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Aun en castellano, los autores nacionales comienzan a leerse en Estados Unidos

El miércoles se presentó en el Instituto Cervantes de Nueva York una antología de la prosa breve de José Balza | Foto Alexandra Blanco / Archivo

El miércoles se presentó en el Instituto Cervantes de Nueva York una antología de la prosa breve de José Balza | Foto Alexandra Blanco / Archivo

Escritores advierten que es la traducción al inglés lo que asegura la internacionalización

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En este momento más de 48 millones de personas hablan castellano en Estados Unidos y se espera que para 2050 la cifra supere los 102 millones. Por la migración mexicana, los estados donde más de 25% de los habitantes habla español son California, Arizona, Nuevo México y Texas. Y en Nueva York, Florida, Nevada y Colorado el porcentaje oscila entre 12,5% y 24,4%, según el Atlas de la lengua española en el mundo. En ese gran mercado para la edición en castellano, y para la difusión de la cultura latina en general, comienza a querer conocerse más sobre literatura venezolana. Una prueba de ello es que el 11 de abril –sí, en esa fecha histórica para el país, pero por casualidad– apareció publicado en la versión en línea de la Network Public Radio el artículo “Oil, Chávez and Telenovelas: The Rise of the Venezuelan Novel” (“Petróleo, Chávez y telenovelas: el encumbramiento de la novela venezolana”) de Marcela Valdés, fundadora de la revista Críticas, dedicada a la literatura en castellano escrita en inglés. Aproximadamente 13 personas comentaron el texto.

“I Liked It Before It Was Cool” (“Me gustó antes de que se pusiera de moda”) es el lema con el que Carlos Aguasaco, editor de Artepoética Press, sello que acaba de publicar un compendio de la prosa de ficción de José Balza en Nueva York, define su interés en la literatura venezolana. Asegura que el país cobra importancia en el universo de las letras hispanas. “Así como la literatura colombiana, la mexicana, la chilena y la argentina tuvieron su momento, a la venezolana le va a tocar el suyo. Incluso puede haber comenzado ya”, dice el también académico de origen colombiano.

Héctor Torres, autor de La huella del bisonte –novela que el sello Sudaquia reeditó en Nueva York–, advierte que esos son los primeros pasos de un proceso largo. Aventura que el interés en las letras venezolanas se debe al aumento de la cantidad de académicos del país en universidades estadounidenses, lo que las ha convertido en objeto de estudio y contribuye a que la gente se acerque a una literatura que no es muy conocida afuera. “Puede que entre la diáspora venezolana en Estados Unidos haya personas que quieran mantenerse al día con las novedades de la literatura nacional, pero no creo que eso constituya una internacionalización propiamente dicha. Lo que contribuiría a lograr la tan ansiada internacionalización es que lográramos traducciones de nuestros libros, porque de esa manera podríamos aspirar al gran público en ese país”, indica.


Publicar en venezolano. Sudaquia Editores es un sello independiente con base en la ciudad de Nueva York nacido en 2012 con el fin de convertirse en un puente entre autores de América Latina y lectores de habla castellana en Estados Unidos, así como también de ofrecer la oportunidad a escritores hispanos de publicar sus libros sin preocuparse de si escriben mejor en español o en inglés, reza la página web de la compañía dirigida por Asdrúbal Hernández y María Angélica García, ambos caraqueños mudados a Estados Unidos en 2009. Su apuesta por la literatura venezolana es evidente, pues de los 20 autores hispanohablantes que han publicado hasta la fecha 11 son del país. Además de Torres están en su catálogo Francisco Massiani, César Landaeta, Armando Luigi Castañeda, José Urriola, Alexis Bastidas, Slavko Zupzic, Karl Krispin, Israel Centeno, Roberto Echeto y Eduardo Sánchez Rugeles, quien figura en el sitio en Internet como escritor del mes.

“En Estados Unidos perciben la literatura venezolana dentro del entramado de la latina y sucede que los venezolanos emigrados son los principales interesados en leer a sus compatriotas. Es lo mismo que sucede con los cubanos, los chilenos y los argentinos, cada cual busca su grupo. Estamos mostrando la riqueza de la literatura nacional, pero es un proceso muy lento”, explica Hernández antes de decir que entre 2013 y 2014 publicarán más de una decena de títulos de autores venezolanos, entre los que hay reediciones de Zupzic (Médicos, taxistas y escritores) y Torres (El amor en tres platos), así como de Salvador Fleján (Intriga en el carwash) y Liliana Lara (Los jardines de Salomón), entre otros.

En cualquier caso, sea gracias a los emigrantes venezolanos o a que los críticos se interesen en el país que padece una crisis política ampliamente documentada por la prensa mundial, los autores nacionales se están haciendo visibles fuera de Venezuela.


Balza muerde la Gran Manzana

El miércoles se presentó en el Instituto Cervantes de la ciudad de Nueva York Veinte ejercicios narrativos y una canción, una antología de la prosa breve de José Balza editada por Artepoética Press, sello hispano con sede en la Gran Manzana y especializado desde hace casi una década en obras de autores (o temas) relacionados con Iberoamérica –incluido Estados Unidos–, que ofrece colecciones de cuento, poesía, novela y ensayo.

Además del autor venezolano, hablaron sobre su trabajo la escritora mexicana Carmen Boullosa, la crítico venezolana Lyda Zacklin y el director de Artepoética, Carlos Aguasaco. “Conocí la obra de Balza como estudiante de un máster de literatura y me sorprendió que hubiera un escritor tan valioso que no conociera el público de hispanistas. Me daba la impresión de que Balza era un secreto o un escritor para escritores, por lo que hemos intentado darle más difusión a los libros de este maestro”, expresa el editor de origen colombiano, que el año que viene publicará una novela gráfica basada en el cuento “Boquerón” de Humberto Mata.

“En el espacio narrativo de estos relatos todos los hilos se urden en la trama que organiza el tapiz de la condición humana, iniciando un cuestionamiento sobre cómo llegar a comprender las diversas dimensiones del amor, del erotismo y la sexualidad”, apunta Zacklin en el prólogo del libro.