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El arte es testimonio de la inmensa soledad del hombre

La obra de Tiscorni dialoga con la de Porter en piezas elaboradas en conjunto | Foto: Manuel Sardá

La obra de Tiscorni dialoga con la de Porter en piezas elaboradas en conjunto | Foto: Manuel Sardá

La reconocida artista argentina Liliana Porter comparte sala con la uruguaya Ana Tiscornia en una exposición que incluye pintura, instalación y fotografía

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Ruth Auerback define la propuesta expositiva como historias que se narran en complicidad. Ese momento en el que el constructivismo y los lenguajes arquitectónicos se encuentran con un repertorio de arte y cultura pop para dar origen a nuevos testimonios sobre el ser humano, sus desplazamientos y su soledad.

La curadora realizó una selección de una veintena de piezas de las artistas Liliana Porter (Argentina) y Ana Tiscornia (Uruguay) en las que la pintura, fotografía, instalación y dibujo reinterpretan el espacio.

Relatos cómplices es la exposición que fue inaugurada recientemente en la Galería Beatriz Gil y se presenta al público, curadores, investigadores y artistas como una posibilidad de dialogar con tendencias que tienen resonancia en el exterior. La muestra clausurará el 15 de mayo.

La obra de Porter no se presentaba en el país desde principios de los setenta. En 1969 la creadora argentina presentó una instalación en el Museo de Bellas Artes, luego volvió en otras dos ocasiones. En este reencuentro las nuevas generaciones y antiguos conocedores formaron parte de su universo, en el que un reloj se parte y que incluye pequeñas figuras de personajes como Mickey o Pinocho, perros y obreros, policías y Elvis Presley. “Liliana tiene un sentido del humor particular y va especulando entre la verdad y la ficción, en una línea poética y a la vez absurda. Ves a un muñequito mínimo en la inmensidad. Hay algo de dramático”, explica Auerback.

En el caso de Tiscornia el relato es otro. Elabora plantas de casas modernistas y las superpone en una dualidad entre la construcción y la ruina. En sus estructuras convergen la memoria, la historia y el tiempo. “Existe allí una conciencia social profunda, porque maneja la idea del desplazamiento, de la gente que se ha tenido que ir y quedan las casas abandonadas, en la ruina. Hay fisuras visuales que es su estrategia de trabajo”, continúa la curadora.

Relatos cómplices incluye un tercer elemento expositivo: piezas creadas por las artistas en conjunto. Los discursos personales interactúan y desarrollan una nueva ficción. Así las figuras de una penetran los vacíos de la otra. Un pequeño hombre pinta de blanco una edificación demasiado grande para él, un viajero se aleja de la casa sin saber a dónde va.

“Aunque tenemos muchos años viviendo en Nueva York, no hemos perdido nunca el vínculo con nuestros países y nos interesa la temática ligada a su historia, estar en contacto porque de alguna manera uno la comparte. Cuando estás fuera te relacionas con mucha más intensidad con tu lugar de origen”, afirma Tiscorni.