No sé si pueblos, pero una que otra mente, sí. Aunque he conocido a gente muy culta, o que dice serlo, que es como para darle de comer aparte... Me guardo los nombres, pero no cuesta mucho imaginarlos.