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El cine nacional invertirá menos pero asustará más

Los productores consideran que Venezuela es un gran filón para explotar el género de terror | Foto Cortesía

Los productores consideran que Venezuela es un gran filón para explotar el género de terror | Foto Cortesía

La casa del fin de los tiempos marcó un hito en la historia del cine venezolano, que se abre poco a poco a explorar el género más rentable: el terror

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La costumbre de tallar en una calabaza un rostro macabro para celebrar Halloween es poco usual entre los venezolanos. Muchos prefieren refugiarse en fiestas privadas, en las que abundan disfraces del Guasón y la Diablita, o visitar una sala de cine para hacer catarsis de sus miedos frente a la pantalla en la que cobran vida monstruos extranjeros y con cédula de identidad venezolana.

La mayoría de las producciones de terror que se consumen en el país son foráneas. Los experimentos en Venezuela en este género se limitaron a pequeños festivales y tesis de grado. En 1980, la película El regreso de Sabina, dirigida por Antonio García Molina, no llegó a explotar totalmente el terror, pero dio las primeras pinceladas en este sentido con una trama que abordaba la reencarnación.

La casa del fin de los tiempos de Alejandro Hidalgo, que llegó a las carteleras de cine el año pasado, es el primer largometraje nacional que explora el terror y el suspenso. Luego de 5 meses de proyección, la cinta protagonizada por Ruddy Rodríguez logró reunir en las salas venezolanas a 575.000 espectadores. Fue la más taquillera de 2013, con 4 millones de dólares en ganancias, según Box Office Mojo. Superó en el país a otros filmes de la misma categoría, como El conjuro.

“Estoy en Bogotá cobrando la renta fílmica de la película”, dice por teléfono Hidalgo. El éxito de la cinta superó sus expectativas, tal como ocurre con este tipo de producciones en otras partes del mundo, en las que el género de terror es uno de los más rentables. Los gritos causados por La casa del fin de los tiempos se escucharon en Colombia, Estados Unidos, Alemania y próximamente en Perú y en Turquía.

“En Estados Unidos, por lo general, este tipo de películas cuentan con un presupuesto de entre 1 millón y 6 millones de dólares, una inversión que se suele recuperar rápidamente. Tomando en cuenta estas características deberíamos seguir desarrollando este formato en Venezuela”, indica el crítico Sergio Monsalve, quien considera que al venezolano le gusta el reflejo de los monstruos reales, como la inseguridad o la escasez.

“No hay un desarrollo de cine de terror en el país porque la situación que vivimos es tan cruda que la hemos canalizado a través de otros géneros. Nos gusta vernos de forma directa, como en películas policiales, por ejemplo”, agrega.

El terror es universal y según Diego Velasco, que prepara un filme acerca del Silbón, esa es una de las ventajas que ofrece el género. “Este tipo de películas cruza fronteras. No importa si es china, española, coreana o estadounidense, si es buena la gente la va a ver. Todos los demás géneros no viajan como el del horror”.

El director piensa que Venezuela es una mina de personajes para el género. “Yo tuve la oportunidad de pasar los veranos en el llano. Es una tierra de mucho contraste y muchos misterios. De día es un paraíso, de noche se convierte en una pesadilla. Creo que ahí comenzó mi fascinación por el Silbón”.

Monsalve dice que los venezolanos van a ver este tipo de películas por la necesidad que tienen de hacer una especie de terapia grupal. “El público hace catarsis en la sala, le gusta el ambiente que se genera y el susto rápido”.

A los asistentes les gusta experimentar emociones fuertes sabiendo que la ficción les permitirá controlar la situación. “Toda obra de arte que conecta con la gente la hace sentir viva. Busco conectar al público con los personajes por medio de la empatía, que se preocupen si están amenazados por alguna fuerza sobrenatural”, expresa Hidalgo.

La aceptación que ha mostrado el público venezolano a este tipo de producciones ha permitido que otros creadores se animen a experimentar. César Oropeza tiene un proyecto ambicioso en mente: quiere hacer una película de muertos vivientes. I Love Zombies estuvo basada primero en una serie de cortometrajes, que luego se tradujeron en cómics y, posteriormente, en una novela. Ahora quiere llevar la historia a la gran pantalla.

Al contrario de Hidalgo, Oropeza necesitará más presupuesto. “En La casa del fin de los tiempos se economizó en locaciones y en maquillaje. En el subgénero zombie se requiere mucho maquillaje y mucho trabajo de acción, a diferencia de otros monstruos que son más psicológicos”, afirma el cineasta.

El próximo largometraje de terror venezolano será El infierno de Gaspar Mendoza, dirigido por Julián Balam, cuyo estreno está previsto para marzo de 2015.

LA CIFRA
4 millones de dólares recaudó La casa del fin de los tiempos en la taquilla nacional