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Las artes escénicas sobreviven a la crisis con un plan B diario

Los insumos están sumamente caros | Williams Marrero

Los insumos están sumamente caros | Williams Marrero

Conseguir las telas para los trajes implica un gran esfuerzo y el triple del tiempo

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Han profanado el tem-plo. La crisis que siempre ha acompañado al teatro muestra su rostro más duro. Y los artistas saben que cada nuevo montaje será mucho más complicado que el anterior.

El alto costo de la vida y la escasez carcomen también el arte. Y es la publicidad el punto de quiebre más álgido en el presupuesto de un montaje teatral. Jorgita Rodríguez, que es responsable de más de 40 montajes y productora de fi guras como Luis Chataing y Tania Sarabia, se exalta cuando habla de costos.

"Vengo de pagar volantes en 5.000 bolívares y ahora subieron a 20.000, siendo el mismo material. No hay manera de vivir con un presupuesto en Venezuela; como vaya viniendo vamos viendo", dice.

La productora afirma que el precio de un publiposte de 3 metros de alto a comienzos de año era de 1.100 bolívares y ahora cuesta 4.600 bolívares.

Para el espectáculo del Profesor Briceño, que se estrenará en septiembre, tendría que pagar por cada pendón 21.000 bolívares. Necesitaría imprimir entre 6 y 10. "¿Con qué taquilla pagas eso? No le puedes aumentar el precio de la entrada a un público que también tiene que comprar papel toilet".

Una situación que hizo que la productora de piezas infantiles Criaturas de Orange redujera el número de impresiones. Otras agrupaciones, como Teatro La Bacante, ya no sacan programas de mano para obras que tendrán una nueva temporada.


Trajes sin insumos.


Raquel Ríos ha diseñado vestuario para innumerables obras, como El mago de Oz y El día que cambió la vida del señor Odio .

Cuenta que conseguir las telas para los trajes implica un gran esfuerzo y el triple del tiempo.

"Para lo que antes te tomaba dos días, ahora debes invertir más de una semana. Puedes contratar a alguien, pero económicamente no funciona. Y si hallas la tela, el metro que antes comprabas en 80 bolívares ahora cuesta 800. Cuando no encuentras, tienes que modifi car el diseño, sacrifi car lo que puedas", indica.

El látigo de la escasez no cae solo sobre las telas: tampoco hay hilos, botones, pelucas, broches, elásticas y para la escenografía no se consigue madera, alambres, tornillos.

Por eso artistas piden prestado, buscan donaciones y reciclan.

"Tienes que estar todo el tiempo pensando en el plan B. Ahora se compra ropa de segunda mano. Las piezas uno las tiñe, las desbarata y las vuelve a armar, las convierte en otra cosa. Si no consigo botones negros, pinto los que tengo. Pero los materiales son muy malos: los broches se abren, los tintes para las telas no funcionan, tienes que utilizar más de 3 sobres", señala.

Uno de los montajes más recientes en los que trabajó la diseñadora Eva Ivanyi fue Monna Lisa de Luigi Sciamanna, que se estrenó en abril. "Comenzamos a comprar las telas en octubre de 2014 porque sabíamos que la situación era delicada. Fuimos a los sitios tradicionales; en un lugar se conseguía de todo, pero en otro restringían a 5 metros de tela por persona. Eso es una fatalidad, porque solo para una falda o pantalón requería casi 10 metros", dice quien ha creado 375 trajes para la ópera Aída y 110 para Soliman, el magnífi co de Isaac Chocrón, que se estrenó en los años noventa en el Ateneo de Caracas.

"Lo que más me duele de esta situación es que uno tiene que dejar de lado la creatividad y ponerse a resolver. Yo me formé en la escena de los años setenta y para mí es importante que el teatro como arte se conserve. Para eso estoy dispuesta a colaborar en todos los niveles; si tengo que sacar ropa de mi clóset lo hago".


Tampoco hay cuestionamiento.


A Oswaldo Maccio la crisis no solo lo afecta en lo tangible, como puede ser la laca para el cabello en Piel Mercurio o cómo resolverá el presupuesto del próximo montaje de La Bacante. También en lo espiritual: "Nunca una realidad me había pedido tanto hacer preguntas a través de lo que hago y eso es muy satisfactorio. Pero una producción no da ganancias. El grupo se mantiene a fl ote por voluntad de la gente".

La escasez, para el director y dramaturgo, también ha llegado a otros espacios: "No tenemos interlocutor: esa gente que quiera cuestionar el entorno y la realidad, que quiera preguntarse cosas. Porque la realidad es tan fuerte que a lo mejor ese público no quiere pasar por ese sitio en este momento".