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La cultura actúa como la salvación del alma

Grupo Fénix de Yare III, que se creó hace mes y medio, incluye actores y músicos / Raúl Romero/El Nacional

Grupo Fénix de Yare III, que se creó hace mes y medio, incluye actores y músicos / Raúl Romero/El Nacional

Esperando a Godot y El rey del basurero fueron las dos muestras de arte penitenciario que se presentaron como parte del Festival de Teatro de Caracas, que finaliza el próximo domingo

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Ellos encontraron en el teatro un compañero intangible con el que pueden ser libres. Con él se sienten inmensos mientras pasan las horas tras las rejas. Bien supieron representarlo el dramaturgo Arístides Vargas y el actor Gerson Guerra con La razón blindada, que trajo el año pasado al Festival Internacional de Teatro de Caracas el grupo ecuatoriano Malayerba.

La semana pasada, como parte del Festival de Teatro de Caracas organizado por Fundarte, la sala principal del Teatro San Martín se convirtió, en dos ocasiones, en el lugar donde un grupo de presos le habló a la sociedad a través del arte. Una fue El rey del basurero, escenificada por el Grupo Experimental de Teatro Alma Falconiana, de la Comunidad Penitenciaria de Coro. La otra fue una versión de Esperando a Godot, pieza de tono existencialista de Samuel Beckett presentada por el Grupo Fénix de Yare III.

Antes de estrenarse al público, los actores del Grupo Fénix se maquillaban en un caluroso camerino del teatro. Guardias nacionales y custodios vigilaban el lugar. Entraban y salían de esa atmósfera sudados. Rafael Crespo, un barquisimetano de 36 años de edad que representaría más tarde a Estragón, habla de la imperiosa necesidad de alzar la voz: “Con la obra queremos hacerle ver a la gente que quienes estamos allá somos seres humanos igualitos; que merecemos oportunidades y ser escuchados, reincorporarnos a la sociedad. Nuestro mensaje a los compañeros es que mantengamos siempre la mente fija en un objetivo. No importa cuánto tiempo tarde. El día de mañana las puertas se abrirán. Esto no es eterno”.

Al finalizar la obra –dirigida por Oscar Escobar y protagonizada también por Fabián Villegas, Jackson Núñez y Aníbal Pereira– los custodios se colocan en el proscenio e impiden el paso del público. Un joven desde la oscuridad de la sala dice: “Ese es mi papá”. Son varios los que se aglomeran. Dejan subir a los familiares. Se abrazan entre las lágrimas.

“Estas actividades son un acercamiento diferente a lo que tenemos en prisión. Ojalá se repita y que también participen otras cárceles. Fabián siempre ha estado influenciado por el teatro porque mi papá ha sido mimo toda la vida. Para nosotros ha sido una sorpresa que se haya motivado más estando allá adentro. La última vez que lo visité fue el año pasado, casi no voy. Somos de Valencia y por ser mujer la cuestión de la revisión es incómoda”, cuenta Andreína Villegas, hermana de uno de los actores.

El Grupo Fénix, que fue creado hace mes y medio, forma parte de las actividades culturales y deportivas que se llevan a cabo en Yare III, en las que participan alrededor de 400 reclusos. “El arte es un desahogo y un aprendizaje. Cuando el preso entiende la cultura cambia su proceder como persona. Necesitamos apoyo. Trabajamos a veces con las uñas”, expresa Milton Mota, coordinador de Cultura de Yare III.

Antecedentes

El director Armando Gota cuenta que inauguró el teatro penitenciario en la cárcel de Tocuyito a finales de los años sesenta. Allí creó la agrupación La Barraca, integrada por reclusos, con la que presentó obras como La excepción y la regla de Bertolt Brecht: “Fue una experiencia única. Uno enseñaba, pero muchas veces aprendía de ellos. De ese grupo salieron después jóvenes que se dedicaron al arte. La cultura no sólo es positiva, sino necesaria”.

Una década más tarde, la actriz Agustina Martín, con apoyo del Conac, el Ministerio de Justicia y la Cantv, llevó adelante el Festival de Teatro Penitenciario, que tuvo 6 ediciones. Incluyó montajes de autores como Rodolfo Santana y movilizó a casi 1.000 presos durante los años que funcionó.

Fue creada la Fundación Cultural Penitenciaria y un teatro, anexo al Rodeo, cuya construcción se inició durante la Presidencia de Luis Herrera. Para algunos, el traslado del festival a esta sede fue una de las causas de su desaparición.

De esta experiencia surgió Félix Jaramillo, que a su salida del Centro Penitenciario de Oriente creó la Compañía Teatro Libre de Caracas. En una oportunidad declaró a El Nacional: “Siempre haré teatro pensando en los hombres y mujeres que están presos porque sé que necesitan ayuda (…) de lo contrario la sociedad estará impidiendo que tengan la posibilidad de salvarse a sí mismos. Cuando uno halla una razón de ser, puede salvarse”.