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La batuta silenciosa de las mujeres


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Desde sus primeras manifestaciones, documentadas en el siglo XV, la dirección orquestal ha estado liderada por hombres. En Venezuela no existen referencias precisas del momento en que la mujer subió a un podio con la batuta en sus manos, pero se considera que Teresa Carreño fue la primera que condujo una sinfónica. 
Ellas empuñan una batuta silenciosa. Isabel Palacios, Rosa Briceño, Elisa Vegas, María Victoria Sánchez y la estudiante Mirca Blanco pertenecen a ese linaje que inició la pianista. Pese al crecimiento del número de orquestas en el país, la proporción de directoras continúa siendo mínima. 
En la página web de la Fundación Musical Simón Bolívar aparecen los 26 directores formados en la institución y ninguno es mujer. En las 30 orquestas profesionales del país, entre las que están la Sinfónica Simón Bolívar y la Teresa Carreño, la titularidad musical está en manos de hombres. Ellas suelen figurar como directoras de coros, de núcleos o como invitada.
Liga Bachtrack, publicación que recoge estadísticas de la música clásica, refiere que en 2014 solo había 5 mujeres entre los 150 directores más ocupados en el mundo. El año pasado, cuando se realizaron elecciones para escoger al director de la Filarmónica de Berlín, ninguna de ellas fue considerada como candidata.

                                          Foto: Williams Marrero


Isabel Palacios: escote y orquesta

Isabel Palacios está en el clavecín, apenas respira y los sonidos de dos violines y una viola da gamba se mezclan. Cierra los ojos y sus manos vigilan la melodía. Nunca se imaginó así, pero ahora es parte de la primera generación de mujeres venezolanas directoras de orquestas que se formó en el siglo XX con los maestros Gonzalo Castellanos Yumar y Gonzalo Grau. Dice que no fue fácil, pues algunos músicos se extrañaban al verla en el podio.

La cantante y directora de la Camerata de Caracas recuerda que en 1987 vivió uno de los momentos más contundentes de su carrera, cuando le tocó llevar la batuta en la ejecución de Carmina Burana de Carl Orff, interpretación que fue muy aplaudida. A partir de entonces comenzó a apasionarse por la dirección, aunque nunca tuvo la suerte convertirse en la titular de una orquesta: “Era directora invitada, no lograba tener una que fuera mía”.

Pero en cada concierto, advierte, no perdía la oportunidad de dejar claro que en el podio se encontraba una mujer: “En mi carrera nunca intenté parecer un director hombre. Al contrario, traté de ser lo más femenina que yo podía. Mis vestidos de dirigir eran muy femeninos, mas no provocadores. Me gustaba mucho más la idea de estar escotada y fresca”.

Palacios tiene 65 años de edad y le impresiona que el número de directoras no se haya incrementado: “Para la cantidad de orquestas que hay en el país, la cantidad de oportunidades que hay de dirigir, son muy pocas las posibilidades para nosotras. Antes éramos menos mujeres, menos orquestas y dirigíamos más”.

                                             Foto: Omar Véliz


Rosa Briceño: la primera titular

En el piso 2 del Correo de Carmelitas, sede de la Banda Marcial Caracas, están los retratos de quienes han sido los directores de la agrupación. Entre nombres como Antonio Ramón Narváez, Juan Bautista Carreño, Miguel Pérez Perazzo y otros, destaca un único nombre de mujer: Rosa Briceño, la primera titular.

Esta caraqueña, egresada de la Accademia de Musicale Chigiana en Italia, comenzó a conducir la banda en 1994. Para entonces, el hecho de haber conducido la mayoría de las sinfónicas le otorgó visibilidad y reconocimiento en el lugar.

Su nombre no solo es historia en la Banda Marcial Caracas, también está en el Directorio de la Asociación Mundial de Bandas. Además, es coordinadora regional para América Latina del Centro Latinoamericano de Música. En Brasil, Colombia y Argentina le ofrecieron la titularidad de algunas agrupaciones. Considera que quizás estas sociedades tenían una visión más abierta con respecto al género.

Recuerda que en Venezuela le negaron el cargo de titular por ser mujer: “La explicación fue que nosotras nos enamoramos, parimos y, aparentemente, dejamos de ser responsables porque tenemos un hogar que atender”. Pese a esta situación, asegura que no ha sufrido mayores inconvenientes en su carrera. Se aferra a las palabras de su maestro Gonzalo Castellanos: “La única garantía que uno tiene de poder superar esas cosas es saber hacer el trabajo. Porque desde el primer momento en que uno se para en el podio, el músico se da cuenta de que uno sabe o no hacer el trabajo”.

                                             Foto: Manuel Sardá


Vegas: del clarinete al podio

Desde que se subió en el podio por primera vez, Elisa Vegas no ha parado. Entre una y otra partitura, vive la ópera, la zarzuela, la danza con el ballet y ejecuta movimientos sinfónicos. Ella no buscaba esto, pero sus manos quizás sí.

Tiene 29 años de edad, nació en Caracas y es directora de la Orquesta Infantil de Chacao. Se graduó de clarinetista en el Conservatorio Juan José Landaeta. Tras surgir la oportunidad de dirigir un concierto final, encontró otra posibilidad musical.

“Las mujeres poco a poco están tomando campo no solo en la dirección orquestal, sino en otras áreas. No es fácil. Vivimos todavía tiempos en los que existe el machismo. Un porcentaje de músicos está un poco reacio. Pero si uno está plantado y seguro del trabajo que está realizando, eso es un pie derecho para ganarse tanto al público como a los músicos”.

Vegas aprovecha su feminidad para imprimir sensibilidad a la música: “Es algo que hace falta todavía, que las mujeres no intentemos ser hombres, sino que como mujeres abordemos la dirección”.

Para ella aún existe predisposición al momento de entrar a un primer ensayo, a pesar de reconocer que esta nueva generación de músicos está más abierta a las directoras.                               

                                              Foto: William Dumont

  

Blanco: fuerza en escena

Mirca Blanco tenía 16 años de edad cuando se enfrentó a una orquesta en Guárico, su estado natal. “Tienes cuerpo de director”, recuerda que le dijo su maestro Jesús Morín cuando la vio caminar y subirse al podio.

Ahora, con 22 años, cursa el sexto semestre de Dirección Orquestal en la Universidad Experimental de las Artes. Es la única mujer en su curso y estudia la Sinfonía N° 1 de Robert Schumann.

En clases ha abordado obras de compositores que exigen de mucha fuerza para su interpretación. Con estudio, asegura, las mujeres pueden ejecutar esos repertorios. Su director preferido, incluso, es el alemán Carlos Kleiber. “Es muy rudo, tiene mucha personalidad. Las mujeres tenemos que adquirir esa fuerza de alguna manera, porque no es exclusiva de un sexo”.

A Blanco le preocupa la poca representación que tiene la mujer en esta área de la música. “Actualmente vemos que en muchas orquestas la figura del director es un hombre. Sin embargo, encontramos países en los que la mujer es la líder. Así como en Venezuela lo es Gustavo Dudamel, en México es Alondra de la Parra”.

Dice que en su carrera deberá ser muy planificada para poder atender estudios en el exterior, luego optar por una titularidad y ser madre.

                                            Foto: William Dumont


Sánchez: abrirse camino entre hombres

“Baila, chichita, baila”, le decían y ella sacaba su pierna de la cuna para moverla al ritmo del charrasqueo del cuatro que tocaba su papá. El recuerdo es de la infancia de María Victoria Sánchez, que con 28 años de edad no solo mueve la pierna, también sus brazos para darle impulso a toda una orquesta.

La joven caraqueña asegura que uno de los retos de su carrera ha sido romper con el paradigma de que la figura del director debe ser un hombre, incluso dentro del sistema de orquestas, que le dio la educación musical y el apoyo artístico. “Las mujeres por lo general trabajan con niños, pero no con orquestas profesionales. El hecho de que yo haya dirigido ensayos con la Bolívar y la Teresa Carreño ha roto un paradigma, pero no ha sido nada fácil”.

En su opinión, la feminidad tiene que ver más con la actitud que con la vestimenta. Cuando dirigió el musical Chicago se le vio en liguero y ropa interior al estilo cabaret. La joven también ha desarrollado una carrera como pianista, actriz, cantante y modelo.

Sánchez trabaja con las orquestas regionales del país, donde aprovecha para dar clases de dirección a niñas. Se siente responsable de que el semillero de líderes crezca: “Estoy afinando la idea de crear una fundación que apoye a las mujeres músicos a través de eventos y de conciertos que se puedan dar en las comunidades, con el propósito de impulsar esa figura”.