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La cocina de Jacqueline Goldberg transmuta en poesía

Jacqueline Goldberg / ALEXANDRA BLANCO

Jacqueline Goldberg / ALEXANDRA BLANCO

En su más reciente libro, Limones en almíbar, la autora plasma el goce por la gastronomía y su documentación sobre el tema

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La cocina no es una pasión masiva. Para muchos es solo una rutinaria y tediosa necesidad, una acción ineludible para la continuidad de la faena.
Aquellos que la ven con hastío muchas veces apenas saben cómo se prepara un arroz y se aliña un trozo de carne, o de carambola fríen un huevo.
Jacqueline Goldberg está en la otra acera, la de amantes de preparar y degustar un plato. En su casa, las reuniones con amigos y familiares terminan en la cocina. Entiende a quienes no sienten lo mismo: “Claro, exige paciencia, memoria y tiempo”, dice.
Es tanto el disfrute que se ha dedicado a escribir sobre el tema y ahora con el libro Limones en almíbar quiere que su poesía tenga el agrado de una buena cena, no necesariamente muy elaborada.
Goldberg disfruta desde lo más sencillo hasta lo más laborioso. Es fiel al café de la mañana, al Toddy frío y a las hallacas en diciembre, sin dejar de lado los platos de la cocina judía, reminiscencias de su niñez.
En los textos hay nostalgia, esa que se siente cuando se palpan sabores y se sienten aromas, épocas y personas. Hay también recetas, aquellas de su padre que fueron probabas en la infancia.
“La cocina es un punto donde confluyen aromas, sabores, memorias y tradiciones, que se conservan al ser remozadas”, afirma.
Para ella, el título es una metáfora de la vida y de ella. “La vida es así, con cosas que se contraponen. También es una alegoría de lo que fue el año 2014, lleno de días amargos, pero con momentos satisfactorios. Incluso, habla de mí. No es desconocido que soy agria, pero también tengo una parte dulce”.
Como en la vida, en la cocina hay fracasos. Goldberg incluso ve frustraciones en el éxito. “Si un plato es complejo, puedes pasar días en la compra de los ingredientes y la preparación. Luego te das cuenta de que se come en 10 minutos. ¡Tanta vaina para esto! Pero así es todo. Lo bueno es que queda en la memoria”.
En las páginas de Limones en almíbar hay investigación. Por eso, en un texto se pueden encontrar alusiones a lo que comía el papa Pío V. “Es parte del juego intelectual que tiene el poemario. Trabajo lo que se llama poesía documental. Tengo las recetas de lo que comía ese papa”, detalla Goldberg, quien lee los libros de cocina en la cama, como si fueran novelas o poemarios.
Estas publicaciones le remiten imágenes, vislumbra los mercados en los que comprará los ingredientes, cómo sabrán al prepararlos. “Las recetas tienen una poética. Los cocineros están entendiendo eso, por eso es que hay cada vez más quienes al escribir sus procedimientos hacen poesía, sin perder la exactitud”.