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Entre barricadas y oscuridad, la intelectualidad prende una vela

La librería Lugar Común se encuentra en un sitio típico de enfrentamientos, en Altamira Sur / ALEXANDRA BLANCO

La librería Lugar Común se encuentra en un sitio típico de enfrentamientos, en Altamira Sur / ALEXANDRA BLANCO

Para quienes trabajan con la palabra, la violencia de las últimas tres semanas avivó la necesidad de reflexionar acerca de la cultura cívica nacional

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Frente a la violencia, la cultura propone reflexión. Ejemplo de ello es el que dio la librería Lugar Común que, emplazada en un lugar típico de enfrentamientos entre civiles y miembros de la Guardia Nacional Bolivariana, organizó unos Diálogos abiertos que comenzarán hoy y que incluyen asuntos como el ciberactivismo, la responsabilidad ciudadana en Internet y la definición de la palabra “fascismo”.

A escasos 15 meses de su inauguración, la librería que se encuentra en Altamira Sur, justo al frente de la plaza Francia, ha sufrido durante 3 semanas en medio de un fuego cruzado que atenta contra su infraestructura y –más importante aún– dificulta su trabajo como centro de difusión cultural. Sin embargo, asumiendo que cultivar la reflexión es incluso más necesario en tiempos de barbarie, sus promotores decidieron resistir y presentan el ciclo de charlas que abrirá hoy a las 11:00 am Margarita López Maya, quien hablará sobre El legado de Chávez. Mañana, a la misma hora, el historiador Elías Pino Iturrieta encabezará el debate Sin novedad en el frente.

A las actividades organizadas para satisfacer la necesidad de reflexionar acerca de los hechos violentos acaecidos en las últimas semanas ha asistido un grupo nutrido de personas, que se mantiene en la librería y se va cuando comienza a calentarse la calle. “Esto es muy simbólico, porque en medio de un escenario de guerra hay personas que se acercan para escuchar un mensaje de civilidad y aproximación al otro a través de la cultura”, apunta Luis Yslas, quien junto con Rodrigo Blanco y Garcilaso Pumar es miembro de la cooperativa editorial Lugar Común, de la que toma su nombre la librería.

Para el editor, ahora que “se han invertido los valores” la labor de espacios como Lugar Común es rescatarlos, devolviéndole el sentido a las palabras: “Por supuesto que este es un trabajo poco visible y menos en este momento, porque es una faena de entereza, pero nosotros hacemos la resistencia desde este flanco, que es el que nos corresponde y el que conocemos”.

La posición de Yslas, que proclama la necesidad de mantener el debate pero desde las ideas, la apoya Ricardo Ramírez Requena, director de Mercadeo de los sellos Alfa y Puntocero. El también profesor universitario señala que ahora que las barricadas parecen haber cerrado su ciclo quienes trabajan con la cultura deberían pasar a realizar otro tipo de acciones, dirigidas hacia el fortalecimiento de los valores cívicos.

“Hay que pasar a trabajar con los recursos que tenemos a mano, como el formato digital, y quizá tengamos que volver a otras formas de edición masiva del siglo XX, como los volantes, los pasquines y las impresiones de poemas en tres o cuatro páginas”, añade, en referencia a las dificultades que afronta la difusión de ideas por la escasez de papel que hay en el país. Para Ramírez, el objetivo debe ser movilizar a la opinión pública en cuanto a una serie de demandas puntuales y que en el caso del sector intelectual podría articularse en la visibilización de los problemas para la adquisición de divisas para importar libros y materiales de impresión. “Tristemente, una de las particularidades que tenemos en este país es que los debates sobre el papel y el precio de los libros son siempre los últimos puntos en las agendas políticas y ciudadanas. Es parte de nuestra larga tradición antiintelectual”, concluye.

Antonio López Ortega, columnista de El Nacional, director de Artesano Editores y narrador, indica que muchos intelectuales dentro y fuera del país han analizado lo que ocurre por estos días en Venezuela. Menciona las cartas de condena a los hechos violentos firmadas por escritores, periodistas y académicos; la articulación de una red de apoyo entre autores de dentro y fuera de las fronteras nacionales; y las innumerables columnas de opinión que han aparecido en periódicos y páginas web tanto de Venezuela como de otros países hispanohablantes, entre ellos México –la columna de Jorge Volpi en Reforma; http://www.reforma.com/editoriales/nacional/733/1464065/–, Colombia –la de Juan Gabriel Vásquez en El Espectador; http://www.elespectador.com/opinion/buena-television-chavista-columna-477784– y España –la de Rosa Montero en El País;  http://elpais.com/elpais/2014/02/24/opinion/1393245355_085096.html.

“Durante estos días se han desarrollado artículos de análisis de la situación desde perspectivas tan variadas como la política, la histórica y la social, porque los intelectuales quieren arrojar luces para tratar de entender lo que ocurre. Ojalá se hubieran difundido más, pero esto está atado a las restricciones que estamos viviendo en los medios de comunicación”, señala el autor de La sombra inmóvil, que también subraya que a lo hecho por el sector intelectual –a excepción de un grupo de actores y directores teatrales– no se le ha unido el sector creativo de la cultura. “He estado añorando intervenciones artísticas desde lo humano más que desde lo analítico, su afirmación de valores y de cultura para la paz. Es un momento oportuno, por ejemplo, para recitales literarios que reflexionen en contra de la violencia y para intervenciones artísticas que recuperen la calle para la luz y no el enfrentamiento. Esas serían posiciones artísticas frente al deterioro y el envilecimiento de las formas urbanas que estamos viviendo”.

A pesar del caos en que se han sumido las ciudades trancadas por las barricadas, de las libertades confiscadas por la violencia, de la imposibilidad de leer libros importados por la falta de dólares y de publicar otros por la crisis del papel, los intelectuales no han cesado de hacer su trabajo: pensar el país. Para algunos eso será como prender un fósforo contra el infinito del cielo nocturno. Pero muchas llamas prenden una hoguera.