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El conflicto universitario pasó de lo salarial a lo ideológico

Para algunos alumnos y profesores, la táctica contra las universidades autónomas implementada por el Gobierno era estrangularlas paulatinamente con un presupuesto insuficiente | FOTO: SAMUEL HURTADO

Para algunos alumnos y profesores, la táctica contra las universidades autónomas implementada por el Gobierno era estrangularlas paulatinamente con un presupuesto insuficiente | FOTO: SAMUEL HURTADO

Profesores e intelectuales se refieren al problema como vertiente de la crisis cultural

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Desde hace casi dos meses, las universidades públicas se mantienen en paro para lograr el aumento de los salarios de profesores y trabajadores, así como el incremento de su presupuesto, que desde hace un lustro es insuficiente. A esas demandas se suman la exigencia de que el Gobierno respete la legitimidad de la Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela –que representa a 40.000 docentes– y el rechazo a la Primera Convención Colectiva Única para el sector universitario, que amenazaría la autonomía universitaria.

El jueves se instalaron las dos primeras de las cuatro mesas de diálogo en las que se intentará solucionar el problema, según el acuerdo entre el ministro de Educación Universitaria, Pedro Calzadilla, y la Asociación Venezolana de Rectores. En esas mesas, la de atención integral del estudiante y la de análisis e instrumentación de la Convención Colectiva Única, participan la Fapuv y la Averu. En las que se organizarán la semana que viene se tratarán las insuficiencias presupuestarias y la calidad de la enseñanza.

Si bien las mesas de diálogo representan una oportunidad para solucionar los problemas planteados, lo ocurrido hasta ahora es una vertiente del conflicto entre el Gobierno y algunos sectores intelectuales. El matiz que han tomado las discusiones evidencia que para muchos profesores se trata menos de una pelea por el aumento salarial que por el valor que la educación tiene en Venezuela.


De sueldos e ideologías. A pesar de referirse inicialmente a demandas financieras, se trata de un antiguo enfrentamiento escrito en clave ideológica. Norberto José Olivar, miembro del Consejo de Escuela de Educación de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Zulia, explica que si bien el conflicto se originó en los problemas presupuestarios ahora lo que se discute es el papel de la educación en el país. “La táctica contra las universidades autónomas implementada por el Gobierno era ir estrangulándolas con el presupuesto paulatinamente”, dice el autor de El príncipe negro: “Cuando el Gobierno presentó su oferta presupuestaria, venía contaminada con el proyecto de ley de universidades que el mismo Hugo Chávez había hecho a un lado. Allí se hablaba de educar para la revolución y el socialismo. Esta proclama, al final, fue en contra del Gobierno, porque, en cuanto se enteraron, estudiantes y profesores se unieron para defender la libertad de pensamiento. Así se ha fortalecido la autonomía universitaria. El primer round contra este gobierno lo ganamos nosotros. O por lo menos quiero pensarlo así”.

Diómedes Cordero, profesor de la Universidad de los Andes y organizador de la Bienal de Literatura Mariano Picón Salas, piensa que este es otro capítulo de un problema que tiene más de una década, porque opina que el chavismo tiene una lógica antiintelectual y militarista, por lo cual adelanta una política de destrucción de la universidad autónoma, democrática y popular.

Carlos Villarino, profesor de Psicología y Sociopolítica en la Escuela de Comunicación Social de la UCV, considera que la actitud que el Gobierno mostró en las últimas semanas contra las protestas de los profesores en paro es marcadamente antiintelectual. “En el Plan Nacional de Formación Permanente 2011-2012: ‘Dimensión Cultura Universitaria’ del Ministerio de Educación Universitaria se afirman con claridad dos cosas: primero, que la autonomía universitaria fomenta la ‘promiscuidad ideológica’ y está al servicio de intereses económicos antinacionalistas y alienantes. Y, segundo, que la universidad a la que aspira el Gobierno está al servicio de un proyecto nacional popular en el que la universidad es heterónoma al Estado. Queda claro que la vía expedita para garantizar la ‘monogamia ideológica’ es que la universidad sea heterónoma frente a las políticas de gobierno (ya que en este modelo político Estado y gobierno tienden a fusionarse), controlando de ese modo las líneas de investigación, los contenidos programáticos de las cátedras, los pénsum de las carreras, los mecanismos de ingreso, los criterios de graduación, los métodos de evaluación, la contratación de profesores y los mecanismos de ascenso”, explica el autor de El otro infierno (2010).

Así, mientras las universidades y el Gobierno se sientan a negociar sobre presupuestos, desde la perspectiva cultural lo que resulta evidente es que la guerra por la libertad de pensamiento libra por estas fechas sus batallas más importantes.


TESTIMONIOS:

Ana Teresa Torres, psicóloga y narradora

“El Gobierno no ha ganado un solo decanato ni una federación de centros, y para combatir esas derrotas ha creado un sistema universitario paralelo, pero no es suficiente. Las universidades no se han plegado intelectualmente (aunque haya profesores y estudiantes pro Gobierno) y el cerco económico es una medida para que se sometan. También el cerco de violencia, particularmente en la UCV. No es que consideren innecesarios a los pensadores, sino que quieren que la gente piense como ellos. Le dan valor a la educación, pero tiene que ser la educación como ellos la conciben. En los proyectos de ley universitaria que se han propuesto puede leerse la concepción que tiene el Gobierno de la universidad y del conocimiento”


Earle Herrera, periodista y narrador

“No veo cuál es el proyecto de ley universitaria al que se refieren quienes protestan. Hubo uno del año 2010 que se aprobó en la Asamblea Nacional y que el Presidente devolvió. La verdad es que desde hace 14 años las autoridades rectorales de las universidades autónomas acusaron a Chávez de intentos de asaltar esas casas de estudios. Y resulta que lo que ha hecho este gobierno es elevar la autonomía a rango constitucional. Así lo hicieron en la Constitución de 1999, cuando en el artículo 109 quedó expreso que el Estado reconocería la autonomía universitaria ‘como principio y jerarquía’. El presidente Chávez, a quien señalaron de querer asaltar la UCV, fue el que le devolvió el Jardín Botánico y la Zona Rental que Rafael Caldera le había quitado”.

 

Arturo Gutiérrez Plaza, poeta y ensayista

“El tema es complejo, porque no sólo se trata del sueldo de los profesores. Este es el punto donde revienta el asunto, pero todo comienza por la asfixia de las universidades, que ha implicado un debilitamiento serio de estas instituciones autónomas por varios asuntos. A la falta de dotación se le agrega el debilitamiento de sus recursos humanos, pues es cada vez menos atractiva para un profesional joven la carera académica. El profesor que produce investigación está desapareciendo, porque ahora los más jóvenes no quieren dedicarse a la vida académica a tiempo completo. No pueden vivir de eso. Así que no se trata sólo de un conflicto por presupuesto, es sobre la calidad de pensamiento que queremos producir en Venezuela. Por eso creo que esto se debería transformar en un movimiento que integre a todo el universo de la educación superior del país”.



RECUADRO

Educar fuera de las aulas

El paro tomó un cariz creativo en la Universidad Central de Venezuela, donde los profesores dictaron clases diferentes a las que estipulaban sus programas. La Escuela de Letras de la UCV, por ejemplo, organizó recitales, lecturas y charlas, con autores de diversos géneros, entre ellos Alberto Barrera Tyszka, Rafael Castillo Zapata, Yolanda Pantin, Armando Rojas Guardia, María Fernanda Palacios y José Balza. Las escuelas de Comunicación Social y Psicología realizaron clases abiertas en el bulevar Sabana Grande, la fuente de Plaza Venezuela y la plaza Brión de Chacaíto, en las que participaron Erik del Bufalo, Iria Puyosa, David de los Reyes y Pedro Enrique Rodríguez, entre otros.