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Las artes del fuego pierden terreno

La fallecida artista Tecla Tofano es una de las referencias al hablar de cerámica | Foto: Archivo

La fallecida artista Tecla Tofano es una de las referencias al hablar de cerámica | Foto: Archivo

Los creadores cuentan con un solo salón. Las oportunidades para mostrar las obras son pocas

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Los años sesenta, setenta y ochenta fueron el momento de mayor esplendor de las artes del fuego, y en especial de la cerámica, en el país. Nombres como Miguel Arroyo, Tecla Tofano, Luisa Palacios, Reina Herrera y Colette Delozanne, entre otros, dejaron una impronta. Posteriormente surgieron creadores como la escultora Isabel Cisneros, Mariana Monteagudo y el orfebre Alexis de la Sierra. La tradición de los hornos, el vidrio y los metales ha perdido terreno, pues los creadores se ven limitados por los elevados costos de los insumos requeridos y el número cada vez más reducido de salones y salas expositivas, así como la poca infraestructura para talleres y escuelas.

En julio del año pasado, una exhibición puso de relieve las dificultades que afrontan los artistas del torno: Gestell/Gestall abierta en Caracas de la creadora estadounidense Karin Schneider recreó un taller de cerámica in situ en Periférico Caracas. La intención de la muestra era, entre otras cosas, hacer visible todo lo que implica involucrarse con la arcilla, así como financiar un taller en Petare, de la mano de la artista Paola Pérez.

Seis meses después, el taller sigue en el papel, indica Elsa Esté, presidenta de la Asociación Venezolana de las Artes del Fuego. “El proyecto está detenido porque Pérez se tuvo que ir al interior del país, por razones personales. Pero aún está previsto hacerlo”.

Esté dice que los problemas que impiden el desarrollo de las artes del fuego son un reflejo de la realidad del país. “La AVAF perdió la sede física en San Bernardino. Con el control de cambio dejamos de traer profesores extranjeros. Eso fue en detrimento de la formación de muchos artistas”.

En ello coincide la escultora Isabel Cisneros, ganadora del Premio Nacional de las Artes del Fuego 2009. Las dificultades para acceder a los insumos la llevaron a experimentar con otros materiales más allá de la arcilla, como los textiles. “Dejé de esmaltar porque no se conseguían los químicos necesarios. Además de costosos, importarlos es complicado”.

Cisneros cambió su manera de trabajar. Ahora se enfoca en la arcilla desnuda y el formato pequeño, busca crear lo más posible con la cantidad mínima de material. Adicionalmente, con la regulación del consumo eléctrico surgieron nuevas trabas a la hora de mantener los hornos encendidos.

Aunque Cisneros ha disfrutado las posibilidades artísticas que le ofrecen los textiles, siente que su desarrollo como ceramista se vio coartado. “Me formé en los años ochenta, cuando había mucha gente con equipos propios. Ahora nadie te puede facilitar una quema o una laminadora. Siento que ya casi no hay colegas”.

Pocos espacios de confrontación. Cisneros y Esté coinciden en que hay pocos ceramistas activos fuera del ámbito de las artes utilitarias. Faltan incentivos como bienales y salones. La Bienal Barro de América dejó de convocarse, y en la actualidad sólo se mantiene el Salón de las Artes del Fuego, que organiza la galería Braulio Salazar de la Universidad de Carabobo, conjuntamente con la AVAF. Por falta de recursos, pasó a ser una bienal.

Fuera del ámbito de la orfebrería comercial, ha habido pocas exposiciones dedicadas a las artes del fuego. Una de las más recientes reunió a Carolina Siefken, Cristóbal Ochoa, Andreína Franceschi y Cisneros en la galería G Siete, que también ha mostrado creaciones de Aída Gruebler. “Sigo trabajando cerámica porque creo que tiene un lenguaje plástico infinito. No vamos a negar las dificultades que implica, pero hay que ver sus posibilidades. Ojalá se abran espacios para trabajar y exhibir. Doy clases de Cerámica en la Universidad de las Artes y sé que hay gente buena que está estudiando y quiere investigar”, indica Franceschi.