• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

El cine venezolano, el silencio que opaca la crítica

El crítico Alfonso Molina considera que, en la historia del cine nacional, las mejores películas se han caracterizado por la comprensión de la realidad venezolana

El crítico Alfonso Molina considera que, en la historia del cine nacional, las mejores películas se han caracterizado por la comprensión de la realidad venezolana

Hay quienes aseguran que hay autocensura y otros defienden la libertad creativa del cineasta al incursionar en diversos temas y géneros

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El crítico Rodolfo Izaguirre recuerda en su libro Acechos de la imaginación que en 1941 se estrenó el filme Juan de la calle, escrito por Rómulo Gallegos, sobre un joven pandillero que se venga de la mujer que lo aleja de la muchacha que ama.


Huye a la montaña, pero un viejo amigo lo convence de que vuelva e ingrese a un retén de menores, un final que entonces se apegaba a un proyecto del Ministerio de Educación (coproductor de la cinta) de crear este tipo de centros para recuperar a adolescentes delincuentes. 
Izaguirre indica que entonces la prensa afirmó que “se trataba de la película venezolana sobre la cual se edificaría en el país el cine que tanto anhelamos”. Desde entonces han sido decenas las producciones estrenadas, varias de ellas con un tema social que las vincula, pero con distintos puntos de vista. 
El cineasta Román Chalbaud reconoce que el éxito de lo que él llama películas sociales se debe a que el público se identifica porque son historias que se ven en los periódicos. “Es lo que pasa con Cangrejo o Macu, la mujer del policía. Trataron problemas como la delincuencia y la pobreza. No quiere decir que en todas se vea esto, pensar así es un gran error porque hay todo tipo de géneros”, dice.


Sin embargo, en los años recientes, hay un sinsabor entre algunos realizadores y críticos por lo que se está mostrando en la pantalla grande. El director Hernán Jabes si bien alaba la exploración de nuevos géneros y la calidad de algunos filmes, desdeña todas aquellas producciones que responden al facilismo, al negocio y al panfleto político. Es de los que afirman que el cine no puede hacerse la vista gorda ante lo que ocurre en Venezuela. “Lo lamentable es que no se está hablando de lo que hay que hablar, ni contándose las historias que debemos contar. Dada la situación del país es absolutamente irresponsable que el cine no sea más contundente para tratar nuestra situación”, señala el director de Piedra, papel o tijera(2012), una película con una bien desarrollada metáfora entre la cadena alimenticia y la ciudad de Caracas.


La cineasta Solveig Hoogesteijn, realizadora de Macu, la mujer del policía, coincide con Jabes. “Estamos en un país sometido a cambios muy fuertes, pero poco de ello se muestra en pantalla. Se recurre a muchos temas clásicos como género, pero no veo reflejada la realidad. Hay excepciones, claro, como Pelo malo de Mariana Rondón. Me pregunto las razones de la autocensura. Tal vez se deba a que el cine cuesta mucho dinero y hay un prejuicio de que los proyectos presentados al CNAC se deciden por su filiación política. Olvidan, tal vez, que los gremios están representados en las comisiones que estudian las propuestas. La libertad de expresión debería estar garantizada. Otra razón puede ser la indiferencia, seres que logran vivir fuera del contexto. El artista tiene esa posibilidad de refugiarse en mundo imaginarios”.


El crítico Alfonso Molina considera que, en la historia del cine nacional, las mejores películas se han caracterizado por la comprensión de la realidad venezolana. “Pero también han surgido otras muy superficiales y una corriente de cine comprometido que es poco crítico y más bien complaciente”.
Sin embargo, el también periodista piensa que el cineasta tiene un deber consigo mismo como creador y como ciudadano. Piensa que el contexto es simplemente el espacio donde trabaja y el artista decide cómo abordarlo. “El cine debe reflejar la cosmovisión de sus creadores. Ese es el punto de partida. Un maestro como Román Chalbaud expone sus visiones a favor de la revolución bolivariana de la misma forma como Mariana Rondón expresa la incertidumbre de una niñez atrapada en la pobreza. Sus obras hablan del mismo país, desde ópticas diferentes y ambas legítimas. No creo en el cine de denuncia sino en la reflexión de nuestros creadores. Elio Petri, a principios de los setenta, afirmó que una película no cambia la realidad pero sí contribuye a la reflexión sobre ella”. 


Molina también habla del silencio de algunos sectores. “Tal vez por temor a no ser financiados por la Villa del Cine o a perder espectadores. Cineastas que prefieren imitar a Tarantino (con violencia gratuita) que generar su propia propuesta estética”.
Jabes pertenece al grupo que si bien ha sido financiado por instituciones del Estado, no ha dejado de expresar lo que considera pertinente en sus tramas. “Es bueno recordar que el CNAC es un ente estatal que administra los recursos asignados por un gobierno y sobre todo los aportes que hacemos en el año los que nos rompemos la espalda trabajando en las distintas áreas del cine o producción audiovisual del país. Optar por financiamiento estatal es un derecho que tienen todos los que quieran desarrollar una obra cinematográfica de cualquier índole y tema. Hay que aprovecharlo”. 


Entre las excepciones están Hermano (2010) de Marcel Rasquin, Azul y no tan rosa de Miguel Ferrari (2014), La distancia más larga (2015) de Claudia Pinto y Desde allá (2015) de Lorenzo Vigas. Son trabajos que han sido críticos con su entorno y a la vez han recibido financiamiento de entes estatales.


Chalbaud ha sido criticado por su apoyo a la revolución bolivariana y las situaciones mostradas en sus más recientes películas como El Caracazo (2005), Zamora, tierra y hombres libres (2009) y Días de poder (2011). 
“Siempre me gustaron los filmes históricos. En televisión hice pero con muy pocos recursos. Cuando se creó la Villa del Cine me ofrecieron esa posibilidad y quedé encantado. Hay que asomarse a la historia para aprender”, expresa. 


¿Y el tema social, la situación actual? “Es un tema interesante. Siempre he luchado por la paz. Tengo mis ideas y respeto la de los demás. Mi hermana fue fundadora de Copei y secretaria de Luis Herrera Campins. Nos queríamos mucho. ¿Entonces, qué es la palabra democracia?”, responde.