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La censura se impone en telenovelas nacionales

Irene Esser, Miss Venezuela 2011, debutó como protagonista esta semana en Corazón esmeralda

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El temor a las sanciones que establece la Ley Resorte limita la creatividad de los escritores

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Desde su entrada en vigencia en el año 2005, la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión reguló los contenidos de los medios radioeléctricos. Desde ese momento, las telenovelas tuvieron que ajustar sus tramas a las exigencias y a los horarios de transmisión establecidos en los artículos 4 y 5 de la norma.

Virgen de la calle y Corazón esmeralda han sido los últimos dramáticos venezolanos que se han puesto bajo la lupa legal. Ambas, estrenadas el pasado lunes, pasaron por controles y ediciones para evitar una posible sanción de Conatel a Televen y Venevisión, respectivamente. 

María Gabriela de Faría, protagonista de Virgen de la calle, se quejó de la situación a través de su cuenta de Twitter. Mientras que Zaret Romero, quien adaptó Corazón esmeralda, declaró que la censura fue una traba que dificultó la escritura y que tuvo que eliminar algunas escenas que presentaban violencia de género y discriminación.

Leonardo Padrón experimentó la censura en Cosita rica. El autor refiere el caso del exitoso personaje de Olegario Pérez, una suerte de álter ego del presidente Hugo Chávez interpretado por Carlos Cruz, al que tuvo que modificar ciertos aspectos. 

“La censura debilita sustancialmente los argumentos. En la medida en que no se pueden desarrollar los temas que se quieren plantear, con la suficiente verosimilitud, se hace muy frágil la propuesta”, señala el escritor. 

Carolina Acosta-Alzuru, autora del libro Venezuela es una telenovela, indica que la autocensura se ha convertido en un mecanismo de supervivencia. Dice que además de la Ley Resorte, desde la Memoria y Cuenta del presidente Nicolás Maduro presentada en enero hay una amenaza de vigilancia gubernamental.

“Pasamos de ser un país que tenía dos televisoras que grababan cuatro o seis telenovelas al año a uno en el que cada compañía apenas produce o coproduce un dramático. Estos canales lavan con lejía las telenovelas que transmiten, las editan desde el miedo. El resultado está en pantalla: historias sosas”, agrega Acosta-Alzuru. 

De acuerdo con la regulación actual, Acosta y Padrón consideran que ahora no se pudieran ver algunas de las producciones dramáticas venezolanas más exitosas. “Las telenovelas históricas y realistas, como Sangre azul y Estefanía -transmitidas con gran éxito por RCTV a finales de la década de los años setenta-, son impensables ahora”, dice el autor de La mujer perfecta, mientras la escritora recuerda Por estas callesCiudad benditaCosita rica

La autora Mónica Montañés recuerda que en ¿Vieja yo? tuvo que reescribir la historia de una adolescente embarazada que consideró el aborto como una opción porque la televisora pensó que podía ser visto como una apología.  “Es una estupidez ponerle cortapisas al género. Es una lástima que tengamos, además de otras cosas que juegan en contra, que hacer cuentos edulcorados como Blancanieves”, expresa. 

Junto con otras realidades que afectan la producción, como el bajo presupuesto en comparación con las industrias de México, Miami y Colombia, los ajustes a la Ley Resorte hacen aún más complicado que las telenovelas venezolanas tengan calidad de exportación.  “Las producciones censuradas no compiten con historias más arriesgadas y contemporáneas (…) Tampoco compiten con telenovelas rosa, como la mayoría que produce Televisa, que tienen presupuestos saludables”, afirma Acosta-Alzuru. 

Padrón asegura que una de las razones por las que Venezuela se ha quedado rezagada en la industria de las telenovelas son los argumentos endebles. “Mientras los otros países se aventuran en terrenos más encrespados, aquí caminamos hacia el pasado”, concluye.