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La bandola se quedó sin rey

Anselmo López es premio nacional de cultura en 2002 / Archivo

Anselmo López es premio nacional de cultura en 2002 / Archivo

El artista barinés internacionalizó el sonido de su instrumento. Será recordado en sus canciones San Lorenzo, Mi viejo querido, Las tres damas y muchas otras 

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Veinticinco bolívares costaban las entradas al concierto que Paco de Lucía ofreció el 8 de abril de 1978 en Caracas. El público asistente al Poliedro pagó con gusto la cantidad, pues estaba ansioso de ver al guitarrista español.

Anselmo López compartiría tarima con el artista extranjero. Poca expectativa generaba su presencia entre el público. El venezolano ejecutó los sonidos de su bandola y de inmediato conquistó a los escépticos que, luego del recital, lo ovacionaron e hicieron cola para conocerlo de cerca.

Esa era una de las anécdotas que contaba orgulloso el artista venezolano conocido como El Rey de la Bandola. Su instrumento quedó huérfano ayer, después de fallecer a los 82 años de edad en su Barinas natal.

Nació el 21 de abril de 1934 en el caserío de Chaparrito. Ser hijo del llano lo conectó desde muy pequeño al mundo de la música tradicional. A los 12 años, construyó su primera bandola con una totuma. En 1963 se dio a conocer en Fiesta criolla, programa transmitido por radio Barinas. El artista se volvió defensor del olvidado instrumento que solo se fabricaba en los llanos y era ejecutado por algunos conuqueros.

“Anselmo logró entusiasmar a nuevos cultores. Estuvo metido en terrenos de la investigación, tratando de explorar la potencialidad del instrumento para llevarlo por una rítmica distinta, pintada por nuevos colores armónicos a partir de elementos de géneros tradicionales como pasajes, golpe llanero y otros”, afirmó en 1990 Saúl Vera, su amigo y alumno.

Vera también explicó la técnica desarrollada por su maestro: el jalao. “Es un contracanto que se produce entre la uña, que se usa para tocar el instrumento, y una uña de la mano derecha del ejecutante”, señaló.

Anselmo López demostró esa destreza recorriendo el mundo con su bandola entre el pecho y el brazo. Además de tocar en la Torre Eiffel de París, visitó Cuba, Panamá, Estados Unidos, Colombia y España.

Su ingenio queda inmortalizado en algunas de sus canciones, como Chaparralito de nutrias, El caño guarurero, Alborotao, Bandola de chaparrito, Carnaval espellejao, El gavilán primito, Galerón barinés, La catira vieja, San Lorenzo, Mi viejo querido, Las tres damas, Te llevaste mi querer y Zumbador.