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"No creo que sea una estrella"

Maite Delgado | Foto: Archivo

Maite Delgado | Foto: Archivo

Quien durante 14 años estuvo al frente del Miss Venezuela gestiona delante y detrás de las cámaras su programa de entrevistas. Asegura que bajó del trono ficticio en el que estaba y que ahora lo que hace es trabajar

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De estar en lo que denomina "un trono de reina" —un lugar en el que asegura haber sido colocada sin que ella se lo creyera— Maite Delgado pasó a ser la organizadora, productora y conductora de su programa de entrevistas El Show de Maite, en el que trabaja con un equipo de cuatro personas. No obstante, dice que se siente plena y activa, luego de haber superado alrededor de cinco años de trabajo en los que quedó confinada a animar la gala del Miss Venezuela y a atender a sus clientes publicitarios.

"Vengo de una casa donde es importante ser precavido y ahorrativo. Soy, además, una mujer que nunca gasto más de lo que tengo y que de lo que gano guardo la mitad. Me gusta basar las decisiones de mi vida en lo que quiero, no en lo que necesito. Más allá del aspecto económico y el país, basé mi renuncia a Venevisión en sentirme feliz. Llegó un momento en el que a mí me pareció exacto agarrar las riendas de mi destino. Bajé de mi trono ficticio, en el que honestamente nunca me senté, y comencé a buscar una oportunidad porque lo que quería era trabajar", cuenta la rubia, que en persona destila mucha más elegancia de la que indudablemente transmite en televisión.

—Dijo que quería un programa para crear conciencia y terminó con uno de entrevistas, ¿por qué?

—El tema social es algo que siempre tuve por dentro porque, si bien la televisión es negocio y entretenimiento, no debemos olvidar que es un medio masivo que entra en la intimidad de la familia. Siempre tuve la inquietud de desarrollar esa parte social. Muchas veces me senté con Venevisión a proponerles ideas, pero nunca se concretaron. Ahora estoy feliz de que tengan una campaña al aire para rescatar valores.

La aplaudo porque todo lo que sea tocar la conciencia ciudadana de la gente es bueno. Pero otra de las cosas que me encantan es conversar, así que la idea del programa de entrevistas también estuvo ahí siempre.

En radio hice los micros con mucha responsabilidad social, pero cuando llegó el proyecto de la televisión los dejé porque no me podía encargar de las dos cosas.

—¿En El Show de Maite es Maite la estrella?

—A lo largo de estos 25 años de carrera siempre he sido un hilo conductor. No creo que sea una estrella, nunca me he vendido como tal, ni creo que la gente me perciba así. Soy simplemente la conductora. Si en algún momento lo he hecho no ha sido intencional, porque siempre le he huido a eso. Tengo tan claro que la estrella es el entrevistado que establezco toda la plataforma para que así sea, para que se sienta maravilloso, feliz, seguro y tranquilo de que todo lo hacemos para destacar su lado positivo.

—Estuvo distanciada de la prensa durante años para evitarse inconvenientes. ¿Cómo entrevistadora se pone límites para no incomodar?

—No me pongo límites, pero en mi diccionario personal la palabra respeto es primordial. Si de alguna forma le falto el respeto a un entrevistado es por omisión, porque no me di cuenta. Pero es una cosa en la que pongo especial cuidado, sobre todo al elaborar las preguntas. Si hay un tema que es incómodo para el entrevistado suelo tocarlo antes y le pregunto si podemos hablar de eso. La experiencia me ha demostrado que cuando te aproximas con respeto, la persona con la que conversas no se pone límites.

—¿Considera que fue necesaria la lejanía con los periodistas?

—Fue una decisión tomada desde el respeto. Vengo de una familia de comunicadores, mi papá fue hasta profesor en la UCAB. El silencio duró lo que tuvo que durar. En aquella época influyeron varios factores: yo era una niña que tal vez no tenía la coraza que tengo ahora, que tenía la ilusión de hacer una familia, que me casé con una persona que no tenía relación con este medio y por eso me pareció digno de respeto que hiciéramos una raya real.

Dije: "No te pido que hables de mí sólo para decir cosas bonitas, simplemente no te metas conmigo". Afortunadamente, los años pasaron y maduramos todos, tanto de aquel lado como de éste, y decidimos volver a jugar. Aprendí que lo incómodo no es la pregunta, sino la respuesta.

—¿Ve el Miss Venezuela?

—Joaquín Riviera siempre me decía que el concurso no tenía una animadora oficial, entonces yo me fui preparando. Yo pensaba: "Si me llaman este año, seré yo; si no, bueno...".

Siempre creí que el día que no me tocara lo vería feliz en pijama, comiendo cotufas en mi cama. Pero estos dos años la vida me ha planteado una situación distinta: el primer año tenía al aire mi programa con la entrevista de Juan Gabriel y lo vi. Esta vez pude verlo picadito porque Televen tenía la entrega de los premios Tu Mundo animados por una venezolana y amiga, Gaby Espino.

—¿Esa noche recibió mensajes en su Twitter para que volviera?

—Muchísimos. Hubo mucha gente que me trató de hacer caer en su juego y no quise hacerlo por respeto, porque de donde quiera que salga siempre dejo las puertas abiertas.

Eso para mí es muy importante. Pero sentí que la gente me recuerda.