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Las caras del diablo 2: hechos de un pasado vigente

El filme llega hoy a la cartelera nacional | Foto Archivo El Nacional

El filme llega hoy a la cartelera nacional | Foto Archivo El Nacional

La secuela de la película de Carlos Malavé tiene como premisa un secuestro que conmovió al país

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Tres hijos de un ex ministro de Relaciones Interiores son secuestrados y un preso es liberado para encontrar a los plagiarios: ese es el punto de partida de Las caras del diablo 2, la secuela de la cinta de 2010 dirigida y escrita por Carlos Malavé. Es una película policial, por lo que los lugares comunes que muchos evitan están presentes: hay groserías, malandros, policías, corrupción y narcotráfico.

Malavé se distancia del cine de guerrilla que hizo en la primera parte y propone un filme de acción más estructurado. Si la cinta anterior se basó exclusivamente en la improvisación de los actores, esta por el contrario se ciñe al guión.  

“El sistema de producción con el que se hizo esta película fue totalmente diferente. En esta hubo un libreto formal y contamos con más presupuesto. Pero creo que la diferencia más grande es la experiencia que he logrado acumular en el tiempo que ha pasado entre las dos películas”, señaló el realizador.

Las caras del diablo 2, cuyo costo total de producción fue de 3,8 millones de bolívares, es una secuela pero no una continuación. Dos personajes se mantienen: el comisario Guzmán, interpretado por William Goite; y Pedro Ramírez, que en la primera cinta estuvo a cargo de Jean Paul Leroux y ahora le da vida Laureano Olivares, quien se luce con una sólida actuación.

Los otros papeles estelares descansan sobre la experiencia de Miguelángel Landa, en la piel del exministro paternal, y Elba Escobar, una sufrida y llorosa madre cristiana.

“Para convocar a tantos actores excelentes tuve que darles algo bueno, por lo menos un guión que ellos consideraran válido para actuar en esta película. Una vez que empezamos a filmar, la responsabilidad fue dirigirlos adecuadamente porque no es fácil girar instrucciones a intérpretes con tanta experiencia. Como director, creo que me gradué y saqué 12”, afirmó.

En cuanto a la historia, aunque el cineasta no lo confirma, son evidentes los paralelismos con el secuestro de los hermanos Faddoul. Sin embargo, hay giros que lo distancian del caso de 2006, pues le incluye hechos de la historia venezolana reciente. Hay referencias a la actualidad como el control cambiario y las supuestas conspiraciones magnicidas, pero sin profundizar mucho en estos temas.

“Por supuesto que hay similitudes con lo que se vive en el país y con lo que se vivió 20 años atrás. Es una película que trata de tocar ese rango de tiempo para decir, y para que la gente entienda, que somos resultado del pasado. No es un largometraje fácil, no es un guión simple. Todo va a tener una conexión que me llevó a repasar ciertas partes de la historia contemporánea”, indicó el realizador.