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El arte se expresa sin condición especial

Los protagonistas de Sueño Down hacen teatro desde 2008 | Foto Cortesía Ignacio Márquez

Los protagonistas de Sueño Down hacen teatro desde 2008 | Foto Cortesía Ignacio Márquez

Con ocasión del Día Internacional del Síndrome de Down, que se celebra mañana, directores de cine, teatro y televisión destacan las habilidades de los actores que nacieron con un cromosoma de más

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Camilo Ernesto de Jesús lleva el talento en sus genes. Haber nacido con un cromosoma extra no ha sido un problema para él. Por el contrario, ha acentuado su sensibilidad por el arte, su capacidad de memoria y su disciplina a la hora de subir al escenario para interpretarse a sí mismo en la obra ¿A quién le importa?

Su madre, Paola Sabogal, escribió la pieza; su padre, Armando Lozada, la dirige. Es una familia de artistas. Camilo ha crecido entre telones y butacas, pero también entre señalamientos y tabúes, esos que rompe cada vez que él y el resto de sus compañeros con síndrome de Down demuestran que para ser actor solo hace falta voluntad y entrega.

La pieza se presentará de nuevo a propósito del Día Internacional del Síndrome de Down, que se celebra mañana. La función será el domingo, en la sala José Félix Ribas del Teatro Teresa Carreño. Se centra en la historia de una actriz de 40 años de edad en decadencia, que logra resurgir gracias a su asistente, una joven especial que intenta romper con los estereotipos de belleza interpretada por Dayhira Navas.

“Las personas con esta condición no deben ser vistas como objeto de estudio, sino como sujetos activos de la sociedad”, afirma Lozada, haciendo énfasis en el arte como medio de liberación emocional para estos actores, cuya sensibilidad es tal que en las escenas de romance se terminan enamorando de verdad. “Hemos tenido que rotar el elenco por esa razón, pero eso demuestra la entrega que tienen los muchachos”.

No son especiales por su condición, sino por su talento. Buena memoria y organización son las habilidades que reconoce Lozada en los artistas con síndrome de Down, para los que pide una mayor inclusión. “La ley estipula que 5% de la nómina de una empresa debe estar integrada por personas con condiciones especiales. Esto no se ve tanto en la cultura”, indica.

La escritora Mónica Montañés reafirma la competitividad de estos intérpretes. En 2006, con el estreno de Voltea pa’ que te enamores, Héctor Zambrano se convirtió en el primer joven con síndrome de Down que participaba en una telenovela venezolana. Su carisma también se vio en ¿Vieja yo? y Harina de otro costal.

“Hicimos una especie de casting en FundaDown, una institución que inserta a estas personas en el campo laboral. Muchos de ellos querían trabajar en medios, pero la fundación sabía que era difícil, por eso se emocionaron mucho cuando llegó esta posibilidad”, recuerda Montañés, quien procuró darle un aire cómico al personaje de Zambrano. “En la novela no se menciona que es un muchacho especial. Queríamos reflejarlo como una persona socialmente activa y como el echador de broma que es en la vida real”.

La escritora considera que estos papeles, aparte de abrir una ventana a las minorías, hacen que estos jóvenes refuercen su autoestima. “Héctor era introvertido, pero con un humor negro muy rico. Su participación en la telenovela le hizo ganar seguridad”.

Su madre, Grecia Yanes, estaba escéptica al principio. “Tenía mucho miedo de cómo lo iban a aceptar en la televisión, que es un medio tan difícil. Sin embargo, la integración fue inmediata. Dejaban que improvisara, maduró muchísimo. A veces a uno que otro técnico se le escapaba referirse a él como ‘mongólico’, eso me partía el corazón. Sé que lo hacían de manera inconsciente, pero hace falta educar a la gente”.

La gran pantalla también ha sido un terreno ganado. Ignacio Márquez dirigió el cortometraje Sueño Down, en el que busca internarse en la mente de estas personas. Quedó sorprendido con el talento de Carlos García de Castro y Alberto Sasson González, protagonistas del filme con los que hacía teatro desde 2008. “Es usual escribir un guión y luego buscar a los actores, pero en este caso fue a la inversa. Yo tenía a los actores y el reto fue escribir algo que estuviera a la altura de ellos”.

En el cortometraje, Márquez se vale de los efectos especiales para ilustrar la visión lúdica con la que conciben la realidad las personas con síndrome de Down. “Ven el mundo con otros ojos, que muchas veces anulamos o inhibimos. Siempre muestran disposición al juego y eso es lo que los define como actores en potencia”.

Papita, maní, tostón, la película más taquillera de la historia del cine nacional, cuenta con la participación de Orlando Ruggiero. Luis Carlos Hueck, su director, nunca había trabajado con una persona con condición especial. “Pensé que iba a necesitar ayuda para dirigirlo, pero no fue así. Ensayábamos sus líneas en la mañana solo él y yo. Se emocionaba mucho cada vez que estaba frente a la cámara”.

La experiencia fue tan positiva que piensa incluirlo en la segunda parte de la cinta, en la que Ruggiero explotará su potencial de nadador olímpico.


Talento global
Las habilidades de los actores con síndrome de Down son reconocidos en el mundo. El español Pablo Pineda fue galardonado con la Concha de Plata al Mejor Actor en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián de 2009 por su participación en la película Yo, también, por la que además fue nominado al Premio Goya como Mejor Actor Revelación.

Lauren Potter es la actriz que interpreta a Becky Jackson en Glee, una astuta porrista que se vuelve cómplice de la entrenadora del instituto, Sue Silvestre.

Jamie Brewer es una intérprete recurrente en las temporadas de American Horror Story.