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No cesa de llover, una historia de la conciencia y la venganza

No cesa de llover fue bautizada el 31 de marzo | Foto: Cortesía

No cesa de llover fue bautizada el 31 de marzo | Foto: Cortesía

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La novela que entrega el poeta Joaquín Marta Sosa junto a Fundavag Ediciones desnuda al poder, "ante el que hay que mantenerse vigilante porque siempre pervierte", y donde la respuesta moral del protagonista es la de vengarse de él, corrompiéndolo más aún.

No cesa de llover fue bautizada el 31 de marzo, con palabras del escritor venezolano José Balza, en la librería Lugar Común. Se trata de una historia reflexiva, apasionante, donde el flujo de la memoria de un anciano multimillonario ausculta las esenciales, inciertas y difíciles preguntas y respuestas de la vida.

¿Podrá comprimirse una vida entera en las pocas horas de una noche? No lo sabe, pero ese es el propósito que se traza el protagonista de la novela No cesa de llover, del poeta y académico Joaquín Marta Sosa, donde la historia de un emigrante, como sus padres, a diferencia de ellos, decidió intervenir en las sagas de su país de llegada, que ahora se pregunta si la vida es un hermoso deporte, como leyó en una valla publicitaria.

La médula de la novela, resume Joaquín Marta Sosa, es el largo recorrido reflexivo, interrogante, del protagonista, ya anciano, a lo largo de toda su vida, que se vuelca sobre sí mismo en un penetrante soliloquio donde aniquila las fronteras del tiempo y del espacio, que le permite deambular a lo largo y hondo de sus interioridades más profundas y abarcar todo su pasado y presente e imaginar lo que resta de su futuro, irremediablemente breve.

Pero hay otra pregunta, acaso más crucial, que se obliga a hacerse: ¿hasta dónde alcanza la efectividad de la venganza? En la equívoca nocturnidad en que transcurre esta historia y en el vértigo no siempre veraz de la memoria, entre confusiones y silencios, recuerdos de amores y tensiones eróticas, odios, pérdidas, nostalgias y una crítica descarnada al poder, va amasando lentamente la reivindicación absoluta, la plena legitimidad moral, de un desquite sin paliativos, urdido y consumado en contra de quien demolió todos sus ideales, los que sostenían su certeza de que cambiar el mundo no solo era impostergable sino posible.

Las cuentas de la vida

¿La venganza deja indemne a quien la ejecuta o también lo alcanza? Esa es, en verdad, la pregunta crucial que imanta el recuento de sus heridas sin cauterizar. No le teme a las respuestas pues a lo que se resiste es a morir sin conocerse del todo a sí mismo, sin fijar con claridad los hechos que desviaron su destino para encallarlo en el que terminó por vivir, beneficiario y víctima de un vasto entramado de corrupción.

No cesa de llover, que también contabiliza la aleccionadora vida erótica del protagonista, le propone al lector una novela abierta, intimista y política, psicológica y sentimental, inadvertidamente social, nostálgica e imprecatoria. En suma, una historia donde la conciencia deviene en protagonista de fondo, desplegada por la fuerza de un eje narrativo cuya esencia nos descubre que nadie sabe jamás "cuál será la última palabra de un corazón humano."

La conciencia moral es el centro de la novela, conciencia que nunca nos abandona, y muestra que lo mejor que puedes hacer con ella es emplearla como un líquido expiador, capaz de limpiar el alma y el corazón, cuando se nos acerca el final de la vida.

En varios momentos, el protagonista imagina que su vida habría sido más feliz si en determinados puntos de ella en vez de tomar por un camino hubiese tomado otros que también tenía a mano. Pero, a fin de cuentas, la vida no está hecha por lo que no se hizo sino por los caminos que realmente se recorrieron. El protagonista no filosofa acerca de ello, sino que despliega la confesión y penitencia de su vida dejando abierta su historia pues al final se abren otras puertas.

Las mujeres y el mundo

Su erotismo, desplegado entre variadas relaciones amorosas, indica claramente que el deseo puede ser, incluso, más profundamente femenino que masculino, y en su caso sus relaciones con mujeres han sido un componente que ha condicionado a fondo su vida, "como le ocurre a todos los hombres, cuya vida en ocasiones parece ante todo el resultado de las relaciones con cada una de las mujeres que han participado en ella: madre, abuela, esposas, amantes."

Otra presencia, persistente en la novela, es la vida social, no el supuesto destino, sino el mundo real, ese que cambia de una manera interminable, "pero no siempre para bien, y cuando mejora esto no es perdurable. Tiene que recuperarse una y otra vez para evitar la catástrofe. No nos olvidemos de que el centro de la novela está construido alrededor de una venganza... que se parece mucho a una justicia, aunque terminó siendo el fuego donde se quemaron sus ideales y devinieron en cenizas volátiles", señala Joaquín Marta Sosa.

Al final de la novela, una aparición absolutamente imprevista le hará entender al personaje que, hagas lo que hagas, pienses lo que pienses, creas lo que creas, la vida siempre continúa al margen de él y de todos. La vida concluye, no somos indispensables. Ella puede prescindir de unos y de otros, sin remordimiento alguno.