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El cine sale de las salas para formar ciudadanos

Cine al aire libre en la Hacienda La Vega / Omar Véliz

Cine al aire libre en la Hacienda La Vega / Omar Véliz

Cada vez más personas asisten a las proyecciones de películas al aire libre que se ofrecen en Caracas como una alternativa para el encuentro

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Hay quienes creen que lo especial del séptimo arte viene dado por la intimidad de una sala de cine. Pero combinar la tranquilidad de los espacios al aire libre con un techo lleno de estrellas se ha convertido en la fórmula favorita de algunos espectadores para disfrutar de una buena película en Caracas. A las 6:30 pm, cuando el sol cae. Si a esta imagen se le agrega una manta y víveres, pues mejor.

En 2006, el circuito Gran Cine organizó la primera proyección al aire libre en la capital. Una experiencia que se lleva a cabo desde entonces en diversos lugares y que sirve de excusa para compartir con familiares y amigos gratuitamente.

Bernardo Rotundo, presidente de Gran Cine, indica que Gran Cine Móvil comenzó con una programación fija, con 70% de producciones venezolanas, en plazas de la Candelaria, Catedral, Catia, Petare, Sucre y El Hatillo. Este circuito también trabaja en conjunto con Cultura Chacao.

A esto se unieron luego las iniciativas propias de las alcaldías de Baruta y de El Hatillo, además de dos independientes que actualmente mantienen una agenda mensual: Cine a Cielo Abierto en el Centro de Arte Los Galpones de Los Chorros, en 2010, y Cine Jardín en la Hacienda La Vega, en El Paraíso, en 2013.

“El cine nació en la calle registrando la cotidianidad. Por eso debe volver a ella. Esto existe porque la gente asiste y lo pide”, dice Camilo Cortés, curador de Cine a Cielo Abierto, que ofrece proyecciones para niños cada viernes y para adultos los sábados, a las 6:30 pm.

En la pared externa del galpón 17 se han proyectado títulos de Checoslovaquia, Rusia, Australia y España, entre otros, en su mayoría de corte independiente. La selección responde a ciclos temáticos que buscan nuevas perspectivas sobre el cine. Algunos como “Clásicos reescritos” y “La música en el lugar de palabras” brindan una experiencia que combina la cinematografía con otras artes. Asisten entre 100 y 150 personas por día.

“En este momento, cuando parece muy complicado salir y muchos se quedan en sus casas por miedo, el cine al aire libre es una buena opción para pasar el rato”, señala María Alejandra Vera, fundadora de Cine Jardín. Afirma que estas iniciativas brindan un ambiente seguro, ya sea por estar dentro de jardines controlados o por la asistencia de la policía en las calles. A la Hacienda La Vega llegan alrededor de 200 personas 2 domingos al mes. Libertador (2013) de Alberto Arvelo fue el filme con mayor concurrencia: 500 personas.

Vera cuenta que lo que empezó como un proyecto para ofrecer una actividad cultural distinta, es ahora una forma de recuperar espacios que no se usaban, como el parque La Paz en El Paraíso, adonde Cine Jardín ha llevado proyecciones.

“Tratamos de llevar las películas a más lugares, incluso a los sitios donde se filmaron”, añade Bernardo Rotundo. Actualmente Gran Cine Móvil realiza 250 proyecciones anuales en todo el país. El preestreno de La distancia más larga fue en Paraitepuy, con la comunidad de pemones; y el de Dauna, lo que lleva el río en Delta Amacuro.

Para esto cuentan con unidades rodantes, pantallas inflables, proyectores, sillas y equipos especializados que patrocinan, en muchos de los casos, el sector privado y público. Otras iniciativas independientes cuentan con pocos equipos. Pero en todos los casos las alianzas con embajadas e instituciones culturales son importantes para llevar a cabo las actividades. La mayoría de las veces las proyecciones se unen a la programación de los festivales internacionales y en otros casos exhiben sus propias muestras.

En Baruta, donde existe el programa Cine en la Calle desde hace 10 años, la alcaldía ha desarrollado algunas muestras propias, como el Festival Cine Verde con filmes sobre ecología y Baruta de Película, de diferentes temáticas. En 2015, esta última expuso cortometrajes hechos en Venezuela, en alianza con Venezuela en Corto.

El coordinador de cultura de Baruta, Oscar Martínez, asegura que buscan brindar opciones permanentes y gratuitas de esparcimiento, porque no muchas personas tienen acceso a las salas de cine. “Es una manera de generar oportunidades”, dice. Desde 2008, todos los miércoles a las 5:30 pm, entre 80 y 100 personas se reúnen en la plaza El Cristo para ver películas.

Desde 2014 se lleva el cine al casco histórico de El Hatillo y a las comunidades rurales, adonde asisten hasta 150 personas. Suelen, también, combinar las proyecciones con actividades deportivas u otras culturales como cuentacuentos. “Queremos generar encuentro ciudadano”, afirma Ángel Zambrano, director de Cultura de El Hatillo.

Opciones no convencionales

Algunos centros culturales y alcaldías realizan muestras de películas en espacios cerrados que no son precisamente las salas tradicionales, pero ofrecen a los espectadores un lugar de encuentro para disfrutar del séptimo arte. Implican menor costo logístico y no hay cambios en caso de que llueva.

El Centro Cultural Chacao agenda proyecciones semanalmente con películas de autor, y una vez al mes hacen una muestra de Venezuela en Corto. También se unen a la programación de los festivales internacionales que organizan las embajadas.

Casi como un club, una treintena de personas se reúne en la sala La Pizarra de Cultura Sucre cada jueves. El plus allí son los conversatorios sobre los filmes.

Asimismo, el Centro de Arte de Cultura Hatillo realiza proyecciones en alianza con las embajadas.