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El “cheverismo” es la marca semántica de un país sin “exactitudes aterradoras”

El poeta Rafael Cadenas | Foto Omar Véliz

El poeta Rafael Cadenas | Foto Omar Véliz

Rafael Cadenas escogió “bochinche” como la palabra más representativa de la cultura nacional

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A propósito del VI Congreso de la Lengua, celebrado esta semana en Panamá, el diario El País de España concibió un tributo al castellano hablado en América Latina, en el cual escritores de cada nación hispanohablante del Nuevo Mundo escogieron una palabra que describiera a su país.

Por Venezuela, el poeta Rafael Cadenas propuso “bochinche”. La palabra proviene de una voz americana de la que los lingüistas tienen noticias desde principios del siglo XIX, gracias a la anécdota histórica de la caída de la Primera República según la cual Francisco de Miranda, al ser apresado en La Guaira, exclamó “Bochinche, bochinche, esta gente no es capaz sino de bochinche”, con lo cual hacía alusión a la situación de confusión generalizada que había dado pie al fracaso de su proyecto emancipador.

De acuerdo con el Diccionario histórico del español en Venezuela (2013) de Francisco Javier Pérez, la palabra bochinche tiene tres acepciones. En la primera se refiere a una situación de desorden, confusión o pelea –a lo que habría hecho alusión Miranda–. Pero en el siglo XX surgieron otros dos significados. Gonzalo Picón Febres, en su Libro raro (1912), menciona el uso literario de la voz como sinónimo de abundancia y, desde la segunda mitad del siglo XX, se registra como definición de una fiesta ruidosa y de baja calidad, como se recoge en el Léxico popular venezolano (1977) de Francisco Tamayo.


El dolor y el bochinche. Para nadie pasará desapercibido que es Cadenas, el poeta cuyos versos más célebres claman por la necesidad de “exactitudes aterradoras”, quien eligió el vocablo bochinche como marca de la venezolanidad. Ello, en esta hora de la cultura nacional, no es casual. Y no es la primera vez que Cadenas llama a los venezolanos a poner atención al presente. En 2009, cuando recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances en Guadalajara, dijo ante el auditorio de la Feria Internacional del Libro de esa ciudad: “La democracia es mejorable, la dictadura no; aquella educa, esta castra. Tengámoslo presente”.

Para el poeta Armando Rojas Guardia, la palabra hace un diagnóstico cruel de la realidad cultural del país. “Esta hora nacional está signada no solo por una inmensa pasividad de las mayorías ante el deterioro institucional, sino también por la frivolidad. El venezolano se comporta de manera frívola frente a la tragedia nacional y esa ligereza puede ser un mecanismo de defensa ante el drama, pero a nadie se le escapa que esta puede enquistarse, ser contraproducente al no permitir que los resortes del alma colectiva se activen positivamente para encontrar salidas”.

Lo mismo opina el narrador Oscar Marcano, quien se refiere a lo que los jungnianos y seguidores de las investigaciones de Rafael López Pedraza han denominado “cheverismo”. “Se trata de una manera muy irresponsable de pasarle de largo a los problemas esenciales del ser y de la vida cotidiana que tienen los venezolanos. El bochinche se siente especialmente cuando viene desde el poder. Quien ejerce el poder en una sociedad da las pautas del ejemplo y por eso vivimos hoy el extremo del caos, del desastre y de la irresponsabilidad. Vivimos en un bochinche. Esa manera ligera de afrontar la vida de quienes ostentan el poder atenta contra el futuro y la inocencia de las generaciones futuras. Quien tiene la responsabilidad de dirigir los destinos del país es quien precisamente ejerce con mayor desvergüenza el bochinche”, señala el autor de Puntos de sutura.

Desde la narrativa, la poesía y hasta la semántica, la cultura venezolana solo puede reproducir los vocablos de su hora más confusa.


Venezuela en Panamá

Siete críticos nacionales hablaron sobre lectura y docencia

Entre los 200 expertos convocados, 7 académicos y críticos literarios representaron la tradición cultural y la lexicográfica venezolana esta semana en el VI Congreso Internacional de la Lengua, celebrado en Panamá, donde hubo 5 sesiones plenarias a las que asistieron cerca de 1.100 profesores y otras 2.000 personas. El objetivo de esos encuentros fue debatir sobre la historia del libro y de la lectura a partir de los desafíos impuestos por el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información.

Por la Academia Venezolana de la Lengua asistieron Francisco Javier Pérez, presidente de su junta directiva, y los miembros Horacio Biord Castillo, Luis Barerra Linares y Lucía Fraca de Barrera. Estuvieron presentes también en las discusiones Carlos Leáñez, profesor de la Universidad Simón Bolívar, e Irania Malaver, directora del Instituto de Filología Andrés Bello, de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela.

Gustavo Guerrero, crítico literario y representante editorial para España y América Latina de la editorial francesa Gallimard, asistió a los encuentros para hablar del diálogo entre la literatura latinoamericana y la cultura gala, con el foco en la promoción de algunos autores de la región dentro de las colecciones del sello donde trabaja.


Diccionarios, aulas y tecnologías. Pérez participó en el panel La RAE y las Academias de la Lengua Española: tres siglos de diccionarios, gramáticas y ortografías, en el que se refirió al diccionario académico y su influencia en el origen de la lexicografía hispanoamericana del siglo XIX para determinar el peso de la Real Academia Española en los destinos de la lengua en América Latina. Barrera Linares habló en el panel dedicado a la relación entre el papel de la promoción de la lectura y el uso de Internet en la educación en una ponencia titulada “¿Por qué la escuela debe caer en la red? Dos cánones literarios y un dilema”. Señaló la necesidad de modernizar el canon literario clásico impuesto por la enseñanza tradicional si se quiere promocionar la lectura entre los más jóvenes de forma más efectiva.

En la mesa redonda de políticas educativas iberoamericanas Biord Castillo se refirió al libro electrónico como herramienta para la recuperación de la historia y la reafirmación cultural. Fraca de Barrera habló de la lectura estratégica de los nativos digitales y señaló cómo la biblioteca escolar debe contribuir al avance de la lectura de los estudiantes y cumplir con los retos que escritores y lectores del ciberespacio demandan.

Malaver mencionó el diseño de programas académicos destinados a consolidar, en el ámbito de la docencia y de la investigación universitaria venezolana, la formación de profesores de español como lengua extranjera y la participación de Venezuela en esos programas. Leáñez fungió como moderador del panel Abrir lectores al idioma, del ciclo de conferencias sobre la industria del libro.

Los estudiosos de la literatura y la lengua venezolanos estuvieron presentes en sesiones que tocaron casi todos los temas tomados en cuenta por el congreso.