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Las artes escénicas tienen altibajos en la formación

La pedagogía teatral es víctima de los conflictos económicos del país

La pedagogía teatral es víctima de los conflictos económicos del país

 A pesar de la creación de institutos y licenciaturas, la pedagogía teatral es víctima de los conflictos económicos del país

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El arte de la escena no es solamente asombro. 

No es solo abrir la puerta en búsqueda de la reflexión a través del texto, el cuerpo, el público. Es también investigación, formación. 

Hoy, que se celebra el Día Nacional de Teatro, una fecha establecida en homenaje a la primera solicitud de representar una pieza ante el Cabildo de Caracas en el siglo XVII, se hace necesario indagar en este aspecto fundamental de todo arte. 

La formación que comenzó con escuelas e involucró la presencia de grandes personajes del extranjero, ahora cuenta con licenciaturas, talleres, cursos y lugares para el intercambio. Sin embargo, a pesar del talento emergente que ocupa las tablas en la actualidad, para algunos creadores la pedagogía teatral tiene carencias. Sumado a la falta de apoyo, obstáculos que los jóvenes deben sortear para no quedar a la deriva una vez recibido el diploma. 


De los grandes maestros. 
Francis Rueda recuerda una época en la que la formación incluía importantes nombres. 

Figuras que transformaron la escena con su innovación, su irreverencia. 

"Yo estudié en la Escuela Juana Sujo. Era una formación bastante exigente. Daban muchas materias: Escenografía, Vestuario, Historia del Teatro, Voz y Dicción, Interpretación... Tuve a maestros como Gilberto Pinto, que después fue mi esposo; a Luis Páez Márquez, Rafael Briceño, Horacio Peterson; gente que venía de una formación en cine y teatro. Grishka Holg uin fue mi maestro de expresión corporal y biomecánica, que no ha habido otro. Venían profesores de España, Argentina, Chile. Se montó por primera vez un Strindberg, piezas de Ibsen. Uno viene de esa gente que transformó". 

Al hacer una comparación con la actualidad, Rueda afirma que en instituciones como la Universidad de las Artes se forman buenos creadores. Pero no cree en los talleres. "La formación del actor es tan delicada que esos talleres de semanas o de 24 horas no son suficiente. 

A mí me encanta la enseñanza. Pero el trabajo del actor es un estudio constante, académico. Cada vez se hace más científico. No creo en los talleres de meses, porque juegas con mucho: el cuerpo, la voz". 


Una academia abatida. Además de la Escuela Nacional de Artes Escénicas César Rengifo, cuya duración de estudios es de dos años, son varios los institutos de formación teatral. 

Están la Escuela Municipal de Teatro Porfirio Rodríguez y el Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas. Pero son Unearte y la Escuela de Artes de la UCV las que ofrecen licenciatura. Una con un perfil más práctico y la segunda, más teórico. 

La Universidad de las Artes, creada a partir de la conjunción de cuatro institutos, ofrece Teatro, en sus menciones Actuación, Dirección Teatral, Diseño Teatral, Dramaturgia, Gerencia y Producción Teatral; además de las correspondientes a Técnico Superior. 

El director Orlando Arocha es uno de los profesores de la UCV. Su perspectiva de la educación es pesimista. "Yo veo el ambiente muy mal. Las universidades han sido acosadas, hay problemas económicos graves que terminan influyendo en la formación. A veces me cuesta conseguir un simple video beam para dar una clase. Creo que en Venezuela se ha perdido la noción de importancia de la formación. El país les dice a los jóvenes que no hace falta eso. Es gravísimo. Hay una especie de abatimiento intelectual. Es terrible, porque el artista es un intelectual. Creo que hay lugares, pero carecen de una metodología y unidad en el pensamiento pedagógico en el teatro". 


Los talleres y los jóvenes. Expresión corporal, dirección, dramaturgia, el cuerpo creador y actuación son algunos de los talleres que dictan agrupaciones como Skena, con Armando Álvarez; Grupo Actoral 80, con Héctor Manrique y Daniel Rodríguez; Rajatabla y el Taller Nacional de Teatro; o el Celarg, donde participan directores como Dairo Piñeres y Gregorio Magdaleno. 

De estas iniciativas han salido jóvenes creadores que han dado pruebas de su talento. 

Uno de ellos es Leonardo van Schermbeek, ganador del primer Festival de Jóvenes Directores del Trasnocho Cultural. 

Inició su formación en las aulas del grupo El Chichón de la UCV, la continuó en el Teatro UCAB y la Fundación Medatia, y después realizó los talleres de Tumbarrancho Teatro con Karin Valecillos y Giovanni García. 

"Uno tiene que ser muy incisivo y delicado con el taller que escoge y con la persona que lo dicte. El aprendizaje depende en 50% del profesor y la otra mitad de uno; de cómo se aprovechan las herramientas en la práctica". 

El también actor agrega: "Yo conseguí mis espacios. Los talleres te ayudan porque la gente ve tu trabajo. Debes saber conectarte".