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El arte de adoptar máscaras es una enseñanza permanente

La promoción María Teresa Castillo de la Escuela Juana Sujo se graduó con el montaje de la pieza Vestido de novia / Cortesía Escuela Juana Sujo

La promoción María Teresa Castillo de la Escuela Juana Sujo se graduó con el montaje de la pieza Vestido de novia / Cortesía Escuela Juana Sujo

Universidades y escuelas capitalinas amplían su oferta académica para formar a los futuros teatreros

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A lo largo de los años el teatro –y la cultura– ha ganado y perdido espacios. Crisis económicas que parecen permanentes, apoyo y abandono del Estado, intercambios, pero sobre todo enseñanza, han sido parte de su historia. La formación teatral no es novedad, pero se ha nutrido con las experiencias.

Escuelas como el Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas, la Juana Sujo y el Centro Integral de Capacitación Actoral de Karl Hoffmann –de creación más reciente–, además de talleres que dictan agrupaciones como el TET, Skena, Hebu Teatro, el Grupo Actoral 80, el Grupo Bagazos, Teatro del Contrajuego, Séptimo Piso y otros tantos, han absorbido a jóvenes ávidos de perfeccionar sus talentos, gobernar sus energías y continuar aprendiendo.

La formación se ha diversificado, ha llegado a las universidades y a festivales como Crea Joven, organizado por Séptimo Piso, que busca dar a conocer el trabajo de los actores noveles. Sus herramientas ayudan a inexpertos y avanzados y alimentan el idilio de los estudiantes con el arte; sin embargo, todas esas iniciativas necesitan un apoyo constante para no caer en el desamparo.

La licenciatura. No sólo lo han hecho festivales. Las universidades también se han dedicado a promover la formación teatral. La UCV cuenta con su Escuela de Artes, que ofrece a los estudiantes la posibilidad de diversificarse en las menciones Cinematográfica, Escénica, Plástica, Música o Promoción Cultural.

En la antigua sede del Ateneo de Caracas, la confluencia de cuatro institutos dio origen a la Universidad Experimental de las Artes, que ofrece la carrera de Teatro. “Una de las cosas buenas que tiene es que es una institución que está naciendo. Eso te da la oportunidad de formar un pénsum, que comienza el año que viene y que se adapta a la sociedad y a los nuevos mercados de trabajo. Por ejemplo, se incluyó actuación para medios audiovisuales, porque sabemos que el espectro tiene que ser amplio”, afirma Dairo Piñeres, que dicta la materia de Dirección.

Unearte también ofrece cinco menciones: Actuación, Diseño Escenográfico, Producción, Dirección y Dramaturgia. El profesor señala que existe una gran demanda y que se han esforzado para brindar calidad en la enseñanza y dignificar el teatro: “No queremos que sea considerado un hobbie, sino una profesión; eso no está afincado en la sociedad todavía”.

Tradición en el olvido. En los años cincuenta, la actriz de origen argentino que fue pionera del teatro contemporáneo en Venezuela, Juana Sujo, fundó una escuela que hoy lleva su nombre. Incluye una carrera para actores y este año ofreció 10 talleres. Además, presentó 16 piezas, entre ellas Vestido de novia del brasileño Nelson Rodrigues, escenificada por la Promoción María Teresa Castillo.

A pesar de sus logros, la institución sobrevive en una infraestructura deteriorada, que demanda una remodelación urgente. “No hay manera de que nos oigan. Es una construcción muy vieja que iba a ser una sede provisional. Antes de eso estábamos en el Teatro Nacional y fuimos desalojados. Se creía que la escuela cerraría cuando Juana Sujo murió, pero no fue así. Aquí nos quedamos. Pero necesitamos ayuda. Contamos con tres salones que no nos alcanzan para los estudiantes. Además, tenemos problemas de electricidad, plomería y albañilería. Es una escuela sin fines de lucro y el poco subsidio se utiliza para pagar los honorarios de los profesores. No tenemos dinero para hacer reparaciones y todo se acumula. La situación es grave”, denuncia Andrés Martínez, su director desde 1983. Agrega que han dirigido cartas a la Asamblea Nacional: “En otra época uno por lo menos recibía respuesta. Ahora hay un silencio que nos angustia”.

Amor juvenil. Una de las egresadas del CICA, que dirige Hoffmann, es Andreína Ocque, que además ha participado en varios talleres. Gracias a ello ha participado en obras como Fabricantes de sueños y Necesito un chal, que tuvo temporadas en Teatrex y el Teatro Santa Fe.

“La gente no se imagina el amor que hay por el teatro. Los alumnos se esfuerzan por participar en un montaje. Uno a veces dice: ‘No ganamos un carrizo, pero cómo gozamos’. A pesar de que tenemos espacios, hemos perdido otros beneficios. Antes los actores viajaban más, apoyados por el Estado. Yo no he tenido la oportunidad de hacer intercambios culturales”, cuenta.

La actriz Diana Volpe –que regresó de Barcelona, España, donde presentó La fiesta durante una temporada, en la Sala Beckett– se ha dedicado a la docencia: “Siempre ha habido una gran preocupación por el trabajo actoral y quizás ahora más que nunca, porque existe una generación que entiende la necesidad de seguir”.

La cifra

63 años de fundada tiene la Escuela Superior de Artes Escénicas Juana Sujo. A pesar de su historia, en la infraestructura en la que conviven alumnos y profesores son evidentes los estragos del tiempo sin que ningún ente haya hecho nada al respecto