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“A los canales nacionales les importa más que Conatel no los regañe”

Carolina Acosta Alzuru, autora del libro Telenovela Adentro | Foto Henry Delgado

Carolina Acosta Alzuru, autora del libro Telenovela Adentro | Foto Henry Delgado

Carolina Acosta-Alzuru, autora del libro Telenovela adentro, considera que los dramáticos venezolanos se encuentran asfixiados por la censura y la crisis económica. Además, dice, se han vuelto invisibles para el mercado internacional

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Cuatro años, con muchas interrupciones, le tomó a Carolina Acosta-Alzuru escribir Telenovela adentro. En este último libro, la investigadora se alejó de su papel académico para presentar un relato más cercano y personal de sus estudios, que abarcan más de una década, sobre los dramáticos venezolanos

Acosta-Alzuru, profesora asociada de la Universidad de Georgia en Estados Unidos, habla con nostalgia de los últimos años de la telenovela venezolana y ve con preocupación el futuro del género en el país que llegó a ser el principal exportador de este tipo de producciones.

—Luego de La incandescencia de las cosas, ¿cómo surge Telenovela adentro? ¿Por qué decide escribir en primera persona?

—Este libro lo comencé hace rato y paré para escribir La incandescencia de las cosas. Lo empecé como un reto, pensé que tengo muchos años de investigación y he aprendido bastante, pero que no quería contar esto como lo hago en mis artículos académicos, en tercera persona. Quise hacerlo de manera más amena y más transparente para que no solo aprenda el que esté interesado en telenovelas y en televisión, sino también el que esté interesado en la investigación, que una investigación académica es personal también. Los académicos siempre tratamos de distanciarnos, de invisibilizarnos, porque eso se supone que da la sensación de objetividad. Sin embargo, como digo en el libro, creo que la objetividad no es totalmente alcanzable. Puedes ir hacia ella, pero es un lugar que siempre se aleja. Por eso pensé que sería mucho mejor ser transparente y mostrar qué llevo yo en mi bote mientras voy para allá, que hay días buenos y otros no tanto, que tengo pesadillas cuando investigo.

—¿Qué pesadillas tiene?

—Hay una que es recurrente y es que no puedo salir de Venevisión. Que estoy adentro estudiando y no encuentro la salida. ¡Y un día me pasó! La puerta por la que iba a salir estaba cerrada y el carnet que me habían dado se me cayó. También cuento en el libro cuando me quedé encerrada en el ascensor de carga con Ana María Simón. Ella se reía y yo cada vez más histérica.

—¿Qué exige el estudio de un dramático?

—Una telenovela exige compromiso de parte de todos los involucrados: escritores, dialoguistas, productores, actores, trabajo diario incluso del público y del académico. Entonces, cuando terminas de estudiar una telenovela, sobre todo de la manera en que yo lo hago, así como el público siente un vacío, uno también siente que le tiene que decir adiós, aunque no lo haga nunca. El académico se queda analizando, estudiando y esos personajes siguen viviendo.

—¿De qué personaje le ha costado despedirse?

—A mí me han encantado todas las mujeres que no representan lo femenino de una manera tradicional, como Miranda en El país de las mujeres o Tata en La vida entera; pero, definitivamente, el personaje con el que más me relacioné es Micaela (interpretado por Mónica Spear en La mujer perfecta), porque ella era lo que siempre he pensado que la telenovela puede ser, lo mejor que un dramático puede ofrecer: entretiene, concientiza, enseña sin dejar de ser un drama. Micaela es un personaje muy cercano a mí, lo vi crearse.

—En el libro hay un capítulo titulado “Querida Micaela”.

—Sí, es un artículo académico publicado originalmente en inglés que escribí en un formato muy raro, pues es una carta para ella. En ese capítulo se ve lo cerca que estuve de la construcción de ese personaje, mis propias angustias con respecto a la aceptación del público.

—Las telenovelas que ha estudiado son de corte realista, ¿cómo es un dramático en la actualidad?

Bueno, son como Amor secreto, que no te cuentan ninguna arista de la realidad, que es un remake de un remake. Son producciones manidas, en las que hay muy pocos rastros de nuestra grandeza como hacedores de telenovelas. Los dramáticos venezolanos están asfixiados y tengo miedo de que sean colonizados.

—Hay casos de telenovelas como Mala junta, escrita por Leonardo Padrón, que ha sido anunciada en las preventas de Venevisión desde hace tres años y hasta ahora no se ha producido.

—Y es una telenovela interesantísima, pero supersuave. Ahí no hay aristas de la realidad porque fue mandada a hacer así. Está muy bien contada. Ahí no hay peligro, el único peligro es el nombre del autor en pantalla.

—¿Cómo hará la industria para recuperarse de la censura y la autocensura de estos años?

—Así como todas las demás industrias, la de la producción audiovisual se recuperará siempre y cuando haya un cambio económico y político en el país. Mientras las televisoras tengan el marco de la Ley Resorte y, peor aún, el miedo a que les suceda lo mismo que a RCTV no van a cambiar. Mientras exista el corsé de la autocensura por supervivencia, las historias van a ser las que se están contando ahora. A los canales nacionales les importa más que Conatel no los regañe que ganar el rating. El talento venezolano es inmenso, lo que se necesita es que puedan trabajar con libertad desde el punto de vista ideológico.

—¿Ha tenido la oportunidad de ver Guerreras y centauros?

—Un poco de los primeros capítulos. Me llamó mucho la atención que no estaban adecuados a la Ley Resorte… ¡Pero ellos sí pueden! Si sale sangre, que salga. Pero está en TVES.

—¿Cuáles son las dificultades de investigar los dramáticos nacionales desde la distancia?

—No es nada fácil. Yo tengo un contraste en mi vida que soy profesora universitaria y el semestre en Estados Unidos es muy estructurado. Pero la televisión venezolana es mucho más fluida. Ir y venir ha requerido hasta de hacer magia. Tuve una llave maestra cuando comencé a investigar que fue Leonardo Padrón. Al comportarte éticamente atesoras la confianza. Hoy en día es más difícil porque no se está haciendo casi nada. Emocionalmente, es muy fuerte para mí, que estudié telenovelas dentro de Venevisión, donde todos los estudios estaban llenos, donde siempre había mucha energía. Ahora no es así y no es culpa de ellos porque son víctimas del contexto.

—¿Qué investiga en la actualidad?

—La emigración del talento y del know how venezolano. Es algo muy doloroso, las entrevistas duelen. En Miami observo cómo se hacen telenovelas y me doy cuenta de que aquí se invierte muy poco. Nos hemos quedado muy atrás en producción. No es solo que emigra el talento, sino que crean comunidades. Además, he entrevistado a personas de otros países para ver qué significa para ellos la desaparición de la telenovela venezolana.

—¿Y qué ha encontrado?

—Testimonios interesantísimos. Productores y escritores de otros países consideran que es una pérdida inmensa porque ellos aprendieron viendo telenovelas venezolanas, leyendo a los escritores. Sienten un gran vacío.

—Televen hizo varias telenovelas en coproducción con RTI.

—Sí, pero ese acuerdo se acabó. Televen solo no puede producir. Ellos hicieron un buen esfuerzo, aunque es raro porque no estamos acostumbrados a que nuestros actores salgan en locaciones propias hablando con vocabulario que llaman neutro pero es mexicano. Eso se sentía artificial.

—Los protagonistas de La virgen de la calle, el remake de Juana la virgen, se quejaron de la censura en su momento.

—La edición las destruye, pero se hace por miedo.

—RCTV produjo Piel salvaje, aunque probablemente no sea transmitida en el país por la misma razón.

—Ellos apuestan por el mercado internacional. Hace un tiempo me contaron que cometieron un error y por eso repitieron muchas escenas. Apuestan por la excelencia.

—En un foro el año pasado usted habló de la invisibilidad de la telenovela venezolana en el extranjero. ¿Continúa así?

—Eso está igual o peor. Venevisión Productions, en Miami, ya no hace más nada. Se acabó el acuerdo con Univisión. Lo último que hicieron fue una serie. Ahora se dedican a producir magazine y shows, lo cual es muy grave para el talento que ha emigrado. Los artistas están tratando de hacer teatro y de dictar cursos. Todos están tratando de buscarle la vuelta a su oficio para sobrevivir. Es muy duro.

—¿Ha tenido acceso a los números de las últimas telenovelas?

—No, porque los canales se retiraron de AGB, lo que es un indicativo de que importa más no molestar al gobierno que el rating. Es decir, el público ya no importa. La telenovela es un género comercial en el que el televidente es el que decide.

—¿El gobierno subestima el género?

—Ellos subestiman lo que significa hacer telenovelas. El gobierno, como muchas personas, considera que como los dramáticos tienen una aparente simpleza en sus códigos son fáciles de producir. Pero la telenovela es complicada, incluso en su consumo porque no es con la cabeza sino con el corazón. Pero la sobrestiman y la convierten es un chivo expiatorio maravilloso porque, al ser imperfecta, le puedes echar la culpa de cualquier cosa, como cuando el presidente Maduro aseguró que es culpable de la violencia que vive el país.