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Luigi Sciamanna: “No creo que se esté haciendo más ni mejor teatro que antes”

El actor Luigi Sciamanna forma parte del comité seleccionador | Foto Archivo El Nacional

El actor Luigi Sciamanna forma parte del comité seleccionador | Foto Archivo El Nacional

El director cierra la tetralogía que inició con La novia del gigante. La nueva propuesta es la más ambiciosa y arriesgada del conjunto. El autor considera que es necesario rescatar esos aspectos en la escena local, pues a su juicio el teatro atraviesa una crisis general 

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La sonrisa de La Gioconda desaparece cuando se fija la mirada en ella, dicen algunos expertos. Aseguran que el juego de sombras que utilizó Leonardo Da Vinci al momento de pintarla genera ese efecto visual. El hecho es que Luigi Sciamanna no ha podido descifrar su estado ánimo, pero tiene la certeza de que el público reirá con la historia de su robo.

El delito cometido en 1911 por un trabajador del Museo del Louvre es la excusa que usó el director para explotar su creatividad y ficcionar lo ocurrido en Monna Lisa, la comedia que cierra su tetralogía centrada en obras de arte del Renacimiento.

Es la primera pieza que Sciamanna comenzó a escribir, pero la última que estrenará por el “azar de la producción”. Trece actores se multiplicarán en cincuenta personajes, una apuesta ambiciosa y arriesgada con la que el autor pretende reivindicar el trabajo teatral que se hace en el país.

—¿Por qué decidió cerrar su tetralogía con esta obra?

—Fue la primera que comencé a escribir y por cosas del teatro es la última que se estrenará. En mi cabeza siempre estuvo presente la teoría de Sigmund Freud acerca de la sonrisa materna de La Mona Lisa. La estuve trabajando en paralelo con La novia del gigante, El gigante de mármol (sobre el David de Miguel Ángel) y 400 sacos de arena (acerca de La Última Cena).

—Aparte de la historia, ¿en qué otros aspectos se diferencia esta obra de las anteriores entregas del conjunto?

—Lo primero es que esta es una comedia. También es el más costoso y ambicioso de todos los montajes de la tetralogía. Son trece actores que deben interpretar a cincuenta personajes y cada uno tiene un cambio de vestuario completo. Es casi como producir una ópera.

—¿Cuál es su relación con La Mona Lisa?

—De las tres obras del Renacimiento sobre las que he escrito, La Mona Lisa es la única que no he tenido la oportunidad de ver. Tal vez ahora que cierro esta tetralogía (toca madera) sea el momento idóneo para conocerla.

—¿Qué licencias se tomó al momento de ficcionar el robo de La Mona Lisa en 1911?

—Me tomé todas las licencias. Los únicos hechos reales son que el cuadro lo robó un italiano que trabajaba en el Louvre y que reapareció en Florencia. El resto es ficción rocambolesca, como es que Sigmund Freud y Camille Saint-Saëns encabecen la investigación del hurto. Ellos, por supuesto, no tuvieron nada que ver con esto.

—Es común que haya cambios en la adaptación de una obra literaria al formato cinematográfico. ¿Cree que esta historia mantendría el mismo espíritu si es llevada a la pantalla grande?

—Esta es la más cinematográfica de todas las obras. Tanto que está escrita con la libertad de que podamos hacer una película. Sin embargo, en el teatro soy el papá de la criatura, porque puedo hacer de todo. La diferencia está en los medios. En el cine, si haces una escena de una playa tienes que irte a una de verdad. En el teatro no, y es lo que me fascina, porque es el reino de la imaginación. Por más realismo que trates de poner, nunca es el mar de verdad. Ahí es donde el público abre la mente a esa experiencia que genera la actuación en vivo, que en el cine no existe, pues se proyecta sobre un cuerpo plano que es la pantalla.

Luigi Sciamanna suma casi tres décadas de trayectoria artística. Debutó como actor en 1987 de la mano de Ugo Ulive en Nuestro Hamlet. Se graduó de licenciado en Arte, mención cine, en la Universidad Central de Venezuela. En la gran pantalla, su trabajo en Reverón de Diego Rísquez fue elogiado por el público.

—¿Cuál es su opinión de la nueva oleada del cine en Venezuela?

—Se debe trabajar mucho, filmar con más tiempo y poner más atención al arte del actor. Hay que escribir más y mejores guiones. A pesar de que la relación del cine con el intérprete ha cambiado muchísimo con el tiempo, creo que todavía los creadores tienen que terminar de comprender que filman actores, que es lo que realmente importa dentro de la cinematografía. No se debería dar tanto peso a un asunto técnico de fotografía, sonido o edición. El trabajo del actor es capital.

—¿Cuál es la película que más le ha gustado?

—Mi vida de espectador ha estado muy bajo perfil porque me he entregado por completo a Monna Lisa. Recientemente me gustó Espejos y Pipí mil, pupú dos lucas.

—¿Hay estereotipos de actores en Venezuela?

—A mí me siguen ofreciendo papeles de médico, villano, cura y asesino, solo por ser calvo. Te meten en un saco por tu aspecto. Hay que pelear contra eso y darle a entender a la gente que uno tiene un rango de alcance mayor.

—En cuanto al teatro, ¿qué balance puede hacer de la cartelera venezolana hoy en día?

—En Venezuela no sé, pero en Caracas tenemos una cartelera de dos páginas en la que estamos todos mezclados: los que hacemos teatro, stand up, los strippers, las modelos. A mí me parece buenísimo que todo el mundo haga de todo, pero yo no creo que se esté haciendo más ni mejor teatro que antes. El teatro atraviesa una crisis creativa, de falta de riesgo, de propuestas. Es una situación compleja que no me gusta responder a rajatabla. Estamos asediados por muchos problemas. Crisis económica, política, la inseguridad, la crisis de lo que consume el espectador. El día que alguien dijo “esto es lo que la gente necesita ver por televisión”, la televisión se volvió mediocre, y eso está pasando en el teatro.

—Con respecto a la gestión de gobierno en materia cultural, ¿qué opina sobre la inversión de 320 millones de bolívares en el Festival de Teatro de Caracas?

—Es bueno que la gente vea un espectáculo internacional, pero en este momento a mí me hubiese gustado que ese dinero se invirtiera en otra cosa. La cultura siempre es necesaria. ¿En este momento, cuál es el alcance real de ese festival? Por otra parte, parece haber aumentado la brecha entre los sectores. Yo tengo dos años persiguiendo a Fundarte para que programen una de mis obras en el centro de la capital. A mí me gustaría estar en el Teatro Municipal o el Teatro Nacional, pero nunca han podido asignarme una fecha.

—¿Si tuviera que explicar la situación actual del país con una obra de teatro, cuál escogería?

—Me viene una a la mente, pero no debería decir el título.

—¿Cómo ve a la generación de relevo del teatro venezolano?¿Le gusta el trabajo de alguna figura en particular?

—Deben trabajar duro y salir menos en las revistas. Prefiero no mencionar a ninguno.

—¿Qué proyectos tiene próximamente?

—Seguiré en teatro y cine, pero es prematuro hablar de eso.

Monna Lisa

Asociación Cultural Humboldt, San Bernardino

Estreno: 25 de abril

Funciones: sábado y domingo, 3:30 pm

Entrada: 450 bolívares

Vivir al ritmo del arte


Luigi Sciamanna se olvida del mundo cuando se entrega al teatro. Su celular está encendido, pero quienes lo conocen saben que no atenderá hasta que termine los ensayos, esas jornadas de siete horas o más a las que se somete para lograr la excelencia de sus trabajos.

Monna Lisa lo absorbió por completo. No pudo participar en el Festival de Teatro de Caracas, entrenar a Jesús Miranda para el papel de Pirela ni actuar como jurado en el Festival de Jóvenes Directores Trasnocho.

Sciamanna ha trabajado día y noche con Armando Cabrera, Jorge Palacios, Wilfredo Cisneros, Gerardo Soto, Marco Alcalá, Pastor Oviedo, Christopher Peinado, Luis Sarmiento, Rafael Carrillo, Homero Díaz, Carlos Sánchez Torrealba, Roberta Zanchi y Sheila Monterola, los trece actores que asumieron el reto de participar en uno de sus montajes más ambiciosos.

Eva Ivanyi y Raquel Ríos fueron las encargadas de diseñar y confeccionar los cincuenta cambios completos de vestuario que usarán los intérpretes.