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“Al arte no lo detiene ningún gobierno”

Henrique Faría, promotor cultural / Foto Cortesía

Henrique Faría, promotor cultural / Foto Cortesía

El promotor cultural Henrique Faría dice que la situación que vive Venezuela fue la razón fundamental que condujo a cerrar en enero la galería Faría+Fábregas. Desde Nueva York, donde dirige un espacio expositivo homónimo, asegura que seguirá trabajando para promover el trabajo de los artistas del país

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Henrique Faría asegura que durante dos años reflexionó sobre la idea de cerrar la galería Faría+Fábregas, que dirigía en Venezuela junto con Ana Teresa Fábregas. Aunque intentaron sostener el proyecto, que iniciaron en 2007, la situación del país les hizo insostenible continuar con él y en enero anunciaron el cierre del espacio.

"Hicimos todo lo posible por capear la tormenta. Amén de vivir en cuerpo propio la inseguridad y el desabastecimiento, tuvimos ganas de seguir con el proyecto hasta la última gota, pero llegó un momento en que la supervivencia se hizo insostenible y tuvimos que ponerle punto final al capítulo", expresa.

El promotor cultural señala que, a pesar de la pérdida de la sala en la capital, hará todo lo posible por mantener la labor de promoción y difusión de los artistas nacionales. Por los momentos, impulsará los trabajos de los creadores desde el extranjero en la galería homónima que dirige en la ciudad de Nueva York.

"Afortunadamente, el arte rompe barreras y borra fronteras, por eso hemos decidido darle más fuerza a Henrique Faria Fine Art como posible centro de operaciones para la internacionalización de los trabajos de los artistas venezolanos con quienes trabajábamos en Caracas. Este nuevo camino ya se está pavimentando con individuales de creadores como Alessandro Balteo Yazbeck, Luis Molina-Pantin, José Gabriel Fernández y Emilia Azcárate", agrega.

—¿Cuáles fueron los factores fundamentales que lo llevaron a tomar la decisión de cerrar la galería Faría+Fábregas?

—La situación actual por la que atraviesa Venezuela fue la razón fundamental que nos condujo a cerrar la galería. La inestabilidad política y económica que se vive en el país no permitía que el programa internacional de exposiciones, espina dorsal del proyecto, pudiera continuar. Otro factor determinante en el cierre de Faría+Fábregas fue la aterrorizante inseguridad que se vive en todo el país. Bajo ese clima de terror e impunidad no se puede trabajar en paz y con transparencia. Las puertas de la galería siempre estuvieron abiertas al público general y en medio de la situación actual, en la que la integridad física de los ciudadanos no parece ser prioridad del gobierno, no podíamos ofrecer un ambiente seguro a los visitantes. Siendo personas responsables y respetuosas de la vida humana, decidimos bajar la santamaría y guardar el proyecto hasta nuevo aviso.

—¿Se hicieron cuesta arriba las exposiciones? ¿Conseguir los materiales, el balance de los costos?

—En un país donde se produce muy poco y en el cual es difícil importar y exportar obras de arte, llevar adelante un proyecto expositivo con fuerte presencia de artistas internacionales resulta sumamente complejo. Los costos de producción y transporte inherentes a las muestras que venían de afuera alcanzaron valores inmanejables y no podíamos garantizar el nivel de excelencia en las exhibiciones que habíamos venido desplegando y nos vimos forzados a optar por una salida digna para todos lo que de una u otra forma estaban relacionados con la galería.

—El cierre de un espacio dedicado a la promoción del talento venezolano y su contacto con artistas del extranjero es una pérdida para el circuito de galerías. ¿Considera que, debido a la situación del país, otros centros expositivos podrían cerrar?

—No soy quién para hablar por ninguno de nuestros colegas. Cuando se cierra un espacio expositivo muere un pedacito del sistema cultural que evidentemente afecta el parque local de galerías y la producción artística del país. He tenido la oportunidad de conversar sobre el tema con algunos galeristas, artistas y coleccionistas y la posibilidad de que sigan cerrando espacios que se dedican a la promoción y venta de arte está latente. Prueba de ello es la reciente desaparición de Periférico Caracas. No me extrañaría para nada que antes del cierre de este año otros espacios cierren o se transformen en modelos más factibles de operar. Migrar a otro país es siempre una tarea dura y difícil. Afortunadamente, la bandera del arte no conoce fronteras y abre caminos en su ondear.

—Los artistas que pertenecían a Faría+Fábregas tienen una ventana de promoción desde su galería en Nueva York, pero qué pasa con el talento nuevo, que necesita una plataforma de difusión dentro del país.

—No pretendemos cerrarnos a las posibilidades de seguir trabajando con artistas venezolanos. Tenemos un compromiso con la cultura nacional y vamos a seguir haciendo "guerrilla" a través del arte. Apoyamos al talento nuevo en Venezuela al ser clientes de galerías como Oficina #1, que es un espacio que viene dedicándose desde hace muchos años a apoyar y difundir el trabajo de talentos noveles. Hay otros como la Sala Mendoza y la Colección Mercantil que les dan cabida a los jóvenes en sus respectivos calendarios de exposiciones. La creación de plataformas independientes es una realidad en el país. Prueba de ello son colectivos como El Apartaco, en Caracas, o Bellavista Space, en Margarita. Los jóvenes tienen ganas de hacer cosas nuevas y la energía necesaria para lograrlo. Siempre hay caminos para surgir y promover el arte. A falta de museos y espacios alternativos, existe la calle y el espacio abierto. Al arte no lo detiene ningún gobierno.

—¿Qué dicen en el extranjero de la escena actual del arte venezolano?

—Para los que conocieron los años dorados del arte y la escena artística venezolana, la situación actual es motivo de profunda tristeza y añoranza. El coleccionismo venezolano era ejemplo en el mundo. La apertura de criterios a la hora de seleccionar fue admirada a nivel internacional. Es impresionante ver y sentir cómo Venezuela se ha convertido en un país cuya producción artística nos importa a muy pocos. Muchos hablan del deterioro de las infraestructuras museísticas. Es por todos conocido que los museos de la Venezuela de hoy nada tienen que ver con los de la década de los setenta. La calidad y variedad de las exposiciones que se presentan en el país ha disminuido considerablemente, hasta llegar a niveles muy cuestionables. En resumidas cuentas, la situación cultural nacional atraviesa por un mal momento y muchos esperan que retome el curso que tuvo cuando Venezuela era el llamado secreto mejor guardado del Caribe. Por esa preocupación y por lo que se avecina en términos culturales en el país fue que hicimos una exposición homónima y otra que se tituló País en vilo, muestra que marcó definitivamente el cierre de nuestro espacio en Caracas.

—¿Qué lo motivó a irse del país y abrir una galería de arte en Nueva York en 2002? ¿Fue quizá la misma razón que impulsó el cierre de Faría+Fábregas?

—He vivido dentro y fuera de Venezuela desde que tenía 11 años de edad. En 1997 Milagros Maldonado me invitó a dirigir su galería en Nueva York. Trabajé con ella hasta 2002, cuando surgió la oportunidad de abrirme paso por mi propia cuenta y decidí agarrar ese toro por los cachos; así nació lo que hoy en día es Henrique Faria Fine Art. Es un espacio que sigue de alguna manera ligado al medio artístico venezolano y que se ramifica con una sede en Buenos Aires que se llamará Henrique Faria Buenos Aires.

—¿En un futuro cercano pensaría volver a invertir en el país?

—Nunca he dejado de invertir en Venezuela. Eché raíces en esta tierra de gracia desde el día en que llegué a este mundo. Sigo siendo parte activa de la cultura y la vida diaria del país. Hablo con mis padres todos los días de mi vida, por una u otra vía, y la conexión con los olores, sabores y amores de mi nación está abierta. El espacio físico de Faría+Fábregas se cerró por ahora, pero las raíces están por toda la ciudad y viven en la memoria de aquellos que de una u otra forma apoyaron nuestro proyecto. No me planteo la posibilidad de irme de Venezuela. El país vive dentro de mí.

—¿A qué artistas venezolanos apoyará en la galería de Nueva York durante este año? ¿Cuáles son los planes?

—Vamos a seguir trabajando con Emilia Azcárate, Luis Molina-Pantin, Alessandro Balteo Yazbeck, Yeni & Nan, Carlos Castillo, Pedro Terán, Héctor Fuenmayor y otros tantos. Sentimos la necesidad de seguir en la lucha por promover y comercializar el arte que se produce en nuestro país. Culminaremos el año con dos individuales en la galería de Nueva York. Vamos a exhibir obras históricas de Harry Abend y Pedro Tagliafico. Tenemos planes de presentar en Miami una muestra de artistas venezolanos desde la perspectiva de su visión sobre la situación que viven el arte y la cultura de Venezuela. Vamos a seguir haciendo guerrilla por el arte, literalmente, hasta la última gota de sangre.