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En las aulas se canaliza la energía creativa del boom fotográfico

Escuela de Fotografía/Williams Marrero

Escuela de Fotografía/Williams Marrero

Más de cinco instituciones atienden en Caracas las inquietudes de los interesados en registrar imágenes

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Los salones de las escuelas de fotografía del país están llenos a cualquier hora. La demanda para estudiar, analizar y perfeccionar ese arte desde las aulas ha aumentado considerablemente en los últimos años. Los entendidos desean que el boom no sea algo pasajero, sino que los interesados sigan cultivando el ojo fotográfico durante décadas, como lo hacen los alumnos de cualquier otro oficio o carrera.

Jineska Hernández, de 21 años de edad, dice –entre risas– que inició el año con mal pie. Sufrió un accidente en moto que le dejó la pierna y el brazo derechos lesionados. Antes del percance se había inscrito en el curso Técnica I del Centro de Estudios Fotográficos, y el tener que desplazarse en silla de ruedas durante la recuperación no la ha hecho faltar a clases. “Estudié un semestre de Medios Visuales y Fotografía en el Iutirla, pero tuve que dejarlo porque me fui de viaje. Cuando regresé me inscribí en la academia de policía, pero eso no era lo mío. Mi gran pasión es la fotografía y por eso estoy aquí, para aprender”, relata, mientras el profesor Carlos Ancheta le enseña al resto de los alumnos que el diafragma de la cámara se identifica mediante una serie de números denominados con la letra F.

Al lado de ese salón se dicta un curso más avanzado. Dos jóvenes y un hombre escuchan las tareas que Laura Morales les asigna como parte del trimestre de Estética de la Fotografía. La profesora les pide que no limiten su creatividad y les recalca que, aunque ese arte tiene un gran porcentaje visceral, como todo proceso creativo requiere de una racionalización. Los estudiantes de ese nivel dominan la cámara, ahora lo importante es que cada quien desarrolle su propio lenguaje.

El Centro de Estudios Fotográficos es de las escuelas más nuevas. Con un año de funcionamiento, su director, José Ramírez, se siente satisfecho por los resultados que ha visto y por la cantidad de personas que se inscriben para aprender a fotografiar: “En un momento dado evalué ese interés como una válvula de escape, como fue la cocina, pero después lo analicé mejor y me di cuenta de que la fotografía tiene algo que las otras artes no tienen, porque si quieres pintar tienes que tener ciertas condiciones, pero en cambio puedes aprender a tomar fotos. Y si adicionalmente tienes algo qué decir y mucha sensibilidad, empiezas a ver resultados rápidos. También cada vez más nos comunicamos a través de imágenes, sobre todo desde que comenzó el auge de redes sociales en las que éstas sustituyen el texto, como Instagram”.

Con 20 años en la enseñanza, Roberto Mata alaba que haya aumentado el número de exposiciones fotográficas en galerías y museos del país. Considera que el incremento ha sido apoyado por el boom de las escuelas que enseñan el arte: “El papel de esas instituciones es disciplinar, porque muchos cuando empiezan no tienen un norte, no conocen los pasos previos, tienen todas las ganas y sienten la pasión, pero no saben por dónde comenzar. Creo que si no pasas por las aulas terminas siendo un aficionado de la fotografía que comparte fotos en Internet, donde otros fans alaban tu trabajo pero no te critican. En el aula hay mucho debate, que contribuye a mejorar el lenguaje de cada quien”.

Mata dice que los alumnos que han pasado por su taller son heterogéneos, de todas las edades y profesiones: “Muchos de los que vienen por un solo curso, que desean aprender a usar una cámara (que es lo que menos enseñamos aquí, porque eso se puede conocer a través de un tutorial en Youtube), son los que más se quedan enganchados con la fotografía, los que se lo toman seriamente”.

La Organización Nelson Garrido es otra de las escuelas con más trayectoria en el país: tiene casi dos décadas. Su director, Nelson Garrido, le teme al interés exacerbado por la fotografía. “Para mí hay una gran superficialidad, mucho concurso, mucha escuela. Los boom me dan alergia, lo importante es ver qué quedará de todo eso en 10 o 15 años. Ahora todo el mundo es fotógrafo, pero una cosa es saber escribir y leer y otra ser escritor o poeta”, explica el fotógrafo, que se refiere a su taller como un gran contenedor de ideas, como un refugio para quienes no tienen espacio para expresarse.

 

Nuevos, pero con experiencia. Una de las opciones más recientes que encuentran los interesados en aprender a registrar imágenes es La Escuela Foto Arte, dirigida por Luis Roberto Lipavsky y Arlette Montilla. Con cinco años de recorrido, el centro brinda desde cursos básicos hasta avanzados. “Creo que las escuelas han organizado todo ese relajo, canalizan la energía creativa que viene de la tendencia de que ahora todo el mundo quiere ser fotógrafo, de la masificación de la tecnología y del uso de las redes sociales, que es algo que no sólo sucede en Venezuela sino en el mundo entero. Muchos alumnos llegan atraídos por el boom, pero se dan cuenta de que no se trata sólo de encuadrar bonito y hacer clic. Están los que dicen que querían aprender a hacer una foto bonita y están los que se enamoran de esto”, señala Montilla.

Miguel González y Francesco Spotorno también se dedican a la enseñanza de la fotografía. Hace año y medio fundaron Fotónica. “Decidimos abrirla porque, a mi juicio, las instituciones que hay en Caracas tienen estilos muy marcados (fotografía documentalista, artística) y la intención es hacer más flexible el proceso de aprendizaje, que cada quien decida su propio estilo al hacer fotos. La proliferación de escuelas ha hecho que muchos más se acerquen y aprecien este arte. Creo que aportamos un ladrillo a este edificio, que ojalá se mantenga”, expresa González.